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Parques nacionales, la naturaleza protegida
 
 
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 CONSERVANDO EL LEGADO NATURAL
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Parque nacional Canaima, en Venezuela.

Un parque nacional es un espacio natural de gran valor paisajístico, ecológico y cultural que apenas ha sido alterado por la actividad humana y que, a causa de sus estimables valores intrínsecos (como encarnar la riqueza natural propia de un cierto hábitat y poseer una evidente singularidad en su flora, fauna o formaciones geomorfológicas), merece que su conservación disponga de una atención preferente, por lo que se declara de interés general por la nación que lo contiene. Asimismo, es una categoría de área protegida contemplada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y se diferencia de otras figuras de protección (como reservas, monumentos o parques naturales) por poseer unos rasgos, objetivos, evolución y sistemas de protección propios, que se detallarán a continuación.

CARACTERÍSTICAS, OBJETIVOS Y AMENAZAS DE LOS PARQUES NACIONALES
Según la actual normativa vigente en España, un parque nacional debe cumplir los siguientes requisitos:

- Representación: debe encarnar de forma notoria las características del sistema natural al que pertenece.
- Extensión: tiene que poseer una superficie lo suficientemente grande como para permitir su desarrollo natural.
- Estado de conservación: en él deben predominar las condiciones de naturalidad y funcionalidad ecológica y se debe asegurar que la intervención humana sea mínima.
- Continuidad territorial: salvo excepciones debidamente justificadas, el territorio debe ser continuo, sin elementos de fragmentación que rompan la armonía de los ecosistemas.
- Asentamientos humanos: no se permitirá que se introduzcan núcleos urbanos habitados en su interior, salvo excepciones puntuales.
- Protección exterior: por último, tendrá que estar rodeado por un territorio susceptible de ser declarado como zona periférica de protección.

En cuanto a los objetivos de los parques nacionales, el principal es el de asegurar la conservación de sus valores naturales. Otro de los objetivos es conciliar de forma equilibrada las políticas de conservación con una gestión sostenible y óptima de su uso público. Asimismo, una tercera finalidad es asegurar que los parques nacionales puedan ser espacios propicios para el ejercicio de la investigación y el aumento del conocimiento científico. Por último, se debe promover que estas reservas naturales se conviertan en un motor para el desarrollo económico de las regiones que las contienen, ofreciendo una oferta alternativa de turismo ecológico. De hecho, el auge del ecoturismo es la razón principal del gran número de visitantes que reciben los parques cada año. Por ejemplo, en 2011 los parques nacionales españoles más visitados fueron Teide (2.731.484 personas), Picos de Europa (1.717.728) y Timanfaya (1.549.003).

Respecto a las amenazas que ponen en peligro la supervivencia de los parques actuales, pueden resumirse en dos factores: el cambio climático y la acción del hombre. El primero puede repercutir gravemente en la integridad de muchas especies cuyo comportamiento depende de un regular tránsito de las estaciones (caso de las especies que cambian de pelaje para camuflarse en invierno, un arma que puede resultar inútil si se retrasa la llegada del frío). El segundo puede provocar graves efectos como la escasez de agua (monopolizada por el consumo humano), los casos de contaminación causados por explotaciones agrarias intensivas o los graves desastres ecológicos provocados por accidentes, como los de la ruptura de la presa de Aznalcóllar en 1998 o el vertido del petrolero Prestige de 2002.


PANORAMA HISTÓRICO DE LOS PARQUES NACIONALES
Los parques nacionales nacieron en el s. XIX fruto de una coyuntura cultural y científica muy concreta: la admiración de los autores románticos por la magnitud de la naturaleza y su relación con el espíritu de las naciones, y el avance alcanzado en las ciencias naturales que se produjo en el período, con grandes nombres como Charles Robert Darwin o Alexander von Humboldt. A raíz de estos dos factores nació, sobre todo en el ámbito anglosajón, una tendencia a proteger los grandes monumentos naturales de los países, ya que estos representaban la riqueza de todo un pueblo y debían ser amparados para las siguientes generaciones. De esta manera, en 1872 el presidente estadounidense Ulysses Simpson Grant firmó la ley que permitió el nacimiento del primer parque nacional del mundo, Yellowstone, debido a su gran valor paisajístico y estético. No obstante, el verdadero promotor de las redes de parques nacionales fue otro presidente estadounidense, Theodore Roosevelt, quien entre 1901 y 1909 creó cinco parques nacionales, entre otras áreas protegidas. Para este mandatario, el parque nacional encarnaba los valores patrióticos (porque simbolizaban el esplendor de la nación) y democráticos (porque podrían ser disfrutados por todos los ciudadanos) que tanto anhelaba su país. Su modelo gozó de un gran éxito popular y fue adoptado por el resto de potencias, tendencia que se agudizó aún más tras la Segunda Guerra Mundial.

Con el avance de los conocimientos científicos del s. XX, sobre todo en materia de cambio climático y ecología, la noción de parque nacional se fue transformando y pasó de ser considerado un monumento nacional de recreo a un espacio que debía primar la conservación de su riqueza natural y promover la investigación. Así, el primer presidente de la Unesco, Julian Sorell Huxley, convocó en 1948 una cumbre internacional en Fontainebleau, en la que surgió la UICN, organismo que lucha por la conservación y la defensa de la naturaleza, y elabora una clasificación de categorías para administrar las áreas naturales protegidas. Posteriormente, germinaron otras redes internacionales como la Convención sobre Humedales de Importancia Internacional (Ramsar, 1971) y la lista del Patrimonio Natural Mundial, creada durante la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural (París, 1972).


UN PASEO POR LOS PARQUES MUNDIALES
Según el último informe elaborado en 2003 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la UICN, en el marco del V Congreso Mundial de Parques en Durban (la próxima cumbre se realizará en Sydney en 2014), hoy en día existen más de 100.000 áreas naturales protegidas en todo el mundo, que cubren una superficie total de 18,8 millones de km2 (un 12,65% del total del planeta). De todas ellas, más de 3.800 se consideran parques nacionales. A pesar de conformar un catálogo tan enorme y variado, existen algunos datos relativos a los parques mundiales que merecen ser reseñados.

Las regiones que poseen una mayor superficie declarada como parque nacional son el Caribe y Norteamérica. Asimismo, el parque nacional más extenso del mundo es el del noreste de Groenlandia, con una extensión de 972.000 km2. Por otro lado, el más visitado es el de las montañas Great Smoky, en Estados Unidos, con más de nueve millones de turistas al año. Respecto a los atractivos de los parques nacionales, cabe señalar el venezolano parque nacional Canaima, que posee la cascada más alta del mundo, el salto Ángel (979 m); el parque nacional Isla de Ellesmere, donde se encuentra Alert, el asentamiento humano permanente ubicado más al norte de la Tierra; el californiano parque nacional del Valle de la Muerte, considerado el lugar más tórrido de la Tierra (con una temperatura máxima de 58 ⁰C); el chileno parque nacional Rapa Nui, ubicado en Pascua, la isla habitada más remota de la Tierra; el tanzano parque nacional de Serengeti, que goza de una de las mayores y más variadas concentraciones de animales del mundo; o el argentino parque nacional de Los Glaciares, que goza de un enorme glaciar activo, el Perito Moreno.


LA CONSERVACIÓN DE LOS PARQUES ESPAÑOLES
En nuestro país, la primera Ley de Parques Nacionales fue aprobada el 8 de diciembre de 1916 gracias a la labor previa de ingenieros como Rafael Puig i Valls y políticos como Pedro José Pidal y Bernaldo de Quirós, marqués de Villaviciosa de Asturias, fervientes admiradores de la riqueza natural de España, además de personajes adelantados a su tiempo por su compromiso con la conservación ecológica. Todos ellos contribuyeron a que se creara esta primera ley que fue sancionada por el monarca Alfonso XIII. En 1918 surgieron los dos primeros parques nacionales españoles, el de la Montaña de Covadonga (posteriormente, de los Picos de Europa) y el de Ordesa (después, de Ordesa y Monte Perdido).

Entre 1954 y 1955, la Red de Parques Nacionales se vio ampliada por primera vez con tres nuevos parques: dos espacios canarios (Teide y Caldera de Taburiente) y uno catalán (Aigüestortes i Estany de Sant Maurici). En 1957, fue aprobada una nueva legislación, conocida como Ley de Montes, en la que por primera vez los factores ecológicos comenzaron a tener mayor importancia frente a los meramente históricos y paisajísticos. Esta ley fue perfeccionada en 1975 con la Ley de Espacios Naturales Protegidos. Posteriormente, la red se fue ampliando: Doñana (1969), Tablas de Daimiel (1973), Timanfaya (1974) y Garajonay (1981). En 1989 se promulgó la Ley 4/89, que clasificaba los espacios naturales protegidos y detallaba los objetivos de protección, conservación y promoción de cada uno. Con esta nueva ley, se proclamaron dos nuevos parques: Archipiélago de Cabrera (1991) y Cabañeros (1995).

Sin embargo, tras una sentencia emitida por el Tribunal Constitucional, en 1997 se promulgó la Ley 41/97, que establecía un régimen jurídico que atribuía la administración de los parques nacionales tanto a la administración general del Estado como a las comunidades autónomas. Mientras tanto, la lista de nuevos parques continuaba: Sierra Nevada (1999), Islas Atlánticas de Galicia (2002) y Monfragüe (2007). Por último, en 2007 se proclamó la ley actual sobre la gestión de los parques nacionales, la Ley 42/2007, que surgió por otra sentencia del Tribunal Constitucional que determinaba que la gestión ordinaria de los parques era competencia de las comunidades autónomas. Así, esta ley delimitaba un nuevo marco para la conservación de dichos parques que, respetando la competencia exclusiva de las comunidades autónomas, facilitaba el cumplimiento de unos objetivos generales del conjunto de la Red y de unos mecanismos de evaluación que garantizasen el óptimo estado de mantenimiento de las áreas protegidas.

En 2013 el Congreso aprobó la creación del parque nacional de la Sierra de Guadarrama, el decimoquinto de España. Los parques nacionales españoles conforman un variado patrimonio de riqueza natural, que incluye, entre otros sistemas naturales, espacios del vulcanismo reciente (Teide y Timanfaya), notorias extensiones de laurisilva (Garajonay), importantes conjuntos calizos (Picos de Europa), representaciones de la alta montaña mediterránea (Sierra Nevada), densas muestras de sistemas de bosque mediterráneo (Cabañeros), marismas y humedales (Doñana y Tablas de Daimiel) o extensiones mixtas marítimo-terrestres (Cabrera e Islas Atlánticas de Galicia).


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