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Bóveda de Svalbard, el granero de la Tierra
 
 
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 SEMILLAS EN CONSERVA
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Las tres salas blindadas del búnker pueden acoger 4,5 millones de variedades de semillas.

Dice la tradición bíblica que Noé construyó un arca y reunió a una pareja de cada especie animal de la Tierra para salvarlas del diluvio universal. Miles de años después los científicos han retomado esta idea milenaria y la han adaptado a los nuevos tiempos. Noé temía que la furia divina, trasformada en una lluvia torrencial, destruyera la Tierra. Hoy la realidad es muy diferente y se teme más el poder destructor del hombre y el calentamiento global del planeta. Tal vez debido a esta diferencia los científicos han optado por empezar a salvar las plantas mediante la creación de una moderna arca del siglo XXI donde se guardarán muestras de todas las semillas que alimentan a los habitantes de la Tierra. Para su ubicación se eligió uno de los lugares más fríos y aislados del mundo, el archipiélago noruego de Svalbard, que se ha convertido así en la nevera donde se conservará a 18º C bajo cero el futuro de la humanidad.

LA GERMINACIÓN DEL PROYECTO
El proyecto de creación de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard nació como una iniciativa del Gobierno de Noruega para dotar al mundo de un banco internacional de simientes que pudiera garantizar la preservación de las especies en óptimas condiciones. La idea se venía gestando desde 2004 y desde el principio contó con el visto bueno de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). El plan, denominado Alianza Mundial para la Diversidad de Cultivos, iba destinado a salvaguardar la biodiversidad de las plantas alimenticias ante la amenaza del cambio climático, de un desastre nuclear o de una guerra.

En la actualidad existen bancos de semillas en casi todos los países, pero solo custodian las especies de una determinada región y no reúnen las condiciones necesarias para garantizar su conservación en caso de una catástrofe natural o un conflicto armado. Debido a este motivo, el Gobierno noruego decidió crear una especie de almacén de copias de seguridad donde todas las naciones podrán enviar sus semillas para asegurar su conservación. Las semillas solo podrán ser extraídas cuando la especie esté extinguida.

En 2006 se eligió la montaña de Platafjell, localizada en la gélida isla de Spitsbergen, situada a 1.000 kilómetros del Polo Norte, para construir un búnker que garantizará la biodiversidad de los cultivos destinados a la alimentación.


UN LUGAR PROTEGIDO POR OSOS
El arca de Noé del siglo XXI ha sido construida en el interior de una montaña helada, situada en una zona desmilitarizada. Esta región está catalogada como territorio neutral en caso de conflicto bélico según el Tratado de Svalbard, firmado en 1925 por cuarenta naciones. En este lugar remoto situado en el Paralelo 78 se extiende el archipiélago de Svalbard, al que pertenece la isla de Spitsbergen. Esta isla no tiene actividad sísmica y permanece helada todo el año. En ella habitan osos polares y, curiosamente, ninguna planta. Resulta paradójico que un territorio infértil haya sido elegido para construir la mayor reserva artificial de cultivos del planeta.

El pueblo más cercano, Longyearbyen, acoge a una comunidad de unos 3.000 habitantes que en su mayoría se dedican a la minería y a la hostelería. Los ciudadanos suelen ir armados cuando salen del pueblo para protegerse del ataque de los osos. Desde finales de abril hasta mediados de agosto en esta zona del planeta no se pone el sol y la noche del 21 de diciembre dura 24 horas.

A pesar de la dureza de las condiciones, esta ciudad no permanece aislada y cuenta con un moderno aeropuerto para acoger a los miles de turistas que se acercan hasta la zona cada año para conocer de cerca la belleza de los fiordos noruegos.


EN EL CORAZÓN DE HIELO
La montaña de Platafjell, situada en esta región a 130 metros por encima del nivel del mar, fue elegida como el lugar más idóneo para la construcción del inmenso almacén subterráneo destinado a custodiar las semillas. Su corazón, que siempre permanece helado, la convierte en una especie de nevera natural con temperaturas inferiores a los 10º C bajo cero. Su altitud garantiza que las semillas permanezcan a salvo incluso en el caso hipotético de que el calentamiento global derrita el hielo ártico y haga subir el nivel del mar. Además la capa de permafrost (superficie del suelo que siempre permanece helada) hace que, incluso en las peores condiciones fruto del cambio climático, las semillas se conserven en perfecto estado.

Los primeros sondeos sobre el terreno para la construcción de la Bóveda Global de Semillas comenzaron en junio de 2006. Se optó entonces por aprovechar el hueco practicado en la montaña por una antigua explotación minera en desuso. Las duras condiciones del terreno obligaron a realizar varias fases según las condiciones atmosféricas y diez meses después se comenzó a perforar la ladera de la montaña. El gran avance en las obras se realizó en verano de 2007, cuando el tiempo era más favorable para el trabajo de las máquinas, que hasta entonces habían tenido que deslizarse sobre inmensas capas de hielo y sufrir los envites del duro invierno ártico. La parte más difícil fue horadar un pasillo en la montaña helada de Platafjell con una tuneladora que llegó en barco desde la península de Noruega. A pesar de estas dificultades, la obra solo costó 8.800.000 dólares.

El 26 de febrero de 2008 se abrieron las puertas de la Bóveda Global de Semillas para acoger las primeras cien muestras de arroz, el cereal más consumido en el mundo. El primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, y la premio Nobel de la Paz en 2004, Wangari Maathai, tuvieron el privilegio de inaugurar el banco depositando las primeras pepitas. Durante la inauguración, el ministro de Agricultura noruego, Terje Riis-Johansen, aseguró que el proyecto constituía “una versión moderna del arca de Noé”.

El primer gran envío que llegó a Spitzbergen incluyó veinte cajas con más de 70.000 muestras de simientes de países africanos. Había sido remitido desde Nigeria por el Instituto Internacional de Agricultura Tropical. Apenas tres meses después los almacenes ya contaban con 270.000 muestras enviadas por más de cien países. Entre las variedades de semillas más enviadas se encuentra el arroz, del que han llegado ya a almacenarse especies procedentes de los cinco continentes. Además, la Bóveda intentará conseguir muestras de variedades poco frecuentes de cultivos como la alfalfa, el maíz, la judía, la cebada, la lenteja, la patata o el trigo. De momento se han excluido las semillas de árboles frutales y plantas medicinales, aunque no se descarta su inclusión en el futuro. Para lo que no hay cabida, según asegura el director de la Bóveda, Ola Tveitereid Westengen, es para los cultivos modificados genéticamente.


PEPITAS DE ORO
La Bóveda Global de Semillas cuenta con una entrada en la superficie que conduce a un enorme búnker situado a 125 metros de profundidad, inspirado en las cajas acorazadas que custodian las grandes reservas de oro del mundo. La puerta que da acceso al vestíbulo aparece como una hendidura en la nieve de la que sobresale un enorme voladizo de hormigón que se incrusta en el hielo como si fuera una enorme nave espacial. Desde allí se puede observar una enorme extensión de montañas de hielo y el fiordo de Spitsbergen, que atestigua que hace millones de años aquella zona fue un valle glaciar invadido por el mar.

La piel del edificio posee un diseño futurista y es obra de la artista noruega Dyveke Sanne. En la fachada y la cubierta se ha instalado la obra Perpetual Repercussion, una instalación artística que consta de una serie de triángulos de acero y cristal que brillan entre el blanco inmaculado de la nieve que rodea el edificio. Las placas de metal funcionan como espejos que reflejan la luz del sol durante el día y brillan en la oscuridad por la noche mediante un sistema luminoso de fibra óptica.


COMIDA CONGELADA
A ambos lados de la entrada se encuentran dos compresores que sirven para enfriar las cámaras donde se conservan las muestras a 18º C bajo cero, la temperatura idónea para conservar las semillas. Una vez en el interior un enorme pasillo de 125 metros de largo y estructura tubular de acero conduce hasta un túnel transversal donde se hallan los tres almacenes del búnker. Poco antes de llegar a estos, se halla la sala de control y registro. Allí, se identifican mediante un código de barras todas las muestras que van llegando al centro y se les proporciona una ubicación dentro de la sala. En cada ficha de identificación se anota la especie, el lugar del mundo del que procede, su antigüedad y su fecha de entrada en el banco de semillas. De cada muestra se guardan unas 500 semillas que se deshidratan parcialmente y se introducen en unas bolsas con tres capas de aluminio. Después se envasan herméticamente y se colocan en cajas de plástico antes de ser llevadas al almacén . Este sistema de conservación garantiza una baja actividad metabólica de las semillas que permite su vida durante siglos. Una vez descongeladas pueden germinar de nuevo como si fueran nuevas.

En total las tres salas blindadas de este enorme búnker pueden acoger 4,5 millones de variedades de semillas procedentes de cualquier país del mundo (más de 2.000 millones de granos). En 2014, la Bóveda ya albergaba 820.000 muestras de más de 4.000 especies de semillas provenientes de 231 países.

Estas reservas garantizan que incluso después de grandes catástrofes globales haya semillas disponibles para reanudar el cultivo de plantas alimenticias. Además, este banco global de semillas puede resultar muy útil si prosperan las iniciativas para cultivar cereales transgénicos, pues conservará las variedades con sus genes originales antes de que sean modificadas por la acción del ser humano. La biodiversidad de los cultivos que alimentan al mundo estará a salvo gracias a este proyecto nórdico que ha convertido el corazón de una fría montaña noruega en el granero más importante del planeta.


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