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Museo Británico, tesoros de la antigüedad
 
 
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 UN CRISOL DE CULTURAS PRETÉRITAS
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Fragmento de la puerta de bronce del palacio del rey asirio Salmanasar III en Balawat (Museo Británico).

El Museo Británico (British Museum), cuya sede se encuentra en la ciudad de Londres, es una de las galerías nacionales más distinguidas del mundo, además de ser uno de los museos más visitados del planeta, con cerca de 6 millones de visitantes registrados en el curso 2008-2009. Sus colecciones abarcan varios ámbitos del conocimiento humano, como la historia, la arqueología, la etnografía y el arte.

UN EXTENSO ACERVO EN DIEZ DEPARTAMENTOS
Creado en 1753, en la actualidad alberga ocho millones de objetos procedentes de todos los continentes, aunque la mayoría se encuentran archivados para su estudio y restauración, o bien están en depósito por falta de espacio para exhibirlos. El objeto más antiguo de todos ellos es una piedra tallada procedente de Olduvai (Tanzania), que data de hace unos dos millones de años.

El Museo Británico está dividido en diez departamentos, principalmente de antigüedades y objetos etnográficos: África, Oceanía y América; Antiguo Egipto y Sudán; Asia; Monedas y medallas; Conservación y ciencia; Grecia y Roma; Oriente Medio; Antigüedades móviles; Reino Unido, Europa y prehistoria; y, por último, Grabados y dibujos.


UNA SEDE ESPECTACULAR
El museo se encuentra en la calle Great Russell, en un gran edifico neoclásico proyectado por Robert Smirke, dotado de una sala de lectura circular. En su fachada principal, en el frontón, se instaló un conjunto escultórico del escultor británico Richard Westmacott. Esta enorme construcción ha sido ampliada varias veces: la última ampliación, una de las más ambiciosas, fue en el año 2000, a cargo del arquitecto Norman Foster. Hoy, el conjunto del museo posee una extensión de 75.000 m2, el equivalente a nueve campos de fútbol.

UN CENTRO CULTURAL PÚBLICO
La institución es pública y su acceso, gratuito. Esto permite que el museo ayude al libre conocimiento de las distintas culturas humanas y, a pesar de sus diferencias, fomente el compromiso mutuo entre los distintos pueblos y favorezca el estudio de sus creaciones culturales. El Museo Británico está patrocinado por el Departamento de Cultura, Medios de Comunicación y Deporte a través de un acuerdo de financiación de tres años. Además, está gobernado por una junta de 25 fideicomisarios, encargados de la dirección general y el control del museo, además de nombrar al director.

LAS JOYAS DE LA CORONA
Explorar el acervo del Museo Británico supone admirar una infinidad de antigüedades que son absolutos iconos dentro de sus períodos históricos. Sin duda, las antigüedades egipcias son algunas de las que generan una mayor expectación entre los visitantes por su celebridad y magnificencia. Quizás la pieza más legendaria sea la piedra de Rosetta, una gran estela de granito negro que data del 196 a.C. Fue hallada en 1799 en el delta del Nilo por las tropas napoleónicas y después tomada por el ejército británico. La piedra reproduce un decreto en tres escrituras (jeroglífica, demótica y griega), lo que permitió descifrar la hasta entonces ininteligible escritura jeroglífica egipcia.

También resulta espectacular el busto monumental del faraón Ramsés II, un fragmento de una estatua egipcia de granito procedente de un templo de Tebas y fechada en 1250 a.C. Con un peso de siete toneladas, fue llevada a Londres por Giovanni Battista Belzoni. Esta pieza fue la primera escultura egipcia reconocida por expertos del siglo XIX como una obra de arte, entre ellos el poeta Percy Bysshe Shelley, quien le dedicó un famoso soneto. También brillan los idealizados y minuciosos frescos de la tumba del funcionario egipcio Nebamón, del 1350 a.C., hoy agrupados en una única sala.


LA MONUMENTALIDAD GRIEGA
En la cúspide del patrimonio griego, se encuentran los mármoles del Partenón, también conocidos como los mármoles de Elgin, bautizados con el nombre de su donante, Thomas Bruce, conde de Elgin and Kincardine. El conjunto, datado en el siglo V a.C., supone una gran parte del total de frisos y estatuas que adornaban el Partenón de la Acrópolis de Atenas. El resto se encuentra en el Museo de la Acrópolis de Atenas y en otros museos. Sobre estas piezas se ha creado una gran polémica entre los gobiernos de Atenas y Londres. Los griegos consideran que fueron expoliadas durante la dominación otomana a base de sobornos y que deberían ser devueltas a Grecia, algo que rechaza Reino Unido al considerar que están protegidas por sus leyes, ya que la venta fue legal.

LAS VASIJAS ROMANAS
También destacan por su suntuosidad las numerosas vasijas romanas, como la vasija Portland, un cáliz fechado ente los años 5 y 25 d.C. que es uno de los máximos exponentes romanos de la técnica del vidrio de camafeo. En este bello objeto se representa la boda de los padres de Aquiles, Peleo y Tetis. Otra muestra interesante es la copa Warren, un recipiente de plata también del siglo I d.C. que es único por estar decorado con representaciones homoeróticas y por su elevada calidad y técnica orfebre. Por último, destaca la vasija de Townley, un recipiente del siglo II d.C. realizado en mármol que representa escenas en honor al dios Baco.

TESOROS DE ORIENTE MEDIO
De Oriente Medio proceden los tesoros del siglo IX a.C. de la antigua ciudad asiria de Nimrud, como los relieves de los palacios reales, unas grandes lápidas que recubrían las paredes y plasmaban las hazañas del monarca o la vida en la corte. Además, se halla el león alado, o lamassu, de Nimrud, una estatua de tres metros procedente de la sala del trono de Assurbanipal II. Procedentes de la ciudad sumeria de Ur, en el museo también se encuentran dos joyas datadas alrededor del 2500 a.C.: el estandarte y el carnero de Ur. La primera es una enigmática caja trapezoidal de madera, con incrustaciones a base de piedra caliza de color rojo, conchas y lapislázuli, que reproduce escenas de la vida pública de un monarca sumerio. La segunda es una pequeña y policromada estatua que representa a una cabra realizada en oro, plata y lapislázuli.

OTRAS PIEZAS IMPORTANTES
De la colección de arte medieval, destaca un ajedrez fechado entre 1150 y 1200, hallado en la isla británica de Lewis. Este conjunto de piezas constituye el grupo más grande conservado de objetos medievales realizados para fines recreativos. También destaca, en la sala de Oceanía, un espectacular moai, una de las esculturas en piedra volcánica de gran tamaño, con forma de busto humano, que pueblan la isla de Pascua. En cuanto al arte precolombino, una de las joyas es un pectoral azteca de los siglos XV-XVI, hecho con un mosaico de turquesas con la forma de una serpiente de dos cabezas.

LOS ORÍGENES DEL MUSEO
El Museo Británico surgió en el marco de la Ilustración europea, un movimiento intelectual que propugnaba una nueva concepción racionalista del mundo, alimentada por el desarrollo de la investigación científica y el juicio crítico. Este enfoque se comenzó a aplicar en el ámbito del estudio de las civilizaciones de la antigüedad y provocó un auge del coleccionismo de piezas arqueológicas, sobre todo a partir de los descubrimientos de Pompeya y Halicarnaso.

En este siglo, en Francia, Reino Unido o España, se produjo un cambio respecto al coleccionismo tradicional: pasó de ser una forma de ostentación de poder a un vehículo para exaltar el patrimonio nacional de un país con una clara vocación pedagógica. Gracias a esta evolución, nacieron los museos nacionales públicos con voluntad de ser aulas de lecciones históricas. Estos museos suponían que el Estado se otorgaba responsabilidades en la conservación y la propagación del acervo cultural, algo verdaderamente revolucionario respecto al elitismo tradicional que había rodeado al coleccionismo en épocas pasadas.


LA COLECCIÓN DE HANS SLOANE
El primer museo público nacional fue el Museo Británico, que se creó en 1753 cuando el Parlamento británico se hizo con 80.000 artículos procedentes de la colección privada del médico y naturalista Hans Sloane. La colección incluía libros y manuscritos sobre historia natural, ciencias naturales y medicina, cuadros de Alberto Durero y antigüedades de todo el mundo, obtenidas gracias a sus viajes a Jamaica y a numerosas adquisiciones en distintos mercados. Fue inaugurado en su primera sede, Montagu House, una mansión en Bloomsbury del siglo XVI, el 15 de enero de 1759, con acceso libre aunque restringido. La gran novedad del museo es que mostraba las colecciones como objetos individualizados y diferenciados en espacios separados por especialidades, para así facilitar su estudio y análisis.

LAS GRANDES ADQUISICIONES
En 1772, el fondo del Británico aumentó de forma considerable gracias a la compra de las obras de la colección de antigüedades del embajador británico en Nápoles William Hamilton, que incluía piezas de Grecia y Roma, sobre todo vasijas de gran perfección. Otros objetos notables adquiridos fueron las piezas etnográficas obtenidas por el capitán James Cook durante sus viajes por el Pacífico (1767–1770).

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, el fracaso de la expedición de Napoleón en Egipto facilitó que el Museo Británico se hiciera con una gran cantidad de antigüedades egipcias, entre ellas la citada piedra de Rosetta. Las aportaciones egipcias continuaron con las excavaciones ordenadas por el cónsul general británico en El Cairo, Henry Salt. También se añadieron muchas esculturas griegas, como los mármoles de Elgin en 1816. En la década de 1850, llegaron las primeras esculturas de piedra de la cultura mesopotámica, procedentes de las excavaciones de Nimrud.


LOS CAMBIOS DEL SIGLO XIX
Durante la segunda mitad del siglo XIX, se produjo un cambio en el tipo de adquisiciones a causa de la demanda de obras de patrimonio local por parte de los grupos arqueológicos. Dirigida por Augustus Wollaston Franks, comenzó a gestarse la sección de antigüedades británicas y medievales. Asimismo, en 1857 finalizó la construcción de la nueva (y todavía actual) sede. Además, en la década de 1880 se produjo la primera gran ruptura de la colección, cuando el material de historia natural se trasladó a un edificio separado en South Kensington para crear el Museo de Historia Natural.

DEL SIGLO XX A LA ACTUALIDAD
Durante el siglo XX tuvo lugar la reorganización de la colección del museo y la apertura de nuevas galerías. Además, se creó el primer laboratorio de investigación en 1920, con el objetivo de catalogar los objetos y ayudar a su restauración y conservación. En esta época tuvo lugar una serie de hallazgos arqueológicos muy importantes, como el cementerio real de Ur (1922) y el tesoro de Sutton Hoo (1938). En 1997 la colección se dividió de nuevo con el traslado de los fondos bibliotecarios a la Biblioteca Británica.

Una de las últimas actividades es la recogida de objetos contemporáneos, para así documentar los cambios sociales y culturales del mundo actual y crear vínculos con las obras del pasado. Debido a ello, se han adquirido más de doscientos álbumes de fotos japonesas de la época de la posguerra, obras de arte conmemorativas de hechos históricos y medallas de arte de destacados artistas internacionales.


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