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ENTENDER EL MUNDO/ARTÍCULOS TEMÁTICOS
Años 60, los tiempos estaban cambiando
 
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 UNA DÉCADA DE SUEÑOS
Y REBELDÍA
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  La marcha sobre Washington de 1963 fue el punto culminante de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos.
La década de 1960 fue una etapa pletórica en cuanto a transformaciones sociales, políticas y de pensamiento. Ayudada por una excelente coyuntura económica y un tenso panorama político mundial, fue un momento de revoluciones y de deseos de cambio en diversos países, de movimientos juveniles y protestas sociales que obtuvieron una repercusión nunca antes vista en todo el planeta a pesar de que muchos de estos procesos no consiguieron llegar a buen puerto. A continuación, analizaremos el clima de agitación de los 60 en cinco ámbitos fundamentales: los contextos político, sociológico y cultural, además de una selección de los hitos históricos más señalados y un repaso a la situación española. Con ello, se pretende ofrecer un panorama de las grandes contribuciones de la década, cuya influencia ha persistido con posterioridad.

EL CONTEXTO POLÍTICO: LA GUERRA FRÍA
Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, tras períodos de confrontación bélica normalmente se abrían etapas de pacifismo más o menos duraderas. Esta alternancia entre guerras y períodos de paz había sido una constante hasta el final de la II Guerra Mundial. Sin embargo, después de esta contienda mundial la imposibilidad de hallar puntos de acuerdo entre los bloques ganadores (el liberalismo occidental y el comunismo soviético) y su profundo antagonismo político y económico causaron una situación de permanente estado de confrontación. Ambas corrientes habían eliminado la amenaza del fascismo tras la guerra pero no su desconfianza mutua, lo que generó una tensión entre las dos grandes potencias mundiales, Estados Unidos y la URSS, que se conoció como Guerra Fría, término acuñado por el periodista estadounidense Hebert B. Swope.

EL JUEGO ENTRE POTENCIAS EN LOS 60
La década de 1960 estuvo marcada por esta tensa relación diplomática, de continuo hostigamiento aunque sin enfrentamientos bélicos directos. En esta época, en lugar de armas convencionales, las dos potencias mundiales usaban otras más sofisticadas, ocultas y estratégicas. Algunas de estas argucias eran una activa red de espionaje y agencias de inteligencia, una compulsiva acumulación de arsenal nuclear para intimidar al contrario, una política de intervención en conflictos regionales para minar los intereses del rival (como la crisis de Cuba o la guerra de Vietnam), una carrera por la conquista tecnológica del espacio, una activa propaganda política destinada a ensalzar los valores patrios y atacar al contrario, etc. La clave era no dar un paso en falso que provocase el ataque del rival pero a la vez impedir que el enemigo incrementase su poder.

El momento más delicado se vivió en 1962 con la crisis de los Misiles de Cuba (que trataremos más adelante) aunque, una vez superada, se abrió una nueva etapa más distendida entre las dos potencias, simbolizada por el teléfono rojo (la línea directa entre ambos gobiernos) y las conferencias bilaterales, en las que se pactó respetar la soberanía restringida de cada Estado, por lo que ninguno de los dos países podía inmiscuirse en los asuntos internos de las zonas de influencia de cada uno.


EL CONTEXTO SOCIOLÓGICO: LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA
La década de 1960 supuso la definitiva recuperación de los países que tomaron parte en la II Guerra Mundial. Además de las potencias ganadoras y sus países afines, también estados que perdieron la contienda, como Japón, Alemania e Italia, experimentaron un gran crecimiento económico gracias a sus ajustados planes de desarrollo, el aumento de la productividad y la colaboración internacional. En Estados Unidos, los 60 fueron los años en los que se retomó el estado del bienestar y la conciencia de superioridad mundial que conllevaba ser el país más rico del mundo. Gracias a ello, se produjo un auge del consumismo protagonizado por una cada vez mayor clase media que se impuso como el segmento social que mejor encarnaba los valores familiares, sociales y religiosos que debían regir en la década. Hasta que llegaron los jóvenes.

UNA JUVENTUD AIRADA
Las buenas perspectivas económicas fueron de la mano de un movimiento estudiantil, juvenil y contestatario cada vez más agudizado en todo Occidente. A medida que el estado del bienestar se iba imponiendo, emergía entre los jóvenes un espíritu de reconocimiento individual frente a los imperativos sociales, lo que germinó en múltiples vías de expresión: el rechazo a la sociedad materialista, el pacifismo, la pasión por las artes, la conciencia ecológica, la denuncia de la incapacidad política para acabar con las injusticias del mundo, la liberación sexual frente a las obligaciones familiares, la experimentación con las drogas como vía de escape de una realidad agobiante, la amalgama de corrientes políticas (del maoísmo al anarquismo), etc.

En resumen, se produjo una situación de euforia ideológica en materia de liberación individual y respeto al prójimo como respuesta a un mundo inmovilista y extremadamente hostil. Esta corriente revolucionaria tuvo como manifestaciones sociales principales el movimiento hippie inmortalizado en festivales como Woodstock; la contracultura representada por artistas alternativos como Bob Dylan, Jimi Hendrix o William Burrouhgs, cuyos valores luchaban contra los establecidos por la sociedad; y los nacientes movimientos reivindicativos de los derechos de las minorías y los desasistidos como los afroamericanos, los hispanos, las mujeres, los homosexuales o los refugiados.


EL CONTEXTO CULTURAL: LA ECLOSIÓN DE LA CULTURA POPULAR
En el ámbito cultural más general, la década de 1960 fue la época en la que la cultura popular adquirió un carácter universal, que podemos rastrear aún en nuestra vida diaria. Por cultura popular o pop se entiende aquella que es emanada por círculos fuera de las élites o los poderes oficiales y que se vuelve masiva gracias a los medios de comunicación. En la década de 1960, la proliferación de la televisión, las cadenas de radio y la diversificación de la prensa fueron las bases del triunfo de la cultura pop en Occidente. Favorecieron el auge de la música pop-rock (The Beatles, The Rolling Stones, The Beach Boys, etc.), el fenómeno fan (jóvenes que se identificaban con sus ídolos de una forma pasional nunca vista antes), el triunfo de la publicidad como lenguaje autónomo, la llegada del merchandising (objetos promocionales que funcionaban como reclamo comercial), el auge del cómic (sobre todo de los superhéroes de la Marvel), el boom del cine y la literatura de géneros populares (el terror, la ciencia ficción o el policiaco), la llegada del grafiti, etc.

EL POP ART Y LOS NUEVOS CINES
No obstante, todas estas corrientes surgidas de las clases populares iniciaron un camino inverso y llegaron a la alta cultura mediante dos vías principales: el pop art y las nuevas olas cinematográficas. Representado por Richard Hamilton, Andy Warhol o Roy Lichtenstein, el pop art contemplaba el arte como una reutilización de iconos comunes, populares y publicitarios (viñetas de cómic, botellas de refrescos, retratos de famosos, etc.) dentro de un contexto de arte noble. Pretendían dotar de prestigio a la cultura de la publicidad de masas. Los 60 también fueron los años de eclosión de los nuevos cines en todo el mundo (la francesa nouvelle vague, el free cinema británico, la escuela de Nueva York, el nuevo cine alemán, etc.). Todos ellos se caracterizaron por comprometerse con la realidad, utilizar iconos actuales y rendir tributo al cine popular estadounidense.

LOS MOMENTOS HISTÓRICOS MÁS RELEVANTES
La década de 1960 fue un período agitado, de gran confrontación internacional y repleto de hitos políticos e históricos incuestionables: la descolonización de numerosos países africanos, la guerra de Argelia, la construcción del muro de Berlín, la guerra indo-china, los asesinatos de John Fitzgerald Kennedy y de Martin Luther King, la revolución cultural china, el golpe de los coroneles de Grecia, la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) o la guerra de los Seis Días son solo algunos de los hechos más destacados del período. No obstante, hay tres acontecimientos históricos que alcanzaron un gran protagonismo mediático en su momento y que analizaremos de forma más detallada a continuación: los efectos de los mandatos de los presidentes estadounidenses del Partido Demócrata (Kennedy y Johnson), el Mayo de 1968 y la Primavera de Praga.

EL LEGADO DE KENNEDY Y JOHNSON
El inicio de la década de 1960 en Estados Unidos coincidió con el regreso al poder de los demócratas gracias al triunfo electoral de John Fitzgerald Kennedy, quien logró seducir a buena parte de los ciudadanos estadounidenses con su lema de una “Nueva Frontera” para superar los retos del momento. Su triunfo supuso la superación de los modelos conservadores de la década de 1950, marcados por un férreo liberalismo. Así, durante el mandato de Kennedy y de su sucesor, Lyndon Baines Johnson, se multiplicaron los medios del estado del bienestar para mitigar las desigualdades sociales.

De hecho, fue la época del nacimiento de las reivindicaciones sociales modernas: la lucha contra la segregación de la minoría negra (liderada por activistas como Martin Luther King o Malcolm X), el avance social del feminismo (con la obra de la escritora Betty Friedan a la cabeza) o los primeros movimientos de protesta en favor de los homosexuales (gracias a las manifestaciones causadas por el desalojo del bar neoyorquino Stonewall en 1969). A su vez, fue una época de ferviente propaganda política, alimentada por la creciente cobertura televisiva; de un febril aumento del consumo, causado por la bonanza económica y la baja tasa de paro; y, por último, de grandes avances científicos, con la llegada a la Luna en 1969 como colofón.


AL BORDE DE LA III GUERRA MUNDIAL
Al margen del asesinato de Kennedy en Dallas en 1963, los puntos negros de la política estadounidense de los 60 fueron la gestión de la crisis de los Misiles de Cuba y la guerra de Vietnam. El primer tema fue el episodio más crítico de la Guerra Fría y fue causado en octubre de 1962 por la decisión de la URSS de instalar misiles de alcance medio en la Cuba socialista de Fidel Castro. Temiendo por la seguridad de su país ante un posible ataque ruso, Kennedy amenazó al régimen de Moscú y durante unas tensas jornadas la posibilidad de una III Guerra Mundial estuvo muy cerca. Finalmente, el conflicto se suavizó, los misiles nunca se instalaron, Estados Unidos se comprometió a no invadir Cuba y las relaciones entre ambas naciones entraron en una época de coexistencia pacífica.

LA GUERRA DE VIETNAM
Si hay un conflicto que quedó fijado en el imaginario estadounidense durante años, ese fue la guerra de Vietnam, un conflicto bélico que enfrentó entre 1964 y 1975 al régimen comunista de Vietnam del Norte con el capitalista de Vietnam del Sur, apoyado por las tropas de Estados Unidos desde 1965. El envío continuo de efectivos militares estadounidenses, las denuncias de abusos contra la población civil, las escalofriantes imágenes que ofrecía la televisión de la guerra (fue la primera guerra mediática), las múltiples bajas entre las tropas norteamericanas desplazadas (más de 58.000) y la imposibilidad de frenar el avance de la guerrilla del Vietcong generaron en Estados Unidos un masivo movimiento popular contrario a la guerra. Esta corriente de protesta sumó la indignación de las clases medias por el desastre bélico con la insatisfacción de los sectores progresistas ante las injusticias sociales y los desmanes imperialistas. Finalmente, la guerra acabó en 1974 con la victoria del Norte y pasó a la historia como la confrontación más larga en la que ha participado Estados Unidos y una de las más traumáticas.

EL MAYO FRANCÉS
La oposición a la guerra de Vietnam fructificó en todo el mundo y en concreto en Francia se sumó a la insatisfacción juvenil ante una década de profundo conservadurismo debido a las políticas restrictivas de Charles de Gaulle. Todo ello provocó un clima revolucionario que explotó en una revuelta estudiantil en París en mayo de 1968, que fue apoyada por sectores obreros y grupos comunistas. Este movimiento se caracterizó por su lucha contra todo poder establecido y las convenciones sociales. Los conflictos internos entre las diversas facciones de los jóvenes insurrectos, la dura represión policial y el triunfo final de De Gaulle en las elecciones legislativas de junio acabaron con el proceso revolucionario en apenas un par de meses. No obstante, muchos de los ideales del Mayo francés cristalizaron después en los movimientos socialdemócratas europeos.

LA PRIMAVERA DE PRAGA
En el bloque socialista, también se produjo en 1968 un proceso revolucionario lleno de ilusión y de esperanzas de cambio. Conocido como la Primavera de Praga, tuvo lugar en Checoslovaquia gracias a la llegada al poder del reformista Alexander Dubček como secretario del Partido Comunista checoslovaco en enero de 1968. Defensor de un “socialismo con rostro humano”, Dubček aprobó una serie de medidas aperturistas como la supresión de la censura, la libertad de expresión y la liberalización del país. Todo ello fue aplaudido por la sociedad checoslovaca, que vio en ella la posibilidad de realizar un proceso democrático nacional alejado de la doctrina de Moscú.

No obstante, este giro fue muy criticado por otras fuerzas del Pacto de Varsovia. Finalmente, las intransigentes autoridades soviéticas enviaron en agosto a Checoslovaquia a sus tropas, que invadieron el país y, pese a la gran resistencia popular que encontraron, aplacaron el movimiento y sustituyeron a los dirigentes checoslovacos por otros pertenecientes al sector más duro del comunismo. A pesar de la derrota, la Primavera de Praga dejó una huella evidente en todo el mundo debido a la gran repercusión que tuvo. La principal consecuencia se produjo en el seno del comunismo en Europa que se apartó de la órbita de Moscú y, sobre todo en España, Francia e Italia, comenzaron a gestar un nuevo movimiento alejado del autoritarismo de Moscú y Pekín, y cercano a un eurocomunismo de naturaleza más socialdemócrata.


LA TECNOCRACIA FRANQUISTA
Y mientras tanto, ¿qué pasaba en España? A pesar del forzado aislamiento internacional causado por el franquismo, España no fue ajena al clima de cambios que invadía a Occidente en la década de 1960. La llegada al gobierno en 1957 de un grupo de tecnócratas (economistas alejados del mundo militar falangista, capitaneados por Laureano López Rodó) resultó fundamental para el país ya que introdujeron una serie de reformas de gran valor: fomentaron el movimiento migratorio hacia zonas industrializadas, liberalizaron la economía, redujeron el intervencionismo estatal, fomentaron el comercio exterior, devaluaron la moneda, recortaron el gasto público y llamaron la atención de los inversores extranjeros.

EL DESARROLLISMO ESPAÑOL
Gracias a ello, los 60 en España fueron los años del desarrollismo económico: la industria y el turismo experimentaron un auge nunca experimentado hasta entonces, lo que redujo el desempleo y aumentó la riqueza de las familias. Esto supuso la consolidación de la clase media y la eclosión en España de la sociedad de consumo que se materializó en la popularización de los avances tecnológicos (como la televisión y el coche utilitario), las masivas campañas de construcción de viviendas (sobre todo en el Levante y en las grandes urbes) y la introducción de los gustos y modas extranjeras (desde la música pop hasta nuevos hábitos de relaciones sociales). También se produjo una cierta relajación de la censura, que permitió la entrada de filmes y obras antes prohibidas, además de una mejora de la educación.

 
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