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ENTENDER EL MUNDO/MONOGRÁFICOS
La cultura maya, el esplendor de Mesoamérica
 
 
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 ENTRE LA CIENCIA Y EL MISTERIO
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Reconstrucción de un fresco del yacimiento maya de Bonampak.

De todas las culturas precolombinas, la civilización maya ha sido una de las más fascinantes de la historia debido a la fastuosidad de sus yacimientos, sus proféticos calendarios, sus episodios históricos enigmáticos o sus extraños rituales con sacrificios humanos. No obstante, todos estos condicionantes sugestivos e inquietantes no deberían afectar al hecho de que se trató de una de las culturas de la antigüedad con un mayor desarrollo científico y tecnológico. De sus hallazgos sociales, lingüísticos, matemáticos y astronómicos se hablará a continuación.

LOS MAYAS: LA RIQUEZA DEL PERÍODO CLÁSICO
El período más brillante de la civilización maya, conocido como clásico, se desarrolló durante el primer milenio de nuestra era (300-900 d.C.) en los estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Chiapas y Tabasco, y en los departamentos guatemaltecos de Petén e Izabal, además del oeste de Honduras y Belice. Esta cultura recogió influencias notorias de los pueblos del norte y se fundamentó en una economía basada en la agricultura y el comercio. La sociedad maya era muy compleja y jerarquizada, y se erigía alrededor de un poder central que ejercía su dominio mediante la explotación de las comunidades agrarias, la extracción de excedentes y la recaudación de impuestos. Asimismo, al margen de las tareas agrícolas, existía una notable diversidad laboral que contemplaba actividades artesanales, comerciales y funcionariales.

Durante este período, se produjo un espectacular desarrollo tecnológico y de infraestructuras, ya que se construyeron grandes sistemas de regadío, drenaje y canales, edificaciones religiosas, extensas vías de comunicación, enormes observatorios astronómicos, etc. Todos ellos requirieron de una gran cantidad de mano de obra, dirigida por una dirección central, el halach uinic (“hombre verdadero”), el Señor o Jefe que era descendiente directo del fundador del clan y considerado una divinidad. De hecho, todas las manifestaciones sociales y culturales mayas estaban controladas por la religión. Así, los conocimientos científicos (arquitectura, arte, matemáticas, calendario, astronomía, escritura, etc.) estaban en manos de los sacerdotes, quienes así se aseguraban su posición de poder frente al pueblo. Este saber del mundo maya clásico fue prolijo en hallazgos, ya que fueron capaces de crear un sistema de escritura en estelas, edificios y códices, idearon una numeración vigesimal que contenía el número cero, establecieron un calendario de gran exactitud y calcularon con precisión las órbitas de los cuerpos celestes, entre otros descubrimientos.

Sin embargo, pese a este esplendor, alrededor del s. IX se produjo una situación de colapso y los mayas abandonaron sus actividades y las grandes metrópolis como Tikal, Palenque o Chichén Itzá fueron deshabitadas y quedaron enterradas por la espesura de la selva. Esto supuso la desaparición de la civilización maya que, en los siglos posteriores (hasta la llegada de los conquistadores españoles como Hernán Cortés y Francisco de Montejo), sobrevivió en clanes dispersos, poco habitados y escasamente desarrollados, a pesar de que conservaron tanto la lengua como algunas tradiciones. Las razones que se han dado a este colapso han sido muchas y todavía hoy ninguna se ha impuesto sobre las otras: guerras, epidemias, revueltas populares, crisis económicas, cambios climáticos, graves sequías, etc. No obstante, los descubrimientos arqueológicos posteriores, las crónicas escritas por los colonizadores españoles en el s. XVI y los códices mayas que sobrevivieron nos han permitido conocer algunas de las aportaciones del conocimiento maya clásico, que se detallarán seguidamente.


LA ESCRITURA MAYA: DESCIFRANDO EL ENIGMA
La escritura maya es el único sistema de escritura de todos los mesoamericanos que ha sido descifrado. Debido a su enigmática naturaleza, en un principio fue catalogada erróneamente de jeroglífica cuando, en verdad, es una combinación de signos ideográficos o logogramas complementados por un juego de glifos silábicos y fonéticos. Estos símbolos mayas, en forma de bloques, se leen a dos columnas, de izquierda a derecha y de arriba abajo, salvo los números, que se leen de abajo arriba. Las fuentes más valiosas de la escritura maya son los códices que se conservaron tras la masiva quema de textos y documentos que realizaron los españoles durante la conquista y posterior evangelización: el códice Peresiano, el códice Grolier, el códice Tro-Cortesiano y el códice de Dresde.

La primera interpretación que se dio a la escritura maya, y por tanto el primer alfabeto, la dio el obispo de Mérida, fray Diego de Landa, en su compendio de saber maya Relación de las cosas de Yucatán (1566). Debido a ello, se considera que dicha obra es la piedra de Rosetta de los mayas, ya que introdujo un glosario de sonidos y símbolos relacionados. No obstante, los errores de apreciación de Landa confundieron a los especialistas posteriores a la hora de leer los códices y glifos mayas. Esto le ocurrió en 1864 al descubridor del manuscrito de Landa, Charles Étienne Brasseur, quien interpretó de forma errónea el códice Tro-Cortesiano al seguir al pie de la letra el alfabeto de Landa. Ya en el s. XX, el estadounidense William Gates estableció que la escritura maya era ideográfica y, finalmente, el ruso Yuri Knórosov llegó a la conclusión de que estaba conformada por signos ideográficos y alfabético-silábicos combinados con otros fonéticos. Gracias a ello, pudo traducir todos los códices y sentó las bases de la interpretación moderna de la escritura maya.


LA MATEMÁTICA MAYA: LA NUMERACIÓN Y LA NOTACIÓN
Los aspectos más notorios de la matemática maya fueron sus desarrollados sistemas de numeración y notación. En concreto, algunas de sus principales aportaciones fueron la invención del cero como unidad aritmética y el uso de la ubicación de las cifras para otorgar el valor relativo a los números. Asimismo, el lenguaje matemático maya desarrolló palabras para designar cientos o miles de unidades, una numeración altísima en relación a otras antiguas civilizaciones.

El sistema de numeración maya fue vigesimal. Otorgaban una palabra simple a cada cifra hasta el número 19 (como, por ejemplo: hun para 1, caa para 2, ox para 3, etc.). Por su parte, los múltiplos de 20 se formaban añadiendo el término ka a la unidad vigésima (hun kal para 20, caa kal para 40, etc.). Asimismo, también tenían vocablos independientes para las potencias de 20 (bak para 202, pic para 203, calab para 204, etc.).

Respecto a la notación, los números se escribían de abajo arriba, con el valor numérico al pie de la columna. El punto representaba el 1 y la raya el 5. Combinando ambos signos, podían escribir hasta el número 19 (el 1 era un punto; el 2, dos puntos; el 3, tres puntos; el 4, cuatro puntos; el 5, una raya; el 6, un punto y una raya; el 7, dos puntos y una raya, etc.). Para hacer números mayores, combinaban esos signos colocando primero unidades y luego veintenas. Así, 25 se escribía con una raya (5 unidades) y un punto (signo de 1 = una veintena). Respecto al número cero, se empleaba el dibujo de un caracol, la concha de un molusco o una vaina.


LA ASTRONOMÍA Y LOS CALENDARIOS: FIJANDO EL MAPA CELESTE
A la vez que en las matemáticas, los mayas alcanzaron un gran avance en astronomía. Gracias a sus descubrimientos sobre la regularidad de los fenómenos cósmicos y a las certeras descripciones de los mismos, pudieron elaborar calendarios astronómicos de gran exactitud. Pese a todo, algunas interpretaciones que extrajeron de su lectura se alejaron de lo científico, ya que estuvieron dominadas por la astrología, la mitología y la adivinación. Asimismo, a pesar de que algunos calendarios se usaron con fines agrarios o administrativos, la mayor parte de ellos dependían de la estructura mágico-religiosa de la sociedad maya, y fueron usados para datar la celebración de los ritos.

Respecto a los avances en el ámbito de la astronomía, cabe destacar la extrema exactitud de sus mediciones (365,2420 días para el año solar y 29,53086 días para el ciclo lunar), mucho más ajustadas que las realizadas en otros lugares del mundo. Además, calcularon con exactitud todos los eclipses solares y lunares. También fueron capaces de establecer el camino del Sol a lo largo de la eclíptica para calcular así los solsticios y los equinoccios. Además, realizaron observaciones exactas sobre la revolución sinódica de Venus y otros astros. Para alcanzar este nivel de precisión, construyeron grandes observatorios. Y no solo eso, ya que muchos de sus edificios estaban construidos siguiendo minuciosas orientaciones astronómicas que respondían a una intención religiosa.

Con todo ello, elaboraron precisos calendarios. En concreto, utilizaron cuatro (tres de ellos comunes a todos los pueblos mesoamericanos y uno de ellos creado por ellos). Los calendarios comunes fueron: el Tzolkin, calendario lunar formado por 20 meses de 13 días, o sea 260 días, cuya finalidad era ritual y adivinatoria; el Haab, calendario solar de uso agrícola constituido por 365 días y un cuarto; y la rueda calendárica (o Haaboob), que era una combinación de los dos primeros, y se regía por un ciclo de 52 años, pero no diferenciaba claramente las fechas de un siglo y otro. Para solucionar esto último, crearon uno nuevo, llamado cuenta larga, que les permitía hacer cálculos del paso del tiempo de hasta 90 millones de años, a partir de la fecha en la que fijaron el origen de la era actual, nuestro 13 de agosto del 3114 a.C. Este calendario se dividía en ciclos calculados a partir de unidades vigesimales para medir el tiempo.


LOS ENIGMAS MAYAS: APOCALIPSIS Y FALSAS PROFECÍAS
Desde antiguo, el mundo maya ha despertado el interés popular por el misterio que ha rodeado su pasado. La neblina histórica que cubre el colapso de la civilización maya clásica, las visiones sensacionalistas de sus rituales con sacrificios humanos, el increíble desarrollo astronómico y matemático que alcanzaron y el hecho de que los especialistas consideren que deben quedar centenares de yacimientos aún por descubrir en la selva han alimentado la naturaleza esotérica y mítica del mundo maya, mediante el anuncio de teorías falsas e interesadas, que han confundido al público general.

En los últimos años, la más popular ha sido la que fijaba la fecha del fin del mundo según los mayas para el 21 de diciembre de 2012, teoría que ha hecho verter ríos de tinta sobre la presunta veracidad de este dato. Para sus defensores, esta fecha coincide con el fin de un ciclo completo de 5.125 años del calendario de la cuenta larga (o 13 baktuns, el tiempo equivalente a una era completa). No obstante, todos los expertos en el mundo mesoamericano han apuntado que esto no significa que los mayas pensasen que el tiempo se detendría en dicha fecha sino que continuaría con un nuevo ciclo. Asimismo, recientes descubrimientos en un edificio del complejo de Xultún (Guatemala) han revelado un nuevo calendario maya que comprende dataciones más allá de la presunta fecha del fin del mundo, refutando así la poco rigurosa teoría del Apocalipsis en 2012.

Con todo ello, hay que tener en cuenta, tal y como señalan los expertos, que el mundo maya no tiene mayores enigmas que otros pueblos del pasado y los que aún permanecen ocultos se deben a la ausencia de fuentes arqueológicas y documentales que iluminen dichos misterios. A medida que se avance en el descubrimiento y el estudio de dichas fuentes, la ciencia arqueológica irá desvelando los secretos del mundo maya sin necesidad de tener que acudir a inútiles supersticiones, lecturas ocultistas o visiones pseudocientíficas.


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