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Aztecas, la última gran civilización precolombina
 
 
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 UN PUEBLO GUERRERO
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Piedra del Sol.

Procedentes del noroeste de México pero afincados en el valle central del país, los aztecas fueron un amplio grupo étnico amerindio que conformó el último gran pueblo mesoamericano antes de la llegada de los conquistadores españoles. Organizados en torno a un conjunto de ciudades-estado con capital en Tenochtitlan, establecieron un amplio Imperio que se extendió entre ambas costas oceánicas y desde México central hacia el sur. En su época de máximo esplendor, esta amplia región estaba poblada por unos diez millones de habitantes.

UNA SOCIEDAD BASADA EN CALPULLIS
En sus orígenes, los aztecas tuvieron una organización social tribal y de clan, además de una escasa repercusión política en su entorno. No obstante, su afán imperialista y ardor guerrero los transformaron en una cultura dominante y privilegiada que sometió al resto de pueblos que poblaban el valle de México. El último eslabón de la jerarquía social estaba formado por los esclavos, que trabajaban en los grandes territorios de los señores.

El pueblo común azteca estaba dividido en calpullis (o grandes clanes) que se organizaban del siguiente modo: cada calpulli disponía de unas tierras comunes que se distribuían en usufructo entre sus miembros. También tenían sacerdotes, jefes, maestros, etc. Esta división era una herencia de su pasado tribal y con el tiempo evolucionó hacia comunidades similares a barrios en las grandes urbes aztecas.


LOS OFICIOS COMUNES
El grueso de la población común azteca se ocupaba en una gran variedad de oficios: alfareros, tejedores, carpinteros, albañiles, curtidores, pescadores, ceramistas, cesteros, joyeros, etc. Era una sociedad patriarcal, por tanto, la mayor parte de los oficios los desempeñaban hombres y las mujeres se dedicaban al cuidado del hogar y a algunas actividades agrícolas y comerciales.

Un oficio que contaba con una gran relevancia era el de comerciante. Esto se debía a la escasa producción de materiales en las grandes metrópolis aztecas, lo que les obligaba a mantener una masiva actividad comercial con otros pueblos. Los comerciantes también aportaban información a las autoridades sobre los territorios a conquistar y los impuestos a aplicar en dichas zonas.


LAS CLASES ALTAS
En la parte superior de la pirámide social se encontraba la aristocracia azteca, que conseguía su nobleza por vínculos de sangre o por méritos durante su carrera en beneficio del Imperio. En la cúspide de la jerarquía social estaba el soberano o tlatoani, dueño de todo el poder civil, militar y religioso. El cargo era similar al de un emperador y se heredaba entre los miembros del linaje reinante. A lo largo de la evolución del Imperio existieron tres soberanos (de las ciudades de Tenochtitlan, Tacuba y Texcoco). Estos se unieron en una Triple Alianza, que finalmente derivó en una confederación dominada por el soberano de Tenochtitlan, quien asumió un carácter sacro.

LA ADMINISTRACIÓN DEL IMPERIO
El Imperio azteca se basaba en un sistema de dominación que exigía una férrea administración basada en una compleja burocracia y un severo sistema tributario que forzaba a los caciques de los pueblos sometidos a tributar periódicamente en especias y oro al soberano de Tenochtitlan. Gracias a estos impuestos se sustentaba la economía azteca. Por otro lado, la enorme burocracia se materializó en numerosos funcionarios encargados de la hacienda y la justicia. De hecho, los aztecas contaban con un detallado código penal que contemplaba penas para todo tipo de delitos.

UNA CULTURA DE SÍNTESIS REFINADA Y LUJOSA
Pese a su fama de pueblo guerreo, el desarrollo que experimentó el pueblo azteca también cristalizó en un arte refinado. Además, supieron asimilar las formas culturales del resto de pueblos mesoamericanos que dominaron. Gracias a ello, la cultura azteca supuso la cumbre de todo el arte mesoamericano en disciplinas como la cerámica, la plumería, la orfebrería, la pintura o la confección de textiles.

Los aztecas fueron grandes cinceladores de piedra y rocas como la obsidiana y fabricaban con ellas múltiples herramientas como hachas, azuelas, cuchillos, navajas y puntas. También destacaban los orfebres, que realizaban suntuosas joyas como máscaras, espejos y abalorios en oro y piedras preciosas. Respecto a los tejidos, estos se elaboraban con algodón y pita, y presentaban elaborados bordados, tintes vegetales y estampados fabricados con sellos de barro cocido.


LA VESTIMENTA AZTECA
Los aztecas se vestían de forma muy sencilla en su vida cotidiana: los hombres llevaban un taparrabos y un manto anudado sobre el hombro, y las mujeres portaban una túnica sin mangas y una larga falda. Ambos se calzaban con sandalias de piel. En cambio, en las grandes celebraciones, los aztecas de clase alta portaban fastuosas joyas: pendiente labiales y zarcillos, pulseras, collares y grandes ornamentos de plumas. El pueblo llano tenía prohibido el algodón fino y los adornos.

UNA ESCRITURA AVANZADA
Una de las innovaciones que adoptaron los aztecas de otros pueblos mesoamericanos fue la escritura. Gracias a que la lengua azteca, el náhuatl, poseía un amplio léxico y su fonética era sencilla, contribuyeron a desarrollar la escritura en la región. En concreto, se trataba de un sistema de representación directa o pictografía muy completa, que incluía conceptos abstractos y estilizados. Cada pictograma azteca simbolizaba una imagen o un sonido y de la combinación de ambos surgían los términos, de gran plasticidad jeroglífica. El nivel de especialización de la lengua fue tan elevado que muchos especialistas consideran que habría evolucionado hacia una escritura plenamente fonética si no hubiese acaecido la conquista española.

Los aztecas escribían sobre materiales blandos, casi siempre sobre amate, la corteza de un árbol endémico de México. Con este material tratado y encalado, elaboraban libros que eran guardados en grandes bibliotecas. Todas estas obras fueron destruidas después de la conquista y hoy solo han pervivido algunos códices mexicas, que son copias de época colonial de documentos perdidos de la época precolombina, como el códice Borbónico o el códice Mendocino.


CIENCIA Y MATEMÁTICAS
La medicina azteca era muy completa debido a los elevados conocimientos de anatomía de que disponían. Además, conocían un amplio herbolario que incluía somníferos, anestésicos, diuréticos, purgantes y febrífugos, y aplicaban técnicas de traumatología (como el entablillado de huesos fracturados) y de curación de heridas (como los antihemorrágicos y cicatrizantes). En cambio, las matemáticas eran modestas. Usaban un sistema elemental vigesimal que se representaba con símbolos (un círculo para la unidad, una bandera para las dos decenas, etc.). Eran incapaces de contar grandes cifras, aunque esos conocimientos eran suficientes para llevar la contabilidad del Imperio.

UNA COSMOVISIÓN BASADA EN EL SACRIFICIO
El elemento más incomprensible de la civilización azteca a ojos contemporáneos es, sin duda, su violenta cosmovisión, que se manifestaba en una pulsión guerrera y en una religión donde el sacrificio humano era una de sus principales bases. La cosmogonía azteca bebió de dos fuentes claves: el culto al dios de la guerra de las tribus originarias y la leyenda mesoamericana de los cuatro soles que encontraron a su llegada al valle de México. Esta determinaba que la humanidad había sido creada y destruida por los dioses cuatro veces. Los aztecas vivían en el quinto y último mundo, y eran los valedores de su salvaguarda.

Para conseguir la estabilidad del mundo, los aztecas organizaron una sociedad férrea, severa, extremadamente moral y que debía sacrificarse en favor de los dioses para garantizar que estos no destruyeran el mundo. Para el hombre azteca, el bien más valioso era la vida humana, ya que la sangre humana era vista como el alimento de los dioses. Por tanto, el sacrifico humano debía ser el rito fundamental de su religión, ya que si no se derramaba sangre los aztecas creían que el Sol se detendría y el mundo desaparecería.

La práctica de los sacrificios demandaba a la sociedad azteca disponer de numerosas víctimas. Debido a ello, se multiplicaban las campañas militares que debían proveer de prisioneros para los sacrificios. Asimismo, estos servían también para suplicar a los dioses suerte en las batallas y protección para los aztecas. En definitiva, se gestó una sociedad que necesitaba de la seguridad que aportaban los ritos de sacrificio.


PRINCIPALES DIOSES AZTECAS
El panteón azteca era muy variado y complejo, ya que muchos de los dioses tenían distintas representaciones o advocaciones. Los dos más importantes era el dios de la guerra, Huitzilopochtli, originario de las tierras del norte y que según la tradición guio al pueblo azteca hasta Tenochtitlan; y el dios de la lluvia, Tlaloc, originario del valle de México. Tras ellos se sucedía una larga lista de dioses secundarios. Este panteón era mediado por los sacerdotes, que eran los encargados de oficiar los ritos y sacrificios y honrar a los dioses. La función fundamental de los sacerdotes era adivinar el futuro, para lo que utilizaban con destreza los calendarios.

CONTANDO EL PASO DEL TIEMPO
Los sacerdotes aztecas disponían de dos tipos de calendario: uno religioso y otro civil. El primero se llamaba tonapohualli y constaba de 260 días, divididos en 20 meses de 13 días cada uno. Cada mes estaba regido por un dios y funcionaba a modo de horóscopo para vaticinar los diversos ciclos vitales del hombre. El segundo se llamaba xiuhpohualli y tenía 365 días, distribuidos en 18 meses de 20 días cada uno, más 5 días extra considerados de mal augurio. Cada 52 años convergían ambos calendarios, lo que era visto como una noche aciaga, ya que se preveía que en ella podría acabar el mundo si no se había contentado a los dioses.

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