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Mesopotamia, de las primeras ciudades
a los grandes imperios
 
 
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 CUNA DE LA CIVILIZACIÓN
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El rey asirio Assurbanipal en un bajorrelieve procedente de Nínive.

Mesopotamia es el nombre de origen griego con el que se bautizó a la zona situada entre los ríos Tigris y Éufrates que, en la antigüedad, abarcaba territorios fértiles de las actuales Siria e Iraq. Esta zona de Oriente Medio fue la cuna de algunos de los primeros asentamientos neolíticos (datados hacia 6500 a.C.), que fueron evolucionando hacia núcleos de campesinos dedicados sobre todo a la agricultura y la ganadería que cubrían sus necesidades básicas con actividades artesanas (carpintería, cerámica y confección de tejidos).

Con la llegada de las tribus de sumerios y semitas a partir del IV milenio a.C., surgen en esta área las primeras ciudades: Kish, Lagash, Nippur, Umma, Ur o Uruk. Estas urbes destacaban ya por su elevada organización, por ejemplo, estaban dotadas de calles y de un rudimentario alcantarillado. Asimismo, sus habitantes se especializaron en profesiones específicas y, en consecuencia, las relaciones económicas, sociales y políticas se hicieron más complejas, al incorporar legislaciones y una revolucionaria escritura. Este fue el origen del fenómeno urbano, que permitió que se pasara de una economía de subsistencia a una de intercambio. De su evolución hacia sociedades más complejas controladas por numerosos pueblos (desde los sumerios hasta los persas) hablaremos a continuación.


LOS PRIMEROS NÚCLEOS URBANOS
Las primeras ciudades mencionadas se situaron en los territorios de la Baja Mesopotamia, o Sumer (sur de Iraq). En este período surgió la cerámica hecha a torno, la fusión del metal, la confección de objetos de cobre y la fabricación de moldes para adobes. La construcción dio en esta época pasos acelerados y se construyeron los primeros templos, como el de Eridu. Los avances a nivel técnico implicaron una mayor acumulación de riqueza. En buena medida, su origen se debió al control del agua, ya que la construcción de canales de drenaje de los ríos y la desecación de las marismas optimizó la fertilidad del territorio y la gestión inteligente de los cultivos. Esto permitió que no todos los habitantes tuvieran que cultivar la tierra para obtener alimento suficiente. En la nueva sociedad urbana sumeria, se instaló la especialización en el trabajo, de modo que nadie era autosuficiente y ello favoreció el comercio (la oferta y la demanda). Asimismo, con la aparición de los primeros templos y las innovaciones técnicas, surgió una casta religiosa y una jerarquía política.

ORGANIZACIÓN DE LAS PRIMERAS CIUDADES
Estas primeras ciudades sumerias del IV milenio eran agrupaciones de casas rodeadas por murallas que ocupaban superficies extensas. Por ejemplo, Uruk cubría una superficie de unos 5 km2 y estaba rodeada por una muralla de unos 9 km de longitud. Alrededor de estas urbes se extendían cultivos drenados y pequeños poblados agrícolas. La interpretación de los restos arqueológicos hallados en estas zonas y la de las primeras escrituras nos han revelado algunos aspectos de la vida y manera de actuar de estos primeros ciudadanos.

LOS TEMPLOS
El centro económico, político y religioso de las ciudades sumerias era el templo. Estos centros religiosos no eran solo un lugar sagrado y de culto, también eran auténticas plantas de producción y administración de riqueza. El templo poseía bienes cuantificables en concepto de tierras. En ellas se cosechaba trigo, uva y sésamo, y abundaba el ganado. Junto al templo había talleres donde se elaboraba cerveza, tejidos, cerámica, objetos de madera y metal o pieles curtidas. También se producía el intercambio de materias primas con otros territorios o ciudades, lo que favorecía un comercio a gran escala.

La tierra propiedad del templo era arrendada a hombres libres a cambio de una parte de la cosecha para su consumo y, en ocasiones, mediante un excedente de productos de los almacenes, a modo de primitivo salario. Estos complejos económicos estaban administrados por los sacerdotes, que organizaban los mecanismos de producción y distribución en paralelo a sus funciones religiosas. El jefe de los sacerdotes era también el jefe político y el administrador general de los bienes y las riquezas del complejo.


LA POLÍTICA Y EL EJÉRCITO
A medida que las ciudades crecieron, surgieron conflictos entre las poblaciones vecinas, sobre todos las controladas por los acadios. El objeto de las disputas era generalmente el dominio de las tierras cultivables. Para defender los intereses propios y garantizar la seguridad de los habitantes, surgió la necesidad de crear los primeros ejércitos y dotarse de una jerarquía distinta. A partir del III milenio a. C., la máxima autoridad sacerdotal, que había regido la vida de las ciudades sumerias hasta entonces, fue sustituida como máximo mandatario por otra figura, el ensi o lugal (términos asociados al concepto de rey).

El ensi era el responsable de defender el territorio de la ciudad, salvaguardar el funcionamiento de los canales y proteger a los sacerdotes del templo. Los religiosos abastecían al rey de riquezas y proiedades para mantener al ejército, a los ayudantes del monarca y a su familia. La acumulación de los excedentes agrícolas permitió la creación de más oficios cada vez más especializados, la pervivencia de la casta religiosa y, por último, la aparición del ejército. Este modelo puso las bases del funcionamiento de las ciudades de los reinos e imperios del futuro.


NUEVOS IMPERIOS Y CONFLICTOS BÉLICOS
Las nuevas ciudades independientes de Oriente Medio surgidas del modelo sumerio y acadio del III milenio a.C. muy a menudo aspiraron a controlar la región para imponer su dominio político y cobrarse tributos de conquista. Este modelo derivó en que estas poderosas urbes, como Ur durante la III dinastía o la posterior Babilonia durante el reinado de Hammurabi (1792 - 1750 a.C), se convirtieran en auténticos imperios. Las ciudades que conquistaban pasaban a ser gobernadas por un delegado del rey que se encargaba de la recaudación y la justicia en el territorio. Estos delegados territoriales estaban en contacto con el rey a través de los escribas que salvaguardaban el sistema administrativo.

Un ejemplo de este modelo imperial lo protagonizaron los reyes asirios que impusieron su dominio en Oriente Medio desde finales del s. XIV hasta el s. VI a.C. La explotación a la que sometieron sistemáticamente a los pueblos vencidos mediante campañas e incursiones les llevó a enriquecerse notablemente. A consecuencia de esos pillajes, se financiaron proyectos como el palacio de Kalhu, construido durante el reinado del rey asirio Assurbanipal II (883-859 a.C.), o el esplendor arquitectónico de capitales como Jorsabad o Nínive durante los reinados de Sargón II (721-705 a.C) o Senaquerib (704-681 a.C.).


VIDA SOCIAL Y ASPECTOS ECONÓMICOS
En Oriente Medio había múltiples rutas terrestres para favorecer el comercio a larga distancia y también se explotaron vías marítimas en el Mediterráneo. En ese ámbito, el contacto con los fenicios incentivó el comercio de cobre, plata y oro, lo que convirtió a los comerciantes de las ciudades mesopotámicas en importantes prohombres que, además del transporte y la venta de productos a países lejanos, se dedicaron al préstamo e incluso a ejercer como contratistas de los intereses del rey.

A lo largo de los distintos reinos, en Mesopotamia se llegó a acuñar moneda propia, pero lo más popular fueron unos lingotes de metal que distinguían entre dos tipos de unidades: el gur de Babilonia (medida de cebada equivalente a 252 L) y el siclo (lingote de plata de 8 g de peso). Fueron los fenicios y los lidios (otro pueblo de Asia Menor) los que acuñaron en el siglo VII a. C. las primeras monedas de metal en forma de disco. El pujante comercio contribuyó a la diversificación de los grupos sociales con derechos y deberes propios. Algunos de estos derechos fueron recogidos en el código de Hammurabi.


EL CÓDIGO DE HAMMURABI
Este código es un conjunto de leyes promulgado por el rey babilonio Hammurabi, inscritas en una estela con inscripciones cuneiformes. En ella se recoge la legislación de las clases sociales en Mesopotamia, que distingue tres grupos de hombres: los awilum, los mushkenum y los esclavos. Los awilum eran los ciudadanos que ocupaban el lugar más elevado de la escala social y eran esencialmente altos funcionarios, sacerdotes y acaudalados mercaderes. Los mushkenum eran ciudadanos medios, hombres libres que ejercían la artesanía o la agricultura. Generalmente, los esclavos eran hombres que habían perdido su libertad a causa de deudas y pasaban a ser propiedad de su acreedor hasta condonar lo impagado, con un límite de tres años de esclavitud. Por último, estaban los prisioneros de guerra, hombres desposeídos de cualquier derecho.

ESCRITURA, CIENCIA Y RELIGIÓN
Los religiosos de los templos en las ciudades mesopotámicas necesitaron crear un sistema para contar y medir bienes, y para ello idearon un sistema primario de escritura y otro de contabilidad, las matemáticas. El sistema de escritura sumerio se basaba en signos grabados en ladrillos de arcilla horneados. Los signos se escribían con un estilete de sección triangular que dejaba sobre el barro una señal en forma de cuña. Las cuñas iban acompañadas con dibujos simplificados de diversos objetos. Este tipo de escritura fue denominada con el nombre de cuneiforme.

En los templos se elaboraron las bases de una religión que intentó responder a los grandes enigmas que rodeaban al ser humano, el sentido de la vida y la muerte, el clima o el significado de los astros. Para ello crearon la idea de los dioses, generalmente relacionados con los fenómenos naturales. En su mayoría procedentes de la religión sumeria, algunos de los más populares a lo largo de los siglos fueron: Anu (Cielo), Ki (Tierra), Enlil (Aire), Nannar (Luna) e Isthar (Fecundidad). El templo era el lugar donde se hacían las ofrendas materiales para que los dioses fueran favorables. Por último, los sacerdotes eran los encargados de que sus plegarias llegasen a estos dioses y favorecieran el bienestar de la comunidad. Pedían buenas cosechas, salud o que las fases de la luna fueran las correctas.


EL ÚLTIMO ESPLENDOR
Aunque en Oriente Medio se produjeron intentos triunfantes de superar el marco político de la ciudad para crear imperios estables, como los ya citados babilonio y asirio, fueron los persas los que finalmente consiguieron crear el imperio más amplio y perdurable, que abarcó desde Asia Menor hasta el valle del Indo y duró desde el siglo VI hasta el IV a. C. Ubicados en ciudades como Persépolis o Susa, los persas jerarquizaron su sociedad con un rey como mandatario, construyeron imponentes templos y dieron gran importancia a la fe.

Mantuvieron el culto a diferentes dioses, pero idearon la figura de un dios creador e omnipotente, Ahura Mazda. La influencia de la pretérita arquitectura mesopotámica fue capital para la elaboración de los suntuosos palacios que los persas construyeron para sus reyes. Este imperio entró en decadencia durante parte del s. V a.C. y todo el s. IV a.C. a causa de los continuas rebeliones y la amenaza de secesión de las provincias más alejadas del centro del Imperio. Finalmente, la irrupción de un ejército macedonio bajo el mando de Alejandro Magno (334-323 a.C.) puso fin al Imperio persa. Este hito supuso también el final del esplendor de Mesopotamia como una entidad cultural unificada.


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