Nuevo usuario?
Regístrate
 
PlanetaSaber
 
ENTENDER EL MUNDO/INFORMES
Cuba, hacia una nueva revolución
 
 
Conoce Comprende Enciclopedia Infórmate Participa Test
    ARTÍCULO      SABÍAS QUE     GALERÍA DE FOTOS      LÍNEA DEL TIEMPO
 UN FUTURO ABIERTO
Imprimir Enviar Guardar
 
 
 
Fidel Castro gobernó Cuba durante casi medio siglo bajo un régimen comunista.

Cuba se enfrenta a un presente lleno de incógnitas. En 2006 Fidel Castro cedió por primera vez el bastón de mando de la Revolución a su hermano Raúl, que asumió de forma definitiva el Gobierno en 2008. El relevo del dirigente ha hecho que la isla comience a prepararse para un cambio y ha disparado todas las suposiciones sobre el futuro del país. Las preguntas que se plantean son diversas. ¿Sin Fidel se instaurará un sistema democrático al uso, o los actuales líderes del Partido Comunista de Cuba optarán por una vía que combine marxismo y economía de mercado, como sucede en China? ¿La política del presidente estadounidense, Barack Obama, supondrá el fin al bloqueo económico del país caribeño a corto o medio plazo? ¿Venezuela continuará apoyando económicamente a la isla mediante la venta de petróleo abaratado? Muchas son las respuestas y dispares las opiniones. Sin embargo, los analistas coinciden en que Cuba se enfrentará en los próximos años a una nueva revolución, cuyo alcance todavía es imprevisible.

CESIÓN DE PODERES
El 31 de julio de 2006 el comandante Fidel Castro se vio obligado a delegar la mayor parte de sus poderes en su hermano Raúl, ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de su gabinete. Esta decisión implicó que el elegido pasara a dirigir el Partido Comunista de Cuba (PCC), el Consejo de Estado, el Gobierno de la República y la comandancia general de las Fuerzas Armadas; en resumen, Raúl Castro se convirtió, de modo eventual, en el Jefe de Estado de la isla. Algunas atribuciones menores fueron asumidas por otros miembros del gabinete.

Fidel abandonó temporalmente el poder porque sufría una “crisis intestinal con sangramiento sostenido”, según el comunicado leído en televisión por su secretario personal. El alcance concreto de dicha dolencia no fue revelado, pero el hecho de que precisara tratamiento quirúrgico y un proceso de recuperación posterior indeterminado dio suficientes pistas sobre la gravedad de la situación. Esto, sumado a la edad avanzada del paciente –el 13 de agosto de 2006 cumplía ochenta años–, hizo pensar en su posible fallecimiento, con todo lo que ello suponía.

Castro había estado al frente de Cuba durante 47 años de forma ininterrumpida, y solo una situación realmente grave le podía haber obligado a abandonar la primera línea. Por eso, la preocupación entre sus partidarios creció desde entonces en igual medida que la euforia de sus detractores, sobre todo de la colonia de cubanos exiliados en Miami (Florida). La identidad del sucesor multiplicaba estos sentimientos contradictorios: los rumores sobre la débil salud de Raúl Castro, nacido en 1931, eran constantes.


SECRETISMO TOTAL
Los miedos o las alegrías que, tanto dentro como fuera de Cuba, suscitaba esta situación hicieron que el régimen la gestionara con mucha cautela. En un comunicado hecho público el 1 de agosto de 2006, Fidel Castro anunció su decisión de guardar silencio sobre cuestiones relativas a su enfermedad: “Debido a los planes del imperio, mi estado de salud se convierte en un secreto de Estado que no puede estar divulgándose constantemente”.

Desde entonces, Castro comenzó a dirigirse a sus compatriotas mediante varios comunicados firmados de su puño y letra, en los que los comentarios sobre su salud eran muy vagos: “es una situación estable”, “puede afirmarse que el momento más crítico quedó atrás”, “me recupero a ritmo satisfactorio”. Al margen de las notas informativas, el régimen cubano ha ido mostrando públicamente fotografías de Fidel y pequeñas grabaciones de vídeo. Entre otras cosas, el diario Granma (órgano oficial del Comité Central del PCC) recogió el testimonio gráfico de los encuentros del líder con algunos amigos y líderes mundiales, como el presidente de Venezuela, Hugo Chávez; su homólogo boliviano, Evo Morales, o el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan.

Al hermetismo acerca de la evolución del comandante se unió la no aparición de Fidel en citas destacadas. Castro no hizo acto de presencia en la Cumbre de Países No Alineados, celebrada en septiembre de 2005. También faltó a celebraciones importantes para Cuba, como la conmemoración del cincuenta aniversario del desembarco del yate Granma, que llevó a los revolucionarios a la isla para acometer la fase crucial de la Revolución cubana, así como al desfile del 8 de enero de 2007, con motivo del 48 aniversario de su entrada triunfal en La Habana.

El secretismo acerca de su estado de salud y sus ausencias dieron lugar a diversas hipótesis acerca de una muerte cercana. Lejos de estas suposiciones, lo cierto es que Fidel Castro ha superado las expectativas sin perder el contacto con la política de su país, como bien ha demostrado en varios artículos en 2008 y 2009. Frente a las opiniones que presagiaban su muerte, han cobrado mayor credibilidad las que procedían tanto del Gobierno cubano como de su círculo más cercano.


MOVIMIENTOS REALES
En febrero de 2008 Castro anunció su renuncia a la reelección en el Parlamento, a la presidencia de Cuba y a todos los cargos de Gobierno. Se había recuperado de su enfermedad, pero ya no tenía fuerzas para volver a tomar las riendas del país. Así, decidió mantenerse en un segundo plano del poder y dejar que su hermano mantuviera de forma definitiva los poderes que le había delegado en julio de 2006.

Desde que Raúl Castro asumió el Gobierno se produjo en Cuba un acercamiento a Estados Unidos para intentar lograr, principalmente, el fin del bloqueo económico. Como muestra de su buena disposición, Raúl dejó en libertad a un disidente, Héctor Palacios, que estaba condenado a 25 años de presidio. Esta medida simbolizaba un cambio de estrategia que sustituiría la figura del líder por la del Partido Comunista de Cuba y derivaría en un gobierno menos individualista y dictatorial.

Otras iniciativas de Raúl Castro han ido dirigidas a mejorar las relaciones con el histórico enemigo de la Revolución cubana, Estados Unidos. De hecho, el presidente eligió el aniversario del desembarco del Granma y el ochenta cumpleaños de Fidel para lanzar un guante a la Casa Blanca en su discurso: “Sirva esta oportunidad para nuevamente declarar nuestra disposición a resolver en la mesa de negociaciones el prolongado diferendo entre Estados Unidos y Cuba”. Esta oferta no era inédita respecto a algunos de los últimos discursos de Fidel, pero resultó sintomático que apareciera en uno de los primeros grandes parlamentos de Raúl como presidente, durante una jornada muy simbólica para la Revolución. El ejecutivo de George Walker Bush respondió inmediatamente con una nueva invitación a que el régimen dialogara primero con el pueblo cubano y avanzara hacia la democracia.

Pero al margen de resistencias tácticas, poco después de este cruce de declaraciones, una representación de congresistas de Estados Unidos visitó la isla caribeña. Durante la visita, Raúl Castro no tuvo ocasión de reunirse con los políticos estadounidenses, que aseguraron en su informe que el régimen cubano no estaba aún listo para el cambio definitivo. Pese a todo, la delegación de representantes electos estadounidenses –conformada por seis demócratas y cuatro republicanos– llegó a la conclusión de que era la hora de empezar a dialogar con el Gobierno cubano. Eso sí, sin dejar de lado como premisa necesaria la democratización del país.

Cuba, por su parte, pone como condición que las negociaciones sean de igual a igual; es decir, que los gobernantes estadounidenses afronten un diálogo “sobre la base de los principios de igualdad, reciprocidad, no injerencia y respeto mutuo”, tal y como dijo Raúl Castro en el discurso en el que insinuó la posibilidad de abrir negociaciones con Washington.


POTENCIA RENOVADA
Sin embargo, y aunque los países están dispuestos a entablar un diálogo con éxito, el desgaste económico de la isla durante medio siglo ha convertido la tarea de reincorporar a Cuba a la economía global en una misión más que difícil.

Tras la caída del muro de Berlín en 1989, Cuba perdió sus fuentes de ingreso así como sus principales mercados de importación y exportación. Para luchar contra la crisis derivada de dicha situación, las autoridades del régimen decidieron introducir a mediados de los años noventa una serie de pautas que pretendían modernizar la economía isleña. Los instigadores de estos cambios fueron personas del entorno de Raúl Castro, hecho que refuerza la visión del hermano menor de Fidel como un líder reformista. Entre las medidas aprobadas se hallaban la apertura a la inversión extranjera o la parcial liberalización del comercio exterior.

Este plan funcionó, pese a que no se contaba con la ayuda de la comunidad financiera internacional. Aunque lo que realmente logró dar un gran empujón a la economía cubana fue una nueva variable en la ecuación: Hugo Chávez. Gracias al presidente venezolano la economía cubana logró alcanzar un estado de cierta prosperidad. Según datos del ministerio de Economía y Planeamiento de Cuba, el Producto Interior Bruto (PIB) de la isla creció en 2005 un 12%, el nivel más alto desde que Fidel Castro entró en el poder. El Gobierno de Castro también dice que en el mismo año, la inversión extranjera se incrementó en un 39% y que el turismo llegó a sus niveles más altos de crecimiento, con unos dos millones y medio de visitantes en 2006.

¿Cómo ayudó Chávez a estos resultados? Principalmente con un trato relacionado con el bien más preciado de Venezuela, el petróleo. Este país es el quinto exportador de crudo del mundo, y Chávez acordó con Castro en el año 2000 vender a Cuba 100.000 barriles de oro negro por día con un descuento de hasta un 40%. Así, Cuba adquiere en Venezuela más del 60% de sus necesidades de petróleo. Además, el gobierno venezolano ha realizado inversiones millonarias en múltiples proyectos en la isla. Como contrapartida, miles de médicos cubanos trabajan en las misiones, los programas sociales instaurados por Chávez.

Chávez, además, pretendía con estos tratos de petróleo a bajo precio –estrategia que repitió con otros Estados de Latinoamérica– ganar influencia. Según declaraciones de Susan Kaufman Purcell, directora del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami, recogidas en un artículo de Guillermo Parra para La Vanguardia, Venezuela “está asumiendo el papel de la antigua Unión Soviética”. Para Kaufman Purcell, el presidente Hugo Chávez pretendía “que Cuba y la región permanezcan independientes de los Estados Unidos, e idealmente hostiles”.


APERTURA Y CAMBIO
Tras la renuncia definitiva de Fidel, su hermano Raúl restableció las relaciones diplomáticas con la Unión Europea e inició un proceso de flexibilización social para los cubanos. Así, levantó las restricciones a los ciudadanos en materia de comunicaciones y permitió la compra de ordenadores portátiles y teléfonos móviles. Estados Unidos se ofreció a facilitar el acceso a Internet en toda la isla a través de las compañías estadounidenses, consciente de que el acceso mayoritario de los cubanos a la Red podía servir para sortear la censura del Gobierno castrista. Además, Raúl Castro volvió a tolerar que los cubanos pudieran entrar en los hoteles, limitados durante años a los turistas extranjeros, e incluso acceder a la compra de un automóvil sin necesidad de contar con una concesión administrativa. El aire de libertad que se respiró en las calles de Cuba tras este anuncio se vio enturbiado entre septiembre y noviembre de 2008, cuando la isla sufrió el azote de los huracanes Gustav, Ike y Paloma, que provocaron grandes pérdidas económicas.

Un mes después Raúl Castro participó en la I Cumbre de América Latina y el Caribe celebrada en Brasil, donde acordó el ingreso de Cuba en el Grupo de Río. Como consecuencia de esta disposición a colaborar conjuntamente con otros Estados de Latinoamérica, a principios de 2009 Costa Rica y El Salvador restablecieron sus relaciones diplomáticas con La Habana. La reapertura de los consulados de estos países en la isla dejó a Estados Unidos como el único país opositor al régimen cubano en la zona del Caribe.

En marzo de 2009 el recién nombrado presidente estadounidense, Barack Obama, flexibilizó las restricciones para viajar a Cuba, eliminó las limitaciones aprobadas en 2004 e hizo menos exigente la normativa que regula las exportaciones de alimentos y medicinas, así como el envío de dinero a la isla. Raúl Castro afirmó que la decisión de Obama de permitir a los cubanoamericanos visitar sin límites la isla era “positiva pero mínima” y pidió el final “de otras muchas prohibiciones”. Tras anunciar que “Cuba ha resistido y resistirá”, recordó que Washington se seguía negando a levantar el bloqueo económico a Cuba, al que calificó como “la más cruel de las medidas” de su vecino del norte. Días después, en la V Cumbre de las Américas, celebrada en Trinidad y Tobago, Barack Obama no tuvo reparos en afirmar que los 47 años de embargo a Cuba habían sido un fracaso y dejó abierta la puerta para que su Administración y el Gobierno cubano volvieran a poner sobre la mesa asuntos económicos, reformas democráticas y cuestiones relativas a los derechos humanos y a la libertad de expresión. Raúl Castro respondió con una remodelación intensa de su gabinete de ministros, la más profunda en 15 años, que se interpretó como un paso más por modernizar las instituciones cubanas.

Los primeros años de Raúl Castro al frente del régimen cubano han supuesto, aunque a un paso lento y con numerosos obstáculos, una serie de reformas económicas (como el aumento de trabajadores por cuenta propia) y, en menor medida, políticas (aún persiste el control y la represión contra la disidencia). Por otra parte, la muerte del presidente Hugo Chávez (en marzo de 2013) y la inestabilidad política en Venezuela pueden incidir en el proceso. En noviembre de 2013, tras un encuentro en Miami con miembros de la disidencia interna cubana, el presidente estadounidense Barack Obama declaró que su Gobierno había empezado “a ver cambios en la isla”.

En diciembre de 2014, los presidentes de Estados Unidos y de Cuba, Barack Obama y Raúl Castro, anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países, interrumpidas durante más de medio siglo de antagonismo político. Un mes más tarde, en enero de 2015, tuvieron lugar en La Habana las primeras conversaciones oficiales para negociar la normalización de relaciones anunciada. Tal vez esta nueva etapa entre dos históricos adversarios pueda conducir al fin del bloqueo económico y contribuir a un ansiado futuro de prosperidad para Cuba.


Subir | MAPA WEB | ESPECIFICACIONES TÉCNICAS | NOTA LEGAL | ATENCIÓN AL CLIENTE |