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Era espacial, una historia de éxitos y fracasos
 
 
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El Columbia, momentos antes de su lanzamiento, el 28 de febrero de 2002 en Cabo Cañaveral.

Puede que todo empezara en Nantes en 1839, cuando un niño de once años se escapó de su casa para hacerse grumete. La aventura duró poco, pero ese mismo “niño” se fue De la Tierra a la Luna a los 37 años. Se llamaba Jules Verne y en él han reconocido muchos de los ingenieros que años más tarde iniciaron la denominada carrera espacial al ideólogo de sus creaciones, al padre de los viajes fuera de la atmósfera. Pero la parte novelesca no lo es todo. En la aventura del hombre en el espacio hay curiosidad por lo desconocido, pero también intereses económicos, rivalidades que vienen de viejo y muertos por la causa.

Un total de 21 personas han perdido la vida desde que el 4 de octubre de 1957 el Sputnik 1 entrara en órbita inaugurando así una nueva era: la era espacial, en la que la humanidad superaba ya todas sus fronteras. Las últimas víctimas mortales de esta conquista de lo desconocido fueron los siete tripulantes del transbordador Columbia, que fallecieron el 1 de febrero de 2003, justo 15 minutos antes de aterrizar en Cabo Cañaveral. El Columbia era el transbordador más antiguo de la flota estadounidense. Se había construido en 1975 y en el momento de estallar finalizaba su misión número 28. Entre sus viajeros espaciales figuraba el primer astronauta israelí, Ilan Ramon, quien se encargaba de estudiar qué factores provocan osteoporosis en los astronautas analizando células madre adultas de la médula ósea. Las razones del siniestro del Columbia apuntan a un error en el lanzamiento de la nave el 16 de enero de 2003, durante el que se perdieron algunas placas térmicas. Desde la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos) no se le dio ninguna importancia al problema, aunque dos días antes del accidente, en la agencia espacial se había emitido un informe interno que sugería que el aterrizaje podría ser de riesgo y en 1997 el ingeniero Gregory Katnik ya había levantado la voz de alarma asegurando que el revestimiento térmico de la nave era “anormal”.


CUESTIÓN DE DINERO
La NASA achacó el siniestro a los recortes presupuestarios para investigación espacial del presidente George W. Bush, que redujo las subvenciones en un 40%. Para acallar las voces críticas, Bush aseguró que incrementaría con 510 millones de euros el presupuesto de la NASA para el año 2004.

Porque el monetario es un factor básico en el desarrollo de las tecnologías espaciales. Con la caída de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) en 1990, la disputada hegemonía sobre el cosmos, que se había convertido en un tira y afloja entre soviéticos y estadounidenses, se quedó estancada. El dinero de Moscú no podía mantener sus proyectos y el primer país en salir al espacio tuvo que retirarse momentáneamente de escena.

En Estados Unidos, tras la llegada por primera vez a la Luna (el 20 de julio de 1969) y la pérdida de la competitividad con el bloque comunista que supuso la Guerra Fría (1945-1990), el interés por los asuntos de la NASA cayó considerablemente. En 1996 la empresa United Space Alliance (USA) –formada por los dos gigantes de la construcción aérea norteamericana, Boeing y Lockheed Martin– fue subcontratada por la NASA para realizar las operaciones de vuelo del programa de transbordadores. Sus negocios en la USA reportaron enormes beneficios a estas dos compañías aeronáuticas.


CUENTOS CHINOS
Pero antes de iniciarse la carrera espacial pasaron muchas cosas. Ocurrió que los chinos inventaron la pólvora y la usaron para idear las primeras técnicas de propulsión por cohetes, de la que se valieron en 1232 para defender la ciudad de Kaifeng de los ataques de los mongoles. En 1926 el ingeniero estadounidense Robert Goddard logró en Massachusetts elevar a 15 metros del suelo el primer cohete que necesitaba combustible líquido. Los pioneros fueron considerados inventores locos hasta que el régimen nazi institucionalizó lo que parecía una novela de Verne o de H.G. Wells. Precisamente un gran admirador de estos dos escritores fue el cerebro del auténtico despegue de la aeronáutica. Wernher von Braun, el ingeniero alemán líder del grupo bautizado como Rocket Team, construyó en 1942 el cohete V-2 experimental en la base de Peenemünde. El V-2 logró una aceleración de 1.340 metros por segundo y se elevó 84 kilómetros sobre el nivel del mar, pero su mérito reside en que fue el primer aparato ideado por el hombre que atravesó la atmósfera terrestre.

Von Braun y su equipo fueron “reinsertados” por Estados Unidos y pasaron a formar parte de la NASA cuando la Alemania nazi fue vencida en la Segunda Guerra Mundial. Pero el bloque comunista se adelantó al Rocket Team y así los soviéticos pusieron en órbita el Sputnik 1 el 4 de octubre de 1957, iniciando la desde entonces denominada carrera espacial, símbolo de lucha de dos ideologías, la comunista y la capitalista, representadas por la URSS y Estados Unidos respectivamente, que se enfrentaron durante los 55 años que duró la Guerra Fría.

La rivalidad entre ambas potencias desembocó en una continua puja por demostrar quién llegaba más lejos. El Sputnik 1, que era una pequeña esfera de aluminio de 58 centímetros de diámetro, dio paso en 1958 al Sputnik 2, en el que el primer ser vivo llegó al espacio. Fue una perra llamada Laika y, aunque el animal falleció horas después del lanzamiento, la nave permaneció 163 días orbitando, por lo que la operación fue considerada un gran éxito. De ahí que se pasara a experimentar con humanos: el 12 de abril de 1961 los soviéticos enviaron a Yuri Gagarin a dar un paseo por las estrellas en el Vostok 1. Este joven de 27 años, hijo de un carpintero ruso, fue el primer hombre en ver la Tierra y sobrevolarla durante una hora y 48 minutos a una velocidad de 27.400 kilómetros por hora. Su hazaña fue emulada el 16 de junio de 1963 por Valentina Tereshkova, quien con su vuelo en el Vostok 6 se convirtió en la primera mujer que salió al espacio.


EL HOMBRE EN LA LUNA
Los soviéticos no fueron los únicos en cosechar éxitos: el 5 de mayo de 1961 el capitán de la Armada Alan B. Shepard se convirtió en el primer estadounidense que sobrepasó la atmósfera con la nave Freedom 7, parte del programa Mercury de la NASA. El 20 de febrero de 1962 el teniente coronel de los Marines John H. Glenn pasó a ser el primer hombre que orbitaba alrededor de la Tierra. Glenn dio tres vueltas completas al planeta dentro de la cápsula Friendship 7.

Pero el hito lo marcó una promesa de John Fitzgerald Kennedy a su nación. El popular presidente de los Estados Unidos aseguró a sus conciudadanos en 1961 que llegarían a la Luna antes del fin de la década. Dicho y hecho: el 20 de julio de 1969 los astronautas Armstrong, Collins y Aldrin daban “un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad” (mítica frase pronunciada por Neil Armstrong) y concluían los años sesenta con el alunizaje del Apolo 11. Aunque para llegar a la Luna el programa Apolo (heredero de los programas Mercury y Gemini que anteriormente había desarrollado la NASA) había tenido un trágico comienzo: el 27 de enero de 1967 los cosmonautas Virgil Grissom, Edward White y Roger Chaffee murieron asfixiados dentro del Apolo 1 durante un simulacro de lanzamiento, convirtiéndose así en las primeras víctimas mortales humanas que se cobraba la conquista del espacio.

Las primeras pero no las únicas. El astronauta ruso Vladímir Komarov falleció también en 1967 cuando su nave se estrelló contra el suelo por causas desconocidas. En el año 1971 los inquilinos de la estación espacial soviética Salyut 1, Vladislav Vólkov, Viktor Patsáyev y Georgi Dobrovolski, murieron cuando regresaban a la Tierra a bordo de la nave Soyuz 11. En 1986 la explosión del Challenger tras 75 segundos de vuelo conmocionó al mundo. En el accidente fallecieron los siete tripulantes, dos de ellos mujeres, del que entonces era el transbordador estrella de la NASA. En 2003 la historia se repitió, pero esta vez a la inversa, puesto que los siete astronautas del Columbia fallecieron cuando su nave se desintegró al entrar en la atmósfera terrestre.


TURISTAS PARA SUPERAR LA CRISIS
La última misión del Columbia confirmó una crisis patente desde que la carrera espacial dejó de ser una competición. Con el fin de la Guerra Fría los recortes presupuestarios de la NASA fueron considerables y el desarrollo de programas espaciales por parte de Rusia más bien escaso, debido a los problemas de financiación. Estados Unidos contaba con los transbordadores, un reducto tecnológico de los años sesenta necesitado de mejoras. Sin embargo, en 2010 el presidente estadounidense Barack Obama confirmó el fin del programa de transbordadores y su retirada definitiva en 2011.

Rusia, por su parte, mantuvo en órbita la estación espacial MIR (“paz” en ruso) desde 1986 hasta 1999 y ahora continúa sus estudios con las naves Soyuz. Pero en el mercado han entrado nuevos competidores. Desde que en 1966 la ONU declarara el espacio Patrimonio de la Humanidad, Europa se ha metido de lleno en la investigación y la Agencia Espacial Europea (ESA) se ha visto también afectada por la crisis aeronáutica, algo que ha repercutido en sus proyectos. En 2002 el fallo de un Ariane 5, parte del programa que pretendía analizar el núcleo de un cometa activo, puso en peligro el futuro de la carrera espacial europea.

Para salir de la crisis, los expertos apuntan soluciones como la mejora de la protección térmica de las naves o la sustitución de los viejos transbordadores por aparatos más modernos y fiables. Pero sus alternativas no solo han de mejorar la seguridad, sino que deben ser a la par económicas. Por eso el turismo espacial que el millonario estadounidense Dennis Tito inauguró el 21 de abril de 2001 ha dejado de ser una controversia para convertirse en una opción.

La idea de llevar millonarios excéntricos fuera de la atmósfera terrestre puede interpretarse como un modo de hacer realidad los caprichos de la gente adinerada, pero también es una manera de subvencionar proyectos espaciales que de otro modo nunca podrían llevarse a cabo. La agencia espacial rusa lo vio de este modo y por eso acogió a Tito entre los tripulantes de la nave Soyuz TM-32, previo pago de 20 millones de dólares por parte del viajero. Las voces críticas aseguran que es muy peligroso llevar un extraño a bordo, pero en el caso de Tito esto no era un impedimento, puesto que había sido entrenado por la NASA, que luego se negó a incluirlo en sus expediciones. Tito pasó ocho días en el espacio y ya ha habido otros turistas, como el joven millonario sudafricano Mark Shuttleworth, que pasó diez días en el espacio (desde el 25 de abril hasta el 5 de mayo de 2002), la estadounidense Anousheh Ansari, la primera mujer turista espacial en 2006, o el canadiense Guy Laliberté, fundador del Cirque du Soleil, en 2009.


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