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Biodiversidad, la gran familia del planeta Tierra
 
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 LA COMUNIDAD DE
LOS SERES VIVOS
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  El Parque Natural de la Sierra de Castril goza de un relieve espectacular.

Se entiende por biodiversidad la variedad de seres vivos que habitan en una zona o un ecosistema concreto, por ejemplo en un bosque o en un lago, sobre todo si se trata de áreas muy extensas o si se abarca el conjunto de la biosfera. Cuando se hace referencia a la variedad de seres vivos en el seno de un ecosistema se suele utilizar la palabra diversidad y para referirse a la variedad en especies de seres vivos se emplea la expresión "diversidad específica".

LA DIVERSIDAD EN LOS ECOSISTEMAS
Al estudiar la comunidad de seres vivos que integran un determinado ecosistema, en algunos casos la diversidad puede ser muy reducida, como en un campo de trigo en el cual se han utilizado herbicidas y plaguicidas. En cambio, en otros casos, la diversidad es muy superior, como por ejemplo en algunos bosques en los que conviven distintas especies de árboles, arbustos y lianas, varias plantas herbáceas, musgos y líquenes, así como gran número de animales vertebrados e invertebrados.

LA DIVERSIDAD Y SU MEDICIÓN
Para medir la diversidad no basta con contar el número de especies presentes en el ecosistema, ya que debe tenerse en cuenta que no todas las especies se encuentran en la misma proporción. En ecología, cuando se habla de diversidad se hace referencia simultáneamente al número de especies distintas que integran la comunidad de seres vivos del ecosistema y a la abundancia relativa de dichas especies. Por ejemplo, en una hipotética comunidad formada por diez especies diferentes y que en total constase con cien individuos, la mínima diversidad posible de esta comunidad consistiría en que 91 individuos pertenecieran a una única especie, y las nueve especies restantes estuvieran representadas cada una por un solo individuo; la máxima diversidad se tendría en el caso de que cada una de las especies estuviese representada por diez individuos.

PERTURBACIONES
La diversidad de un ecosistema puede verse afectada por multitud de factores. Algunas perturbaciones naturales pueden provocar una disminución local de la diversidad de los ecosistemas. Por ejemplo, la erupción de un volcán, cuya lava y ceniza eliminan gran parte de la vegetación de la zona adyacente a la erupción. A pesar de que, con el paso del tiempo, los organismos volverán a recolonizar los materiales depositados por el volcán y restablecerán así el ecosistema de la zona, existe un período inicial en el que la biodiversidad disminuye.

Asimismo, las intervenciones humanas sobre la naturaleza tienden a hacer disminuir la diversidad de los ecosistemas sobre los que actúan. Por ejemplo, la tala de un bosque para convertirlo en campo de cultivo conlleva la formación de un ecosistema diferente que presenta una diversidad mucho menor que la que tenía el primero; en contrapartida, en el campo de cultivo encuentran su hábitat algunas especies que no habrían podido prosperar en el bosque.

Por tanto, las perturbaciones, ya sean naturales o provocadas por el ser humano, modifican la composición de especies de las comunidades y, en el ámbito local, pueden suponer una disminución de la diversidad al menos durante un corto período de tiempo. Paradójicamente, si se considera una escala espacial más amplia el efecto puede ser el contrario.


LA DISMINUCIÓN DE LA BIODIVERSIDAD


Las modificaciones provocadas por el ser humano, especialmente desde la Revolución industrial y la revolución verde, han tenido como consecuencia una pérdida muy importante de la biodiversidad a escala mundial. Especies que en otro tiempo eran extraordinariamente abundantes son hoy raras o están ya extinguidas.

Un ejemplo espectacular es el de la paloma migratoria (Ectopistes migratorius) que habitaba en América del Norte. Esta ave anidaba en amplias zonas que abarcaban desde el sur de Canadá hasta los estados de Virginia y Mississippi, en Estados Unidos. A principios del siglo XIX, el ornitólogo Alexander Wilson (1766-1813) estimó el total de la población en 2.230 millones de individuos. A mediados del siglo XIX, la cacería de estas palomas se convirtió en un gran negocio, pero esta caza desmesurada, acompañada de la modificación del hábitat natural de la paloma, hizo disminuir con rapidez su número. En 1914 murió en el zoológico de Cincinnati (Estados Unidos) la última hembra.

La extinción de especies es un fenómeno natural que se ha ido produciendo a lo largo de la historia de la vida en la Tierra. Es más, ha habido períodos en los que las extinciones han sido numerosas y frecuentes, e incluso se habla de períodos de extinciones masivas. A estos les han seguido otros en los que el número de especies aumentaba rápidamente, llamados "períodos de radiación". No se conocen con precisión las causas que provocaron la alternancia de estos períodos. Algunos de los motivos que se apuntan son:

- Los cambios climáticos.

- El movimiento de los continentes, denominado deriva continental.

- Las interacciones entre los seres vivos y su ambiente.

Se supone que a lo largo de la historia de la vida en la Tierra han existido 450 millones de especies; en la actualidad se cree que hay entre cuarenta y cien millones de ellas. Así pues, la extinción de especies no es nada nuevo. Lo que es novedoso y alarmante es el hecho de que una sola especie, el ser humano, haya incrementado de manera espectacular el ritmo de extinción de otras especies. La extinción actual parece ser mucho más rápida que las anteriores. Si bien es imposible evaluar con precisión el número de especies extinguidas, los expertos cifran entre 5.000 y 25.000 las especies extinguidas en el año 1990, y cerca de 50.000 en el 2000. Si la deforestación, la desertificación y la destrucción de humedales, manglares y arrecifes de coral continúan a la velocidad actual, en pocas décadas el número de especies se podría reducir a una cuarta parte. La razón directa de la extinción de especies provocada por la acción humana es la presión que ejerce sobre el medio un desarrollo económico basado únicamente en el aumento del consumo. Una parte muy pequeña de los seres vivos, la especie humana, consume la mayor parte de los recursos naturales. En conclusión, el uso irresponsable de estos recursos ha conducido a la situación medioambiental actual y a la extinción de multitud de especies.


LA DESTRUCCIÓN DE LOS HÁBITATS
Una de las causas principales de la pérdida de biodiversidad es la alteración de los hábitats naturales. La aparición de la agricultura marcó el inicio de la modificación de los hábitats por parte del ser humano. La roturación de bosques y praderas para convertirlos en campos de cultivo disminuye los hábitats adecuados para muchas especies.

La fragmentación de los hábitats puede ocasionar que lo que antes habían sido grandes extensiones de terreno disponibles para una especie se conviertan en pequeñas "islas" que no permiten la supervivencia de las poblaciones. La población de cualquier especie necesita un hábitat adecuado de un determinado tamaño; por debajo de este, la población se extingue.


CONTAMINACIÓN DE LOS HÁBITATS
La contaminación puede aparecer como consecuencia de las actividades agrícolas, ganaderas, industriales y de ocio. Los insecticidas, los herbicidas, los purines de granjas, los subproductos industriales y las aguas residuales urbanas vierten al medio cantidades importantes de contaminantes que tienen efectos nocivos sobre los seres vivos, capaces de conducir a la desaparición de poblaciones enteras.

CAZA Y PESCA ABUSIVAS
También la caza y la pesca pueden llevar a las especies a la extinción. Si bien la caza y la pesca de subsistencia han disminuido considerablemente en el mundo, siguen existiendo pueblos y comunidades humanas que las utilizan como medio complementario de sustento. En algunos casos, cuando la necesidad de procurarse alimento aumenta debido a malas cosechas o a la superpoblación, la presión sobre el medio –animales y vegetales– puede reducir de manera significativa el tamaño de sus poblaciones.

La caza y la pesca deportivas que produjeron verdaderos estragos en el pasado, en la actualidad se encuentran reguladas en la mayoría de los países y han dejado de ser una amenaza seria para la supervivencia de las especies. Por el contrario, la caza y la pesca comerciales han sido y siguen siendo responsables de la desaparición de poblaciones enteras, como consecuencia de la no observación de los límites de capturas. Algunos ejemplos de esta situación son la desaparición del bisonte americano y la alarmante reducción del número de ballenas.

La caza furtiva, es decir, la caza ilegal, es otra de las actividades humanas que está conduciendo a la extinción de algunas especies. El alto precio que se paga en el mercado negro por ciertas partes de algunos animales, como pieles de tigre, cuernos de rinoceronte, colmillos de elefante, manos de gorila de montaña, entre otras, induce a personas con pocos recursos económicos de países pobres a practicar la caza furtiva. Este tipo de amenaza también pesa sobre algunas especies de árboles cuya madera tiene un alto valor comercial, las llamadas "maderas preciosas", que han desaparecido de grandes zonas en las que antes eran abundantes.

La caza y la pesca para vender animales como mascotas y la recolección de plantas exóticas e insectos para coleccionistas también causa graves daños.


CAMBIO CLIMÁTICO
Las actividades agrícolas e industriales llevadas a cabo por el ser humano han influido sobre los ecosistemas en un grado tan elevado que se han convertido en uno de los factores responsables de los cambios en el clima, entre ellos el progresivo calentamiento del planeta, que puede hacer disminuir sensiblemente la presencia de determinadas formas de vida silvestre.

INTRODUCCIÓN DE ESPECIES ALÓCTONAS
La introducción de especies nuevas en una zona de la cual no son autóctonas ha sido una práctica habitual. Algunas veces, esta situación está provocada por la necesidad de aumentar la producción agrícola cultivando especies cuyo rendimiento es superior al de su homóloga autóctona, pero también puede deberse al intento de repoblar, sea en el ámbito vegetal o animal, algunos ecosistemas cuya población se había visto reducida. En estos últimos casos, la especie introducida, o alóctona, ha contribuido a la eliminación total de la especie originaria, ya que muchas veces aquella es más fuerte desde el punto de vista de la competencia ecológica que la autóctona, lo que lleva a la desaparición de la segunda.

En la actualidad, la facilidad para trasladarse de un extremo a otro del mundo ha multiplicado el transporte voluntario e involuntario de especies entre zonas muy alejadas. Cuando un ser vivo se introduce en un ecosistema distinto del propio, puede suceder que no tenga enemigos naturales capaces de controlar el tamaño de su población y que esta crezca desmesuradamente eliminando por competencia a otras especies locales que sí tienen enemigos en el ecosistema original.


PRESERVAR LA BIODIVERSIDAD


Entre las razones que abogan por el respeto de la biodiversidad, algunas tienen un carácter ético, mientras que otras son puramente pragmáticas.

RAZONES ÉTICAS Y ESTÉTICAS
En la naturaleza unas especies viven de otras y la supervivencia del ser humano pasa por la alimentación a partir de otras especies y por la alteración del medio ambiente para adaptarlo a las propias necesidades.

La cuestión que se plantea es: ¿tiene derecho la especie humana a extinguir o acelerar la velocidad de extinción del resto de las especies?

Una visión antropocéntrica, es decir, aquella que considera que el ser humano es el centro de la naturaleza, postularía que la única razón para detener la extinción de las especies es la derivada del propio interés de los humanos como especie.

Pero una visión que tuviera en cuenta no solo a la especie humana sino también a la vida en general defendería que toda especie tiene derecho a existir y que es éticamente incorrecto contribuir a la extinción de otras especies.

Un tercer punto de vista sería el de aquellos que se centran en la conservación de los ecosistemas en su conjunto y no solo en la de las especies consideradas individualmente. Desde esta perspectiva serían éticamente correctas aquellas actuaciones que tiendan a preservar los ecosistemas que sustentan la vida en la Tierra.

No hay duda de que la vida silvestre en todas sus formas es una fuente inagotable de belleza, que se manifiesta tanto en las especies como en los paisajes. No hace falta recurrir al ejemplo más inmediato de las flores para resaltar la belleza que ofrece la naturaleza; el goce estético también se encuentra en otras escenas, desde el majestuoso vuelo del cóndor a la ordenada procesión de hormigas, desde los fondos marinos de los arrecifes de coral hasta la austera imagen del camello en el desierto. Simplemente basta con abrir los ojos para poder disfrutar del esplendor de unas escenas naturales que son el resultado de millones de años de evolución.


RAZONES ECONÓMICAS
Son muchas las razones de índole económica por las que vale la pena preservar la biodiversidad.

ACTIVIDADES RECREATIVAS
La naturaleza es fuente de recreo para el ser humano, y este valor recreativo genera ingresos económicos. La caza y la pesca deportivas, el turismo de observación naturalista o ecoturismo, el senderismo o el excursionismo, en general, son actividades que en mayor o menor grado dependen de la riqueza en biodiversidad de una zona determinada. Es importante, sin embargo, regular adecuadamente estas actividades a fin de evitar que la excesiva presión humana provoque alteraciones no deseables en los ecosistemas.

LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA
Aproximadamente la mitad de los fármacos que se utilizan en la actualidad contienen principios activos procedentes de especies que se encuentran en estado silvestre. A esto hay que añadir que solo han sido estudiadas desde un punto de vista farmacéutico unas 5.000 de las casi 385.000 especies de plantas que se estima que hay en la Tierra.

LA SEGURIDAD ALIMENTICIA
Los seres humanos se alimentan de un número de plantas y animales muy reducido en comparación con el total existente. Tan solo tres especies de plantas, el trigo, el arroz y el maíz, suponen la mitad del alimento humano a escala mundial. Si a estas se añaden la patata, la cebada, los boniatos y la mandioca, se alcanzan las tres cuartas partes del alimento humano. Esta dependencia de unos pocos cultivos es peligrosa, ya que las enfermedades se pueden propagar con facilidad y a gran velocidad en los monocultivos. Esto es lo que sucedió en Irlanda a mediados del siglo XIX: una plaga afectó a las plantaciones de patata, alimento básico en la dieta irlandesa, lo que causó una gran hambruna y, en consecuencia, la muerte de una gran parte de la población y la emigración de muchas personas. Los cultivos actuales se ven sometidos a enfermedades y plagas que, con el paso del tiempo, se hacen cada vez más dañinas, ya que se adaptan a las defensas de las plantas cultivadas. Una forma de conferir a estas nuevas defensas, práctica muy frecuente y de gran éxito, es cruzarlas con variedades de plantas similares que en muchos casos son plantas silvestres. El mantenimiento de estas variedades es, pues, importante para prevenir futuras necesidades de genes resistentes a enfermedades hoy desconocidas o poco frecuentes.

A lo largo de la historia de la humanidad se han utilizado como alimento unas 3.000 especies de plantas, aunque el número de plantas comestibles se eleva a 75.000. Existen ejemplos de plantas con potencial alimenticio que, de momento, no han sido explotadas: en Paraguay se ha descubierto una planta que produce unas sustancias 300 veces más dulces que el azúcar y con muy pocas calorías, y en el desierto de Kalahari se encuentra la marama, que produce frutos parecidos a las judías y cuyas raíces son comestibles. Estos y otros recursos genéticos pueden ser de gran utilidad en el caso de que, debido a un cambio climático o a la presión de la población humana, fuera necesario el cultivo de terrenos marginales que presenten unas condiciones ecológicas no aptas para las plantas utilizadas.


IMPORTANCIA CIENTÍFICA Y ECOLÓGICA
La posibilidad de estudiar las especies silvestres ayuda a entender la evolución de la vida en el planeta así como el funcionamiento de los distintos ecosistemas.

Las distintas especies realizan diversas funciones en los ecosistemas en que se integran, y dichas funciones pueden ser importantes para su buen funcionamiento. Por ejemplo, un insecto tal vez desconocido puede ser el organismo que impide la rápida reproducción de otro insecto que es una plaga potencial, o una determinada planta puede ser indispensable para que un insecto determinado pueda reproducirse. Al estar lejos de conocer el funcionamiento de los ecosistemas, no parece prudente provocar la extinción de algunas de las especies que los integran.


CÓMO PRESERVAR LA BIODIVERSIDAD


Ningún método para resolver un problema será eficaz a menos que ataque el problema en sus causas últimas. En el caso de la disminución de la biodiversidad, la única manera de atajarla sería un cambio de planteamiento en el desarrollo económico, la erradicación de la pobreza y el control del crecimiento de las poblaciones humanas; es decir, pasar del desarrollo consumista a un desarrollo social y humano sostenible.

Un intento apreciable, aunque todavía insuficiente, en esta dirección es el Convenio sobre Diversidad Biológica que quedó abierto a la firma en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro), desde junio de 1992 hasta junio de 1993. En ese período firmaron el convenio 168 países y entró en vigor en diciembre de 1993. Los objetivos del convenio son:

- La preservación de la diversidad biológica.

- El uso sostenible de sus componentes.

- La participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos.

En dicho convenio se reconoce que la conservación de la diversidad biológica "es interés común de toda la humanidad y parte integrante del proceso de desarrollo". El enfoque del convenio pretende conciliar la necesidad de la conservación con la preocupación por el desarrollo, y está basado, además, en consideraciones de equidad y responsabilidad compartida. Se trata de conservar la biodiversidad dirigiendo los esfuerzos a preservar las especies en peligro de extinción, tratando a los ecosistemas como un todo y potenciando la gestión de los recursos de vida silvestre.


PROTECCIÓN DE ESPECIES
Una de las vías es la elaboración de tratados internacionales que eviten o regulen el comercio de dichas especies. Los esfuerzos de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) y del PNUMA (Programa de la Naciones Unidas para el Medio Ambiente) para evitar el tráfico de especies en peligro de extinción en el ámbito internacional condujeron a la elaboración del llamado tratado CITES (Convención sobre Comercio Internacional de Especies en Peligro).

Otro recurso es el establecimiento de reservas de vida silvestre pensadas concretamente para la especie en peligro. Por ejemplo, puede declararse área protegida la zona en la que esta especie cría, o allí donde se alimenta, donde se encuentra establecida su población, etc. A esta actuación se le denomina "conservación in situ".

Otra opción es la denominada "conservación ex situ", que consiste en preservar las especies en un entorno diferente del natural, por ejemplo, en zoológicos, jardines botánicos o bancos de genes, entre otros. Se calcula que en el mundo existen unos 1.500 jardines botánicos en los que crecen cerca de 90.000 especies de plantas. En cuanto a los animales, se estima que los zoológicos albergan unos 600.000 animales, muchos de ellos pertenecientes a especies en peligro de extinción.


PROTECCIÓN DE ECOSISTEMAS
Según los expertos en vida silvestre, establecer una red mundial de reservas naturales no muy distantes o conectadas entre sí es la mejor manera de preservar la biodiversidad. De esta manera, cada especie tendrá diversos lugares en los que habitar.

La Unesco propuso que en cada una de las 193 zonas biogeográficas de la Tierra se estableciera por lo menos una, y a poder ser cinco, reservas de la biosfera. Estas han de tener:

- Una zona intangible o área núcleo: En la que la actividad humana ha de ser nula.

- Una zona de amortiguamiento: Que rodee la anterior y que se maneje para proteger el área núcleo.

- Una zona de transición: En la que se permita el pastoreo, la agricultura, la silvicultura y las actividades recreativas y de educación medioambiental.


GESTIÓN DE RECURSOS
A diferencia de las medidas anteriores con las que se intenta limitar la intervención humana al máximo, con la gestión de recursos lo que se pretende es administrar las poblaciones de manera que se favorezcan los recursos de vida silvestre que interesa potenciar. Ejemplo de ello es la administración de pesquerías, de cotos de caza y de aves acuáticas migratorias.

 
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