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Grecia, la cuna de la civilización occidental
 
 
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 LA IMPORTANCIA DEL LEGADO GRIEGO
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Acrópolis de Atenas.

Desde la historiografía romántica del s. XIX, es un lugar común sostener que Grecia es la base de la civilización contemporánea y que el ser humano occidental se siente más cercano a los antiguos helenos que a otros pueblos más próximos en el tiempo. Lo cierto es que basta con observar algunos elementos de nuestra vida cotidiana para darnos cuenta del acierto de estas afirmaciones. Por ejemplo, una gran parte de la arquitectura moderna occidental que nos rodea bebe de las fuentes de las formas y proporciones de los edificios públicos griegos clásicos. Además, nuestra predilección por el arte figurativo procede de la tradición pictórica y escultórica griega, dotada de un naturalismo radical protagonizado por la figura humana. En cuanto a nuestra afición por las representaciones de ficción, muchas de ellas comparten temas y esquemas propios de las tragedias clásicas. Y no solo eso, ya que gran parte de las palabras que usamos en el ámbito profesional, médico o cultural suponen una nueva deuda con el legado de este pueblo.

MÁS QUE UN MERO ICONO HISTÓRICO
Según el especialista británico Robin Osborne, todos estos vasos comunicantes entre la tradición y nuestro presente no se limitan a la naturaleza icónica del arte y la lengua griega, sino que la influencia helena en la sociedad occidental se expande por otros ámbitos más complejos. Por ejemplo, gran parte de los problemas y las crisis que aquejan al individuo contemporáneo ya fueron materia de análisis por parte de los pensadores griegos, como la integridad moral, el ideal de justicia, el individuo frente al control del poder público, etc. Asimismo, algunas de las corrientes de filosofía actuales tienen su origen en el mundo helénico al igual que la moderna ciencia histórica. Y por último, una de las grandes fuentes de las democracias occidentales reside en las asambleas populares griegas, que determinaban la suma de las acciones y gestiones de una comunidad. De algunos de estos logros y del contexto que los vio nacer y desarrollarse hablaremos a continuación.

EL CONTEXTO: MARCO ESPACIO-TEMPORAL
Los antiguos griegos (o helenos, tal y como se denominaban a sí mismos) se desarrollaron como civilización mucho más allá de las fronteras del actual estado de Grecia. En concreto, la Hélade (o mundo griego) se extendió por la parte meridional de la península balcánica, en las islas de los mares Egeo y Jónico y en las costas de Asia Menor. Desde este marco geográfico inicial, los helenos avanzaron por toda la cuenca mediterránea y por la costa del mar Negro. En cuanto al espectro temporal que abarca la civilización griega, hay que decir que es muy amplio y posee antecedentes históricos muy recónditos. De hecho, los orígenes de los primeros pueblos helenos surgen en el III milenio a.C. y la primera gran civilización, la minoica (que germinó en la isla de Creta), alcanzó su máximo esplendor hacia la primera mitad del II milenio a.C.

En la Grecia continental no fue hasta alrededor del 1600 a.C. cuando se consolidó la primera civilización primitiva, la micénica. No obstante, la historiografía clásica suele dividir el período griego antiguo en cuatro etapas: la oscura (1150-800 a.C.), nombre que recibe por la escasa evidencia arqueológica que se conserva; la arcaica (800-500 a.C.), en la que se consolidó la unidad sociocultural griega gracias al avance colonial; la clásica (500-350 a.C.), época de absoluto esplendor sociocultural y auge militar; y la helenística (350-146 a.C.), etapa de transición tras la muerte de Alejandro Magno que finalizó con la conquista romana del territorio griego.


UNA CIVILIZACIÓN HETERODOXA
A diferencia de otras civilizaciones anteriores más hegemónicas, como Egipto o Mesopotamia, la Grecia antigua era una sociedad ciertamente atípica en algunos aspectos. Fue un imperio de pequeñas ciudades autónomas (la polis), mucha de ellas con escasos recursos y con una agricultura inestable debido a la irregularidad de las lluvias. Además, muchas de estas polis batallaban entre sí y, salvo períodos concretos (como la época clásica, en la que se produjo una gran unidad capitaneada por Atenas frente al peligro del Imperio persa), esta hostilidad entre ciudades nunca cesó del todo. A todo esto debe sumarse una lengua griega repleta de dialectos y variedades muy pronunciadas y una religión politeísta llena de mitos, ritos y divinidades muy dispares según la zona de la Hélade donde se les rindiera culto.

Pese a todo, existen otros aspectos que contribuyeron a la unidad de la Grecia antigua: la uniformidad del paisaje griego y sus amplias vías marítimas, la existencia de una tradición oral común, los vínculos de sangre, las costumbres comunes y la religión. Eran por tanto, un pueblo variado y heterogéneo pero consciente de pertenecer a una misma identidad. Esta colectividad se reflejaba también en festivales abiertos a todo el mundo heleno (como los Juegos Olímpicos) y en santuarios a los que acudían fieles griegos de todos los lugares, como los de Delfos, Dodoma, Olimpia o Samotracia.


LAS CIUDADES-ESTADO
Desde la etapa arcaica, la civilización griega se diversificó en centenares de ciudades que funcionaban como entidades políticas independientes: las poleis (plural de polis, que se puede traducir por “ciudad-estado”). Los griegos consideraban esta multiplicación de ciudades como una muestra de refinamiento político frente a las grandes extensiones que dominaban otros pueblos bárbaros. Estas ciudades se organizaban en un núcleo urbano amurallado donde se ubicaba la acrópolis, los templos y el ágora, y a su alrededor se expandían los territorios adjuntos que pertenecían a la ciudad. Todos sus habitantes vivían de sus propios recursos agrícolas y ganaderos. Eran, por tanto, sociedades en principio autárquicas, aunque en la práctica necesitaban del intercambio comercial con otras poleis, gracias a lo cual se desarrolló un importante comercio marítimo, otra de las grandes características de la Grecia antigua. Asimismo, el otro gran rasgo que aportó la polis fue el autogobierno, ya que todas ellas se autogestionaban siguiendo diversos sistemas y el sujeto básico de derecho solía ser el ciudadano.

LOS LOGROS DEL PENSAMIENTO GRIEGO
Respecto a las contribuciones del mundo griego a las generaciones posteriores, sin duda la filosofía es la materia más reseñada, ya que surgió en el seno de la civilización griega. Fruto de sus contactos con múltiples pueblos y su afán de conocimiento, muy pronto comenzó a germinar en el mundo griego un debate sobre qué tipo de orden subyacía en todo el universo. Tras abandonar las explicaciones mágicas de los tiempos primitivos, los primeros pensadores griegos que reflexionaron sobre la naturaleza de la realidad fueron los de la escuela de Mileto, del s. VI a.C.: Tales, Anaxímenes y Anaximandro, quienes apuntaron diversos elementos como la base de toda la materia. A ellos se sumaron otros, como Pitágoras, Heráclito, Parménides o Demócrito, que continuaron con sus teorías sobre la esencia última del mundo, centradas en el estudio de la naturaleza, teniendo como base el logos o pensamiento racional. A todos ellos se los conoce como presocráticos ya que precedieron al gran autor revolucionario del pensamiento griego: Sócrates.

LA REVOLUCIÓN SOCRÁTICA
Con Sócrates, el pensamiento derivó hacia la ética y el análisis político y social. Por tanto, el interés de la filosofía se separó de la cosmología de los autores previos para centrarse en los asuntos humanos. Según Sócrates, la sabiduría residía en uno mismo y la verdadera virtud era el conocimiento y la libertad individual. Posteriormente, se sucedieron los grandes pensadores griegos, padres de algunas de las corrientes filosóficas todavía presentes en la actualidad: el relativismo de Protágoras, que niega la posibilidad de verdades universales; el idealismo de Platón, que considera la verdadera realidad como espiritual; el escepticismo de Pirrón de Elis, que pone en duda la posibilidad del conocimiento de la realidad objetiva; la lógica deductiva de Aristóteles, que alumbró el método científico; o el epicureísmo de Epicuro, que ante todo valoraba los placeres del mundo sensible.

UNA MEDICINA ADELANTADA
En el ámbito de la ciencia, brillaron con luz propia las aportaciones griegas en el campo de la medicina, sobre todo las del médico Hipócrates, que sacó esta disciplina del mundo de los curanderos y concedió una especial atención al método experimental y al diagnóstico basado en los síntomas y en el historial del paciente. Además, elaboró un vasto recetario con medicamentos purgantes, sedantes, diuréticos y astringentes. Tal fue su aportación a la medicina que hoy día todos los médicos deben prometer un juramento público que lleva su nombre para garantizar el correcto ejercicio de su oficio. Por otro lado, en época clásica los griegos gozaron de un servicio sanitario de médicos, cirujanos, oculistas y dentistas, previamente cualificados por las autoridades.

UN TEATRO UNIVERSAL
En cuanto al legado literario, no cabe duda de que el más importante fue el teatro, germen de las producciones dramáticas actuales, ya sean teatrales, cinematográficas o televisivas. De hecho, se considera que el nacimiento del texto teatral (es decir, un texto para ser escenificado de forma dramática) como tal se produjo en la antigua Grecia. En un estadio primitivo, el teatro estuvo relacionado con las fiestas en honor al dios del vino Dioniso. Después, a partir del s. VII a.C., las primitivas formas teatrales se sistematizaron en una serie de himnos que dieron lugar a la tragedia y a la comedia. La tragedia es el género teatral griego por excelencia y en ella se representa a personajes que se enfrentan a conflictos morales y públicos que confluyen en un desenlace fatal. Por su parte, la comedia es la composición teatral en la que predomina lo humorístico y cuyo desenlace es feliz. El principal comediógrafo griego fue Aristófanes y los más destacados autores de tragedias fueron Esquilo, Sófocles y Eurípides.

LOS SISTEMAS POLÍTICOS
Finalmente, el último gran apartado de la vida de la Grecia clásica que nos ha llegado hasta hoy es el pensamiento político. Tres fueron las formas básicas de gobierno a lo largo de la historia griega: la monarquía o tiranía (en la que el poder era detentado de forma absoluta por una sola persona: un monarca o un tirano), la oligarquía (en la que el gobierno era ejercido por una minoría privilegiada) y la democracia (en la que el gobierno se sometía al control de la mayoría de los ciudadanos). Ya en la época clásica, las formas autócratas eran consideradas por los helenos como un tipo de gobierno propio de bárbaros y súbditos. En cambio, a partir del s. V a.C. las ciudades- estado griegas (salvo los helenos de Sicilia) se decantaron por varias formas de régimen oligárquico o democrático. Ambas se diferenciaban por elegir entre el gobierno de un sector de las clases propietarias o privilegiadas o bien por el gobierno de todo el conjunto de la población nativa de varones adultos libres (los que formaban el demos, es decir, los ciudadanos). Pese a que no era un sistema perfecto, en este último se encuentra el germen del sistema de democracia utilizada en los estados de derecho modernos.

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