Nuevo usuario?
Regístrate
 
PlanetaSaber
 
ENTENDER EL MUNDO/INFORMES
Neandertales, el otro linaje humano
 
 
Conoce Comprende Enciclopedia Infórmate Participa Test
    ARTÍCULO      SABÍAS QUE     GALERÍA DE FOTOS      
 LOS OTROS HOMBRES
Imprimir Enviar Guardar
 
 
 
Cráneo de un hombre de Neandertal procedente del yacimiento de La Chapelle-aux-Saints, en Francia.

El valle de Neander se encuentra en el norte de Westfalia (Alemania). En 1856, el anatomista Johann Carl Fuhlrott descubrió en una de las cuevas de la zona un cráneo y unos huesos procedentes de criaturas de apariencia humana. Sin embargo, los restos guardaban notables diferencias con la estructura ósea humana: la cavidad craneal era un poco más grande que la de los humanos modernos y la frente, huidiza. El hallazgo pronto se relacionó con el descubrimiento, en 1848, de otros restos semejantes en la zona del peñón de Gibraltar, en la península Ibérica.

Los fósiles del valle de Neander fueron clasificados dentro de una especie homínida nueva, Homo neanderthalensis, que significa “hombres del valle de Neander”. Pero, hasta 1911, casi medio siglo después de su descubrimiento, no fueron estudiados atentamente. Fue un antropólogo belga, Marcellin Boule, quien comenzó a investigarlos. Según su interpretación, que creó una influyente y distorsionada imagen de estos hombres, los neandertales eran seres rudimentarios y violentos, encorvados y con un semblante parecido al de los simios. El cine y la literatura han contribuido a generalizar esta imagen de seres crueles sin escrúpulos que, sin embargo, hoy se descubre equivocada. Boule erró en muchas de sus apreciaciones debido a que los huesos fósiles que estudió pertenecían a un anciano que sufría enfermedades congénitas. De este modo, confundió las taras y las huellas de las enfermedades con características propias de la especie. Hoy se sabe que los neandertales no andaban curvados y su aspecto tampoco era parecido al que tienen los monos.

Algunos descubrimientos recientes han contribuido a la humanización de estos individuos. Por ejemplo, por la disposición de los huesos encontrados en los yacimientos de Chapelle-aux-Saints y de Bau de l´Aubésier, en Francia, los investigadores han deducido que un anciano recibió los cuidados de algún otro miembro de su tribu. En algunos casos, sin embargo, la atribución de aptitudes sociales o de capacidad simbólica no está suficientemente comprobada. Nuevos campos de investigación como los abiertos por la genética han permitido dar con un suelo firme a partir del que fundar aseveraciones justificadas.

Así, los antropólogos, arqueólogos y paleontólogos solo pueden contemplar las cenizas de una época llena de vida. Y entremedio, minúsculos fragmentos que el tiempo aún no ha consumido, a partir de los cuales se puede soñar. El hombre de Neandertal fue una especie que se desarrolló en Europa y Asia. Existen diferentes yacimientos que permiten hacer una reconstrucción seria, si bien parcial, del paso de los humanos por los continentes europeo y asiático.


LOS PRIMEROS EUROPEOS
En la sierra de Atapuerca (Burgos, España) se encuentra el yacimiento de homínidos más antiguo de Europa. Los fósiles humanos encontrados proceden del Pleistoceno inferior y tienen aproximadamente unos 800.000 años. Su capacidad craneal oscila alrededor de los 1.000 centímetros cúbicos y, según las pruebas recogidas por los arqueólogos, las criaturas a las que pertenecen seguramente llevaron a cabo prácticas caníbales.

Al no tener características comparables con ninguna otra especie de homínidos, los investigadores optaron por incluirlos dentro de una nueva especie llamada Homo antecessor. Dentro del árbol evolutivo y según la interpretación más ampliamente aceptada, esta especie se encontraría situada justo antes de la bifurcación de la línea evolutiva que conduce, en un caso, al Homo sapiens, y en otro, al Homo neanderthalensis.

Durante el Pleistoceno medio (que se inició hace 780.000 años y terminó hace 127.000 años) vivieron unos antepasados de los neandertales que reciben el nombre de Homo heidelbergensis. Su nombre procede de una mandíbula de esta especie encontrada cerca de Heidelberg (Alemania). Estos individuos desarrollaron una industria avanzada de la que se han encontrado piezas muy cuidadas como hachas y otras herramientas líticas.

El Homo neanderthalensis vivió durante el Pleistoceno superior, en un período de tiempo que va desde hace 127.000 años hasta hace 30.000 años. Esta especie desarrolló la industria musteriense, propia del Paleolítico medio. Era una industria muy avanzada y se caracterizaba por el empleo de piedras tanto de gran tamaño como de tamaño menor. De ella se han identificado hasta 62 tipos diferentes de instrumentos. Coincidiendo con la última glaciación, llegaron a Europa hace 40.000 años los Homo sapiens, cuyos primeros representantes se conocen popularmente como cromañones. Durante 10.000 años convivieron ambas especies en el mismo espacio físico, hasta que de forma repentina los neandertales desaparecieron sin dejar ningún rastro.


HOMBRES DE NEANDERTAL
El origen de los neandertales puede rastrearse siguiendo las huellas del Homo ergaster, anterior al Homo antecessor. Los investigadores creen que los Homo ergaster, procedentes de África, se expandieron por diferentes regiones del mundo y, en Europa, la adaptación al medio estuvo acompañada por un proceso de encefalización semejante e independiente al ocurrido en África. El resultado de dicho proceso dio lugar, en Europa, a los neandertales, y en África, a los sapiens.

La cavidad craneal de los fósiles encontrados, que en algunos casos supera los 1.600 centímetros cúbicos (la capacidad craneal del ser humano oscila entre 1.350 y 1.450 centímetros cúbicos), muestra que los neandertales tenían unos cerebros grandes. El tamaño del cerebro es uno de los principales factores que se consideran al tratar la hominización, y por esa razón los neandertales son incluidos, sin ninguna duda, en el género Homo.

No es, sin embargo, un factor decisivo. El tamaño importa, pero también es fundamental la complejidad de la red neuronal. Hay que tener en cuenta que el tamaño de los cerebros depende del tamaño de los cuerpos donde se hallan, ya que cuanto mayores son los cuerpos mayor número de neuronas se necesita para controlarlos. Así, un elefante tiene un cerebro mucho mayor que el del hombre, y no por ello es más inteligente. Al relacionar el peso del cuerpo de los neandertales con el tamaño de su cerebro, el coeficiente de encefalización que resultaba era menor que el de los Homo sapiens.

Asimismo, los investigadores también han deducido por los restos encontrados que los neandertales tenían cuerpos muy musculosos y medían poco más de metro y medio. Esta baja estatura pudo estar determinada por las condiciones climáticas de la época. Ante el frío, un cuerpo de menor tamaño puede regular mejor su temperatura; un cuerpo más grande, por el contrario, sufre un mayor desgaste de energía. En cuanto a su rostro, estaba proyectado hacia delante y albergaba dos grandes cavidades nasales, seguramente destinadas a calentar el aire gélido antes de que llegara a los pulmones. Como puede apreciarse, el cuerpo de los neandertales se adaptó a unas condiciones ambientales extremas.


¿HABLABAN LOS NEANDERTALES?
Otra de las muchas cuestiones que se ha investigado acerca del Homo neanderthalensis es su capacidad para hablar. Tal como afirma el lingüista Antxon Olarrea, hasta el momento los diarios nunca se han hecho eco de una noticia como la siguiente: “Unos niños encuentran en una cueva de Burgos restos de un subjuntivo del Paleolítico superior”. El lenguaje no fosiliza y los restos fósiles resultan poco claros en cuanto a materia lingüística se refiere, por no decir contradictorios. El habla requiere de una compleja y específica disposición anatómica en la que entran en juego huesos como el hioides. A pesar de que estos últimos son muy frágiles, se han encontrado restos fósiles de ellos, lo que apoya la hipótesis de que los neandertales hablaban. Sin embargo, esta no es una prueba concluyente, porque animales como los cerdos también tienen este hueso. Otro dato que vendría a apoyar la idea de unos neandertales conversadores son los canales hipoglosos, que son unas oberturas que se encuentran en algunos huesos y a través de las cuales pasan los nervios que controlan el movimiento de la lengua. Estos canales también están presentes en restos fósiles neandertales.

Otras investigaciones, sin embargo, rechazan la posibilidad de que los neandertales hablaran, ya que para emitir los sonidos que producimos los sapiens, la laringe tiene que estar situada en una posición muy específica. La laringe de los neandertales estaba situada más abajo, casi en el mismo lugar en el que se encuentra la de los chimpancés. Esto les habría impedido ejecutar la misma extensa gama de sonidos que los humanos modernos. En caso de que hablaran, su lenguaje estaría limitado a unos pocos sonidos.

La genética también ha contribuido a aclarar esta cuestión, si bien esta sigue sin estar completamente resuelta. En 1998 se realizó un detallado estudio genético de los miembros de una familia en la que la mitad de los parientes presentaba deficiencias en el uso del lenguaje. Los investigadores llegaron a la conclusión de que las personas que padecían la disfunción tenían dañado el gen FOXP2, estrechamente vinculado con el lenguaje.

Hoy se sabe que este gen no solo está presente en todos los grupos humanos, sino que también se encuentra en la mayoría de especies animales, aunque entre los genes humano y animal existan significativas diferencias. Concretamente, el gen FOXP2 del ser humano y el FOXP2 de los chimpancés solo se diferencian en dos aminoácidos de los más de 700 que procesa. Ambas mutaciones, ocurridas hace 100.000 años, fueron posteriores a la separación de los dos linajes de sapiens y de neandertales. Si las mutaciones se hubieran producido en antepasados más antiguos (como por ejemplo en el Homo ergaster), todas las especies homínidas posteriores las hubieran incorporado en su dotación genética y entonces se podría afirmar con seguridad que los neandertales poseyeron la capacidad de hablar. La mutación se produjo, por el contrario, con posterioridad y cuando las especies ya se habían separado. Al ser mutaciones exclusivas de la especie Homo sapiens, es obligado poner en cuarentena la hipótesis de que la capacidad de hablar de los neandertales fuera semejante a la nuestra. Estas informaciones son controvertidas. La genética aporta una información muy fiable, pero las conexiones entre la genética y el lenguaje siguen siendo en buena parte desconocidas. Hasta que no se domine la vertiente genética de la lingüística, no se resolverá definitivamente el problema de la capacidad lingüística neandertal.


SIMBOLISMO
¿Creían los neandertales en la vida más allá de la muerte? ¿Eran conscientes de su finitud? Los vestigios, de nuevo, resultan poco claros y no son suficientes para penetrar en su mundo interior, en sus pensamientos y en sus miedos más enraizados. Una clave para averiguar estos detalles reside en saber, por ejemplo, si enterraban intencionadamente a los muertos y si tenían rituales de tránsito hacia el más allá. Para ello se requieren tres criterios, como especifica el antropólogo Carles Lalueza Fox en su libro Genes de neandertal: “que los huesos del esqueleto se encuentren en conexión anatómica, que haya algún tipo de ofrenda funeraria, y que el cuerpo haya sido depositado en una fosa excavada para tal fin”. Se han encontrado restos de neandertales aparentemente enterrados tras una ceremonia. Sin embargo, hay científicos que creen que la disposición en que se han hallado los restos se debe al azar y que los neandertales eran incapaces de desarrollar estos elementos de carácter simbólico.

Estas discrepancias se deben a la enorme dificultad para interpretar la información recogida. Por ejemplo, a menudo se encuentran huesos en el interior de cuevas, pero es difícil establecer si han sido colocados allí por motivos higiénicos o bien si existe una voluntad simbólica. En el yacimiento de Shanidar, en Iraq, se hallaron numerosos restos de polen que hicieron pensar en una posible ofrenda floral. Posteriormente, se puso en duda esta investigación porque el polen podría haber sido depositado allí descuidadamente por los propios investigadores al hacer la excavación.

Respecto al arte, los neandertales dejaron algunos restos, aunque no pueden compararse con la espectacularidad, por ejemplo, de las pinturas de los sapiens en la cueva de Altamira (Cantabria, España). Las piezas neandertales halladas por los arqueólogos son muy simples y se desconoce si constituyen realmente restos artísticos. Uno de estos ejemplos son las pautas de signos que los arqueólogos han hallado grabadas en algunos huesos y a las que no se atribuye función alguna. También se han encontrado objetos de gran tamaño que aparentemente no cumplen ninguna función, por lo que se podría pensar que eran obras de arte. Respecto a esta cuestión, tampoco hay unanimidad.


Subir | MAPA WEB | ESPECIFICACIONES TÉCNICAS | NOTA LEGAL | ATENCIÓN AL CLIENTE |