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¿Qué es el gas natural?
 
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 UN RECURSO LIMPIO Y PRECIADO Imprimir Enviar Guardar
 
  Tanques de almacenamiento de gas natural.
El gas natural es un combustible formado por una mezcla de hidrocarburos, compuesta sobre todo por metano (hasta un 85 %) además de otras cantidades más pequeñas de etano, propano y butano, que se encuentra de forma natural en yacimientos geológicos subterráneos. El gas natural se utiliza en la misma forma en que se encuentra en la naturaleza, por lo que se considera una fuente de energía primaria no renovable. No obstante, el gas natural sí que es depurado para garantizar su óptimo aprovechamiento. Así, se eliminan algunos componentes que lo acompañan, como el dióxido de carbono, el ácido sulfhídrico o el nitrógeno. Durante su combustión, emite una llama azulada y sin humo, y solo desprende dióxido de carbono y agua.

UN COMBUSTIBLE FÓSIL
El gas natural es un combustible fósil como el carbón o el petróleo, por tanto procede de materia orgánica de origen terrestre y marino producida hace millones de años que sufrió grandes procesos de transformación y descomposición en un ambiente sin oxígeno, encerrada en formaciones geológicas. Este ambiente causó la generación de metano gracias a la acción de las bacterias anaeróbicas que toman parte en la putrefacción. La mayor parte de este gas llega a la superficie de la Tierra y se dispersa en la atmósfera. Sin embargo, puede quedar retenido en su migración ascendente en trampas geológicas, que acaban convirtiéndose en grandes yacimientos.

UN RECURSO REDESCUBIERTO
A pesar de que el gas natural es una fuente de energía tan notable como el petróleo y se conoce desde la antigua China, históricamente siempre se consideró un desecho de la extracción petrolífera con aplicaciones restringidas. No ha sido hasta los últimos años del s. XX en los que se ha convertido en una de las claves del consumo energético mundial debido a la mejora de las tecnologías y al redescubrimiento de su gran potencial como suministro energético. Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) de 2014, la producción mundial de gas natural alcanza los 3.370 miles de millones de metros cúbicos y Estados Unidos es el máximos productor, con una participación de 20,40 %, seguido de Rusia (17,95 %), Irán (4, 94%), Qatar (4,70 %) y Canadá (4,59 %).

¿CÓMO SE EXTRAE?
La explotación e industrialización del gas natural está formada por tres sectores diferenciados: producción, transporte y distribución. El primero de ellos se basa en trabajos de prospección y perforación. Estos son muy similares a los del petróleo, aunque resultan mucho más fáciles de realizar ya que el gas se mueve con mayor facilidad entre los poros y fracturas de las rocas, y no se adhiere a los minerales como el crudo.

La extracción sigue estos pasos: la prospección supone la inspección de las formaciones geológicas que pueden contener bolsas de gas mediante métodos sismológicos (como explosiones provocadas, cuyo eco señala la estructura interna de los estratos); después, se recoge la información y se procede a introducir una sonda mediante la perforación de la roca gracias a altas torres metálicas de varias decenas de metros de altura. Esa sonda facilita la obtención de datos sobre la composición química y la presión de los gases, además del volumen de reservas del yacimiento y la posibilidad de éxito de la extracción.


DETALLES DE LA EXTRACCIÓN
Los yacimientos pueden estar formados por gas únicamente, aunque lo más habitual es que esté mezclado con hidrocarburos en pozos petrolíferos. Durante la extracción se debe evitar que el gas escape o se mezcle con agua, y además, se limpia de los hidrocarburos más pesados, como butano o propano, y de gases sin capacidad energética, como el nitrógeno o el dióxido de carbono. El gas restante, conocido como gas seco, es el que se usará en aplicaciones domésticas o industriales como combustible. Por su parte, el propano y el butano se comercializarán como gases licuados. Esta forma de extracción conforma el 95 % del gas natural consumido en todo el mundo; no obstante, hay una pequeña parte que se produce en plantas industriales por calentamiento de carbón, por reacción de vapor e hidrógeno o por procesos de descomposición de restos orgánicos como basuras.

¿CÓMO SE TRANSPORTA?
Una vez producido, el gas debe ser transportado a las plantas de tratamiento para su posterior distribución. El transporte o trasmisión de gas natural resulta mucho más complicado que el de los hidrocarburos. Esto se debe a que su almacenamiento en cantidades importantes requiere de grandes presiones y bajas temperaturas para que el gas no se disperse. Por tanto, se necesitan refrigeradores, compresores y tanques aislados o con paredes resistentes a las bajas presiones. Parte de este problema se puede solucionar con enormes barcos dotados de grandes tanques de almacenamiento que, a temperaturas casi criogénicas, portan gas en forma licuada, es decir, que ha sido procesado para ser transportado en forma líquida. No obstante, las principales vías de transporte son los gasoductos internacionales.

LOS GASODUCTOS
Los gasoductos conforman una conducción de tuberías de acero que sirven para transportar gases combustibles a gran escala y a elevadas presiones (sobre los 72 bar). Estas tuberías se construyen enterradas a una profundidad habitual de uno o dos metros. La gestión de estos gasoductos resulta más costosa que la del petróleo a través de oleoductos. Para evitar problemas de dispersión y posibles accidentes, en los gasoductos se coloca un gran número de válvulas de seguridad para cortar el suministro en caso de fuga. El gasoducto más largo del mundo está gestionado por la Corporación Nacional Petrolera de China (CNPC) y recorre el país asiático de oeste a este (con 8.704 kilómetros de canalizaciones) entre la frontera china con Kazajstán y las ciudades costeras de Shanghai, Cantón y Hong Kong.

EL TRATAMIENTO Y LA DISTRIBUCIÓN DEL GAS NATURAL
Tras ser transportado, el gas es conducido a las plantas de procesamiento y regasificación, donde el gas se limpia de contaminantes como el agua, el azufre y otras impurezas. En caso de que sea gas licuado, se calienta para devolverlo al estado gaseoso. Además, se le añade mediante compuestos odorantes un olor característico, similar al gas de carbón, para que pueda ser detectado en caso de escape. Después, se procede a su distribución mediante conducciones a gran presión, con una velocidad media de 24 km/h.

Para garantizar la seguridad de las conducciones se utilizan estaciones de comprensión que restablecen la presión pérdida por rozamiento o por los servicios prestados en los núcleos urbanos. Para llevar el gas hasta los hogares y comercios, es preciso bajar la presión de transporte hasta límites razonablemente seguros (alrededor de 12 bar) en acometidas cada vez más pequeñas. Estas redes de conductos permiten que las empresas comercializadoras puedan hacer llegar a los consumidores finales el gas en las condiciones más adecuadas.


RESERVAS PARA PUNTAS DE CONSUMO
Por otro lado, en épocas de frío intenso el elevado consumo energético derivado de las instalaciones de calefacción puede superar la oferta de la red de distribución de gas habitual. En ese caso se utilizan los almacenes de grandes cantidades de gas. En estas reservas, el gas es bombeado en los meses de verano en instalaciones de almacenamiento ubicadas en el subsuelo en antiguos yacimientos, o bien es inyectado en acuíferos profundos, bajo la superficie de amplios campos o en cavidades en formaciones salinas. Así, el gas está preparado para ser utilizado durante los meses de invierno.

¿PARA QUÉ SE USA?
Los usos más habituales del gas se dividen en tres ámbitos: los usos domésticos, las aplicaciones industriales y la producción de energía. En cuanto al primero, las aplicaciones domésticas del gas natural más importantes son las siguientes: el agua caliente sanitaria, la calefacción, la cocción de alimentos y los denominados gasodomésticos, equivalentes a los electrodomésticos pero con gas como fuente de energía (cocinas, hornos, calentadores, chimeneas, secadoras, etc.). El uso de estos aparatos supone un gran ahorro económico respecto a los aparatos que funcionan con energía eléctrica. Además, las instalaciones de gas natural en el hogar también resultan más baratas y seguras que las de gasóleo, propano o butano, carbón o fuel.

EL GAS EN LA EMPRESA
En el ámbito industrial, el uso del gas natural garantiza una serie de beneficios para el empresario como un suministro continuo, la ausencia de impurezas y la facilidad de regulación y automatización. Por tanto, es el combustible perfecto para las aplicaciones en las que se necesita un calentamiento directo, como, por ejemplo, en los hornos de la industria cerámica y del vidrio, en el tratamiento térmico y la fundición de metales y en procesos de la industria textil o alimentaria que necesitan calor o vapor.

Asimismo, el gas natural juega en la industria química un doble papel: como fuente de energía y como materia prima en numerosos procesos de los cuales se obtiene hidrógeno, metanol, amoníaco, acetileno y otros productos, que pueden ser la materia prima para fabricar otros compuestos. Por último, en el sector terciario el gas se utiliza en sistemas de climatización y calefacción, en instalaciones de agua caliente sanitaria y para la cocción y preparación de alimentos en cocinas.


LA PRODUCCIÓN DE ENERGÍA
En la generación de energía eléctrica, el gas natural resulta muy beneficioso. Se usa en un procedimiento conocido como cogeneración por el cual se genera energía eléctrica mediante turbinas a gas y se aprovecha el calor emitido para calefacción y agua caliente. En las centrales de ciclo combinado, la generación de electricidad se realiza primero en un turboalternador alimentado por turbina a gas y después en un turboalternador accionado por turbina a vapor. El vapor se genera con el calor producido en las turbinas a gas; el resultado es un rendimiento energético que puede superar el 50 %.

Asimismo, el gas también se utiliza para la producción de frío, mediante los sistemas de compresión y de absorción. Por último, una de las más recientes aplicaciones del gas natural es que puede ser empleado para producir hidrógeno, que es utilizado en unos vehículos de combustible alternativo que utilizan hidrógeno diatómico como fuente primaria de energía para propulsarse.


GAS NATURAL Y MEDIO AMBIENTE
Durante años se ha considerado el gas natural como un combustible limpio debido a que genera una gran energía emitiendo pocas cantidades de gases de efecto invernadero (mucho menores que las de otros combustibles fósiles, alrededor de un 30 o 40 % menos) y además requiere de un escaso tratamiento químico previo, lo que genera menos desechos. Además, es un combustible de gran versatilidad que se usa en muchos ámbitos industriales, contiene menos contaminantes como el azufre, resulta fácil de limpiar porque no produce humos ni cenizas y se quema con mayor rendimiento en centrales eléctricas que el carbón y el petróleo. Esto ha permitido que se considere como una alternativa sostenible frente a otras fuentes de energía más contaminantes como los carbones o los derivados del petróleo.

Por otro lado, el gas natural cuenta con un precio competitivo, en comparación con otras fuentes de energía como el gasóleo, el gas propano o la electricidad. Además, como su quema es mucho más limpia que la de otros combustibles, facilita el cumplimiento de las normas ambientales internacionales. De hecho, su contribución a fenómenos atmosféricos causados por la contaminación como el smog es mucho menor que la de la gasolina, por ejemplo, ya que las moléculas de metano tienen una reactividad menor que los hidrocarburos responsables de este fenómeno. Por último, la existencia de yacimientos poco explotados aumenta el valor de la extracción del gas natural.


CRÍTICAS MEDIOAMBIENTALES
Pese a que el gas natural produce una menor cantidad de CO2 que otros combustibles, la gestión del gas natural presenta algunas desventajas que son criticadas por los ecologistas. La principal es que el metano que contiene es un gas invernadero también muy potente y fundamental en el calentamiento del planeta, ya que absorbe mucho más calor que otros gases. De hecho, se calcula que una molécula de metano contribuye al efecto invernadero unas 20 veces más que una de dióxido de carbono. Otro problema es que el gas permanece en la atmósfera durante un tiempo debido a su baja reactividad (pasados 12 años, permanece más de un tercio del gas), a pesar de que tiene una vida relativamente corta en comparación a otros gases como el CO2.

Otra desventaja del gas es que ocupa mucho más espacio que un líquido o que un sólido (por ejemplo, bajo presión atmosférica ocupa cerca de un millar de veces más espacio que la misma masa de gasolina), por lo que, para almacenarlo, es obligatorio comprimirlo a presiones muy altas, lo que provoca que sea muy peligroso en caso de accidente. También puede ser licuado a temperaturas bajísimas, lo cual supone también elevados gastos energéticos adicionales.

Por último, los frecuentes escapes de gas debido a la mayor actividad crean problemas serios en el entorno, tanto si estos ocurren en los yacimientos de extracción o durante la distribución en los gasoductos y centros de producción e, incluso, en los hogares. Según un informe de 2004 de la Sociedad Química Internacional, la cantidad de gas natural que se escapa a la atmósfera antes de ser quemado se sitúa entre el 2 y el 4 %.


 
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