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América, independencia y emancipación
 
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 INDEPENDENCIA DE AMÉRICA Imprimir Enviar Guardar
 
  El general José de San Martín proclamando la independencia de Perú el 28 de julio de 1821.

La influencia de la independencia de Estados Unidos y de Haití, así como las ideas de la Ilustración y de la revolución francesa y, sobre todo, la invasión napoleónica de la península Ibérica (1808) privaron a las monarquías española y portuguesa de toda autoridad sobre las colonias americanas. En estas se originó un movimiento revolucionario generalizado que consiguió, en poco más de veinte años, la independencia de la mayor parte de los territorios coloniales.

AMÉRICA A FINALES DEL SIGLO XVIII


Hacia finales del siglo XVII los ingresos metropolitanos procedentes de la explotación minera y de los tributos que gravaban a los indígenas mostraban síntomas de agotamiento. Al mismo tiempo, gran parte de la riqueza que se producía en América cada vez se reinvertía más en el interior de las propias colonias, de modo que se iban desarrollando diversos grupos de poder local, cuya autonomía económica iba progresivamente en aumento.

Para hacer frente a esta situación, durante la segunda mitad del siglo XVIII, los monarcas intentaron desarrollar las denominadas reformas borbónicas, con el objetivo de incrementar las rentas metropolitanas procedentes de América. Algunas de estas medidas fueron la creación de nuevos virreinatos –Nueva Granada (1717) y Río de la Plata (1776)–, la división de los virreinatos en intendencias, la supresión del monopolio comercial (1768) –que autorizó el comercio entre los puertos metropolitanos y coloniales y redujo aranceles aduaneros– y la autorización para comerciar con colonias de otras metrópolis (1795).


LAS REVUELTAS ANTIESPAÑOLAS


Las reformas borbónicas, en especial las relacionadas con el incremento de la recaudación impositiva, provocaron una reacción contraria de ciertos sectores de la sociedad colonial y desvelaron la hostilidad creciente hacia las autoridades españolas. Entre las rebeliones iniciales más significativas se hallan las de Túpac Amaru II y Túpac Katari y la de los llamados comuneros de Nueva Granada.

La rebelión de Túpac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui) se inició en Cuzco en 1780 y se extendió hasta las actuales Colombia y Argentina.

En el Alto Perú (actual Bolivia) se le unió Túpac Katari (Julián Apaza). Ambos declararon la guerra a los españoles y propusieron la supresión del trabajo indígena forzoso en las minas (la mita), del repartimiento de indígenas para las propiedades agrícolas, de las aduanas y de los corregimientos. Un ejército formado por criollos y españoles derrotó a Túpac Amaru II y a sus seguidores (más de 100.000 indígenas), y posteriormente a Túpac Katari. Ambos líderes fueron descuartizados.

En 1781 se inició en el virreinato de Nueva Granada (actual Colombia) la rebelión de los comuneros contra el aumento de los impuestos y el alza de los precios de algunos productos. Mulatos, esclavos y mestizos se negaron a pagar los impuestos, atacaron los depósitos españoles y destituyeron a las autoridades coloniales. La alianza entre criollos y españoles condujo a la total represión del movimiento.


LOS ANTECEDENTES REVOLUCIONARIOS


Entre las revoluciones que más influyeron en los movimientos de emancipación e independencia latinoamericanos destacan la revolución industrial británica, la independencia de las colonias británicas de América del Norte (1776), la revolución francesa (1789) y la rebelión de los esclavos de Haití (1789-1804).

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL BRITÁNICA
Desde mediados del siglo XVIII se produjeron en Gran Bretaña un conjunto de cambios significativos en la producción de manufacturas conocido como revolución industrial. La producción textil aumentó considerablemente, por lo que se redujo el precio y permitió un total abastecimiento del mercado interno británico y de sus colonias; en consecuencia, los fabricantes británicos se lanzaron a la búsqueda de nuevos mercados. América Latina, que constituía un área de monopolio comercial de España, era una de las zonas potenciales de expansión comercial británica. Por ello, Gran Bretaña apoyó los movimientos emancipadores hispanoamericanos, especialmente los del área atlántica, donde desde finales del siglo XVII ejercía un activo comercio de contrabando. Por la misma razón, los británicos promovieron la abolición de la esclavitud, ya que los esclavos no tenían capacidad adquisitiva para comprar los productos británicos.

LAS COLONIAS BRITÁNICAS
Las trece colonias británicas de América del Norte, situadas en la costa atlántica de los actuales Estados Unidos, iniciaron también un movimiento revolucionario contra los crecientes impuestos reclamados por la metrópoli. El 4 de julio de 1776, las trece colonias declararon su independencia de Gran Bretaña. El Acta de Declaración de la Independencia proclamaba que todos los hombres nacen iguales ante la ley y con derecho a la vida, la libertad y la felicidad. La monarquía fue sustituida por un sistema republicano de gobierno. La independencia de las trece colonias norteamericanas constituyó un antecedente revolucionario de gran incidencia para los movimientos independentistas del continente, así como para las revoluciones europeas del mismo período.

LA REVOLUCIÓN FRANCESA
La revolución francesa de julio de 1789 fue el resultado del desarrollo, durante la mayor parte del siglo XVIII, de un conjunto de ideas que transformaron las concepciones vigentes hasta ese momento sobre la sociedad y el poder (la Ilustración).

Una de las ideas rectoras de los ilustrados fue la de que toda sociedad requiere para su existencia y perdurabilidad de un contrato social, según el cual sus integrantes acuerdan las formas y mecanismos de convivencia. El contrato social de Jean-Jacques Rousseau contemplaba también la existencia de un gobierno que representara a todas las instancias de la sociedad. Este gobierno había de ser elegido y controlado por el pueblo, una entidad nueva que también se definió durante esta época; como en el caso de las colonias norteamericanas, el pueblo se reservaba el derecho de sustituir al gobierno si se consideraba necesario para el bien común.

La Ilustración propuso un conjunto de nuevas instituciones políticas, como la Constitución, las asambleas parlamentarias y las elecciones, que tendían a limitar el poder monárquico absoluto y a desarrollar formas republicanas de gobierno.


REVOLUCIÓN E INDEPENDENCIA DE HAITÍ
Como consecuencia de la revolución francesa, un grupo de libertos de Haití, la principal colonia azucarera francesa de las Antillas, reclamó ante el gobierno colonial haitiano, en base a los principios que habían guiado a la revolución, la concesión de los mismos derechos y libertades de los que gozaba la minoritaria población blanca de la isla.

En 1791, al margen del gobierno surgido de la revolución francesa, las autoridades coloniales haitianas encarcelaron y ejecutaron a los líderes del movimiento revolucionario. Ante ello, los libertos y los esclavos (el 95% de la población total de Haití) iniciaron una rebelión violenta que fue combatida por las autoridades locales, a partir de 1802, con refuerzos provenientes de Francia. Después de derrotar a los franceses, se formó un gobierno revolucionario, se declaró la independencia y se aprobó una Constitución (1804). Esta proclamó la forma republicana de gobierno, abolió la esclavitud y despojó a la minoría blanca francesa de sus propiedades. Haití se constituyó así en la primera república independiente de América Latina.


INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA


El movimiento revolucionario de la América española se inició a partir de tres focos: el virreinato de Nueva Granada y la capitanía general de Venezuela, el virreinato del Río de la Plata y el virreinato de Nueva España (actual México). Los dos primeros focos eran circunscripciones políticas de la vertiente atlántica del Imperio español surgidas de las reformas borbónicas de finales del siglo XVIII, con lazos menos estrechos con la metrópoli española que las áreas coloniales de la vertiente del Pacífico, y a la vez con relaciones más fluidas con Gran Bretaña.

VENEZUELA Y NUEVA GRANADA
Durante el siglo XVIII la economía de la capitanía general de Venezuela se había desarrollado significativamente. Sus bases eran las plantaciones productoras de cacao, algodón, tabaco y café (con mano de obra esclava africana) y las haciendas llaneras productoras de bovinos, ovinos y equinos. Desde los últimos años del siglo XVIII y hasta 1810 varios movimientos de propietarios de plantaciones y haciendas cuestionaron el monopolio comercial metropolitano, al que acusaban de ser un obstáculo para el crecimiento de la región. A la vez, luchaban contra la exclusión de los criollos de los principales cargos del gobierno colonial, lo que les impedía cambiar la situación económica subordinada a la metrópoli.

A raíz de la invasión napoleónica de la Península, comerciantes y propietarios de haciendas y plantaciones de la ciudad de Caracas convocaron cabildo abierto y decidieron sustituir al gobierno colonial local por una Junta de Gobierno de 23 miembros, que juró fidelidad a Fernando VII.

Mientras algunas ciudades venezolanas se unieron al movimiento de Caracas, reconociendo la supremacía de la junta de esta ciudad, otras, como Coro y Maracaibo, rechazaron su autoridad e iniciaron la resistencia al nuevo gobierno, lo que dio lugar a un enfrentamiento armado que involucró a todos los sectores de la población.

La Junta de Caracas estableció como primeras medidas de gobierno la libertad de comercio, la prohibición de la trata de esclavos y la abolición de los principales impuestos, al tiempo que enviaba delegaciones a Estados Unidos y Gran Bretaña con el objeto de lograr el reconocimiento y apoyo de ambas potencias al movimiento independentista. Un Congreso constituido por representantes de todas las ciudades sublevadas declaró la independencia en julio de 1811 y redactó una primera constitución, que proclamaba la forma republicana y federal de gobierno (la Primera República). Sin embargo, al margen del proceso emancipador, graves conflictos sociales dividían a Venezuela.

Los grupos sociales inferiores (mulatos, llaneros y esclavos) advirtieron de inmediato que las formas de exclusión colonial se mantenían, por lo que muchos se unieron a las fuerzas realistas del capitán Domingo Monteverde, que derrotaron a las huestes revolucionarias de Simón Bolívar. La primera experiencia republicana tocó a su fin en 1812.

No obstante, algunos líderes republicanos continuaron el movimiento emancipador y, con el apoyo de revolucionarios de Nueva Granada, recuperaron Caracas en 1813. Este éxito militar convirtió a Bolívar en el líder indiscutido del proceso independentista. En 1814 se constituyó la Segunda República, que decidió no adoptar la Constitución de 1811, sino instaurar un nuevo gobierno de tipo presidencialista (con poderes centralizados en una sola persona). Pero los grupos realistas de Caracas lograron imponerse y derrotar a la Segunda República, tras lo cual Bolívar emigró a la colonia británica de Jamaica, se restableció el gobierno español y la mayor parte de los revolucionarios fueron ejecutados.

Con el apoyo de voluntarios británicos reclutados en Jamaica y de la nueva república de Haití, en 1819 Bolívar estableció un gobierno revolucionario en la ciudad de Angostura, después de comprometerse a entregar tierras a quienes lo apoyaran, liberar a los esclavos y permitir la participación de los mulatos en el ejército y de los llaneros en el gobierno. Posteriormente, Bolívar venció a los ejércitos realistas en Boyacá (1819) y en Carabobo (1821), liberando a las actuales repúblicas de Venezuela y Colombia, y se dirigió hacia el sur para completar la independencia del resto de las colonias sudamericanas. El Libertador entró entonces en contacto con las fuerzas revolucionarias que, con el mismo objetivo, ascendían hacia el norte desde el Río de la Plata, el otro foco de los movimientos revolucionarios de la América española.


EL RÍO DE LA PLATA
Cuando llegaron al Río de la Plata las noticias de la invasión napoleónica de la Península, los habitantes de la ciudad de Buenos Aires, organizados en milicias criollas, convocaron cabildo abierto (mayo de 1810), del cual surgió una Junta de Gobierno. Esta destituyó al virrey e invitó a todas las provincias del virreinato a sumarse a ella para formar la Junta Grande.

Algunas ciudades se sumaron de inmediato a los revolucionarios de Buenos Aires, pero otras, como Córdoba, Asunción del Paraguay, Montevideo, Santiago de Chile y diversas ciudades del Alto Perú, se declararon contrarias al gobierno revolucionario. Se iniciaron así las llamadas guerras de Independencia. Unos meses después, en septiembre de 1810, el cabildo abierto de Santiago de Chile destituyó también a las autoridades españolas.

Uno de los principales focos de resistencia contra los independentistas fue la provincia de la Banda Oriental (actual Uruguay), a pesar de que en 1811 había rechazado la autoridad española y había aceptado a la Junta de Gobierno instalada en Buenos Aires. El rechazo uruguayo era debido a la exigencia del líder oriental José Gervasio Artigas, receloso ante un posible centralismo bonaerense, de establecer un gobierno en el que todas las provincias del antiguo virreinato participaran en igualdad de condiciones.

En plena guerra contra las fuerzas realistas, entre mayo de 1810, en que se inició el movimiento emancipador, y julio de 1816, en que se declaró la independencia, las Provincias Unidas del Río de la Plata ensayaron diversas formas de gobierno: juntas –Primera y Grande–, triunviratos –Primero y Segundo– y directorio. La principal causa de los enfrentamientos internos estribaba en la forma en que las distintas provincias se integrarían en la nueva estructura política y, en consecuencia, qué forma de gobierno resultaba más adecuada.

En 1813 se produjo el primer intento de Asamblea constituyente, en la que no estuvieron representadas todas las instancias políticas del antiguo virreinato. La Asamblea abolió la esclavitud; anuló la encomienda, la mita y el yanaconazgo –las rémoras del trabajo indígena forzoso de los inicios de la época colonial–; adoptó un escudo, bandera y moneda propios, y eliminó el uso de la tortura.

En 1816 se convocó un nuevo Congreso constituyente en la ciudad de Tucumán, al que todas las provincias enviaron representantes, excepto las del litoral. El 9 de julio del mismo año, el Congreso declaró la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el fin de la revolución. Declarada la independencia, el gobierno de Buenos Aires se dedicó, por un lado, a desarrollar una constitución y una forma de gobierno para la nueva república del Plata y, por el otro, a expandir la revolución en el resto del continente, bajo el liderazgo de José Francisco de San Martín. Este, al igual que Bolívar, proponía una guerra continental. En 1818, San Martín se dirigió hacia Chile a través de la cordillera de los Andes. Allí declaró la independencia del territorio, para luego dirigirse, por vía marítima, hacia el último y más activo foco de resistencia realista, Perú, donde sus fuerzas confluyeron con las de Bolívar, que avanzaba hacia el sur desde Venezuela. Los realistas fueron derrotados por las fuerzas conjuntas en la batalla de Pichincha, en territorio ecuatoriano. En julio de 1822, Bolívar y San Martín se reunieron en Guayaquil (Ecuador), en una entrevista que ha sido interpretada por los historiadores como el momento en que se decidió que el líder supremo de las fuerzas independentistas sería Bolívar.

En diciembre de 1824, después de quince años de guerras continuadas, el último mandatario español de América del Sur (el virrey de Perú, José de la Serna e Hinojosa) cayó derrotado en la batalla de Ayacucho, con la que se conseguía la independencia de la mayor parte de Latinoamérica.


MÉXICO
A raíz de la invasión napoleónica de España, el cabildo de la ciudad de México solicitó al virrey una reunión de representantes de todas las ciudades del virreinato de Nueva España, que seguía siendo la colonia más rica y más importante de la corona española. Las ciudades propusieron que, ante la ausencia del rey, la autoridad pasase a los cabildos (institución de gobierno colegiado de las ciudades), lo cual fue considerado por los realistas no solo como una traición a la monarquía sino como una grave insubordinación contra las jerarquías coloniales. Finalmente, el virrey fue destituido y reemplazado.

La crisis política propició el estallido de conflictos sociales hasta entonces latentes, derivados de la fragmentación de la sociedad mexicana, dividida en grupos sociales enfrentados (españoles, criollos, mestizos, indígenas y esclavos). La rebelión social y política de los grupos sociales inferiores, dirigida por el cura Miguel Hidalgo, planteó la supresión del tributo indígena, la abolición de la esclavitud, la devolución de las tierras a los indígenas y la declaración de independencia. A pesar de la gran resistencia que ofrecieron, las fuerzas de Hidalgo fueron derrotadas por el ejército realista, que contó con el apoyo de no pocos criollos, alarmados por las reivindicaciones sociales de los revolucionarios.

Posteriormente, la dirección del movimiento revolucionario fue asumida por el sacerdote José María Morelos y Pavón, quien, a las demandas de Hidalgo, añadía la exigencia de un gobierno parlamentario y la supresión de la legislación que excluía del gobierno a los indígenas. Aunque tampoco contaron con el apoyo de la mayoría de los criollos, los revolucionarios lograron controlar la ciudad de Acapulco, donde convocaron un Congreso (1813) que declaró la independencia de México. Morelos asumió el poder ejecutivo, pero, poco después fue derrotado y fusilado.

Las reformas políticas españolas que condujeron a la convocatoria de las Cortes y a la aprobación de la Constitución de 1812 fueron apoyadas por los criollos de Nueva España, que enviaron a sus representantes a Cádiz. Estos protestaron contra el hecho de que los territorios coloniales siguieran siendo considerados por España solo una fuente de ingresos, pero todas sus demandas fueron rechazadas por las Cortes.

En 1821, la aristocracia criolla, dirigida por Agustín de Iturbide, se puso al frente del movimiento independentista. Pocos meses después de que una parte del ejército español se pasara al bando revolucionario, se hundió la resistencia realista. Por el tratado de Córdoba (24 de agosto), el virrey Juan O'Donojú acordó con Iturbide la independencia de México.


INDEPENDENCIA DE BRASIL


A finales del siglo XVIII comenzaron en Brasil movimientos de rebelión en contra de la política colonial portuguesa. Esta se basaba en el monopolio comercial –con excepción del comercio con Gran Bretaña, aliada de Portugal–, en la exclusión de los criollos del gobierno colonial, en el control de las tierras por unas pocas familias de portugueses nacidos en Brasil (descendientes de los primeros colonizadores) y en la esclavitud, que alcanzaba al 80% de la población.

Dos movimientos precursores de la independencia fueron el de Minas Gerais (1788), liderado por propietarios y profesionales liberales criollos, que comenzaron reclamando un descenso de los impuestos para acabar luchando por la independencia, y el de San Salvador de Bahía (1798), dirigido por artesanos e intelectuales, a los que se sumaron libertos y esclavos. En este caso, las reivindicaciones eran la independencia del territorio, la instauración de un gobierno republicano, la libertad de comercio y la abolición de la esclavitud.

Tras la invasión napoleónica de Portugal, con la ayuda de Gran Bretaña los reyes se instalaron en Brasil, donde intentaron poner en práctica un conjunto de reformas políticas, económicas y sociales que neutralizasen el descontento existente. Sin embargo, estas medidas dejaron intacto el sistema de privilegios que separaba a los portugueses metropolitanos del resto de la sociedad colonial.

En 1817 estalló un nuevo foco de rebelión en Pernambuco, liderado por algunos miembros del ejército, al que se sumaron plantadores y artesanos. Solicitaban la proclamación de una república independiente. Fueron derrotados y fusilados.

La situación cambió cuando el rey regresó a Portugal (1821), debido a la exigencia del Congreso de Viena, que se negó a restaurar la monarquía en la metrópoli si el monarca no se trasladaba a Europa. El príncipe Pedro I asumió la regencia en Brasil y se negó a volver a Portugal, por lo cual fue acusado de traición. Ante ello, los brasileños declararon la independencia (1822), proclamaron emperador a Pedro I y aprobaron una Constitución (1824) que adoptaba la monarquía parlamentaria como gobierno.


ORGANIZACIÓN DE LAS REPÚBLICAS


A finales del primer cuarto del siglo XIX la mayor parte de la América española había declarado su independencia de la metrópoli y había realizado algún ensayo de organización institucional. Sin embargo, hasta finales de la primera mitad del siglo XIX las nuevas repúblicas de Latinoamérica no lograron adoptar un tipo de gobierno y una constitución nacional más o menos estables.

MÉXICO
En 1824 México sancionó su primera Constitución. Esta, como la mayor parte de las constituciones de las otras repúblicas, fue modificada varias veces por los problemas derivados de la integración de los distintos territorios. Tras un primer intento de instaurar un gobierno monárquico, se estableció un sistema republicano y federal.

Diversos alzamientos militares –1828, 1829, 1830, 1832 y 1833– consiguieron que el Congreso adoptara una nueva Constitución (1836), más centralista y con un mandato presidencial de ocho años. En 1843, esta Constitución fue reemplazada por otra, también centralista pero con restricción de los poderes presidenciales. Un nuevo levantamiento armado reinstauró la Constitución de 1824 hasta 1853, en que Antonio López de Santa Anna decidió gobernar sin constitución.


EL RÍO DE LA PLATA
En el extremo meridional del continente, las Provincias Unidas del Río de la Plata afrontaron similares dificultades. Uruguay, Paraguay, Bolivia y Chile se independizaron en los primeros años posteriores a la proclamación de la independencia.

La Constitución de 1816, sancionada por el Congreso que declaró la independencia, fue reemplazada por la de 1819, a su vez rechazada por su carácter fuertemente centralista. En 1824, un nuevo Congreso en Buenos Aires sancionó la Ley Fundamental –cada provincia se regiría por su propia Constitución hasta que se aprobara una nueva, y Buenos Aires asumiría las relaciones exteriores de las Provincias Unidas– y la Ley de Presidencia, que creó el cargo de presidente de la República. En 1827, este cargo fue suprimido.

Desde entonces, las provincias se mantuvieron unidas por el pacto Federal de 1831 y delegaron en Buenos Aires las relaciones exteriores. Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires, se enfrentó a numerosos conflictos con las provincias del litoral. En 1850, el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, lideró un movimiento opositor que derrotó a Rosas (1852), organizó la Confederación Argentina, nacionalizó las rentas de aduana, declaró la libre navegación de los ríos y convocó un nuevo Congreso constituyente. Buenos Aires se separó de la Confederación, la cual, en 1853, estableció su capital en la ciudad de Paraná (Entre Ríos). En 1861, Buenos Aires se impuso militarmente a la Confederación, tras lo cual se instituyó un régimen presidencialista y se constituyó un Estado centralista, con capital en Buenos Aires.


 
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