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Confucio, el sabio supremo
 
 
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 CONFUCIO Y LA CHINA ACTUAL
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Confucio es responsable, en gran medida, de la disciplina y productividad de los países asiáticos.

Confucio es una figura que, en la actualidad, se reivindica y es utilizada como ejemplo para los chinos. Aunque su doctrina estaba pensada para adoctrinar a los jefes políticos –a los que cobraba por sus servicios, tal y como hacían los sofistas griegos–, toda la sociedad china ha quedado impregnada por sus enseñanzas, basadas en cuatro principios básicos: sometimiento al príncipe, respeto a los mayores, piedad filial y fidelidad a los amigos. Cumpliendo estas normas y adecuando las actitudes a dichos principios se logra el objetivo de la armonía y el orden social. Los momentos en la historia de China más prósperos son aquellos en los que se ha logrado una mayor armonía y los dirigentes actuales consideran que se debe regresar a las enseñanzas de Confucio para que el país logre modernizarse. Se atribuye a Confucio un importante papel en la disciplina y productividad existente en los países asiáticos. Del mismo modo que Max Weber, en su obra Ética protestante y el espíritu del capitalismo consideraba que el protestantismo –y, más, concretamente el calvinismo– había influido en el capitalismo, el culto a los antepasados que propugna el confucionismo es una de las razones en las que se debe buscar el éxito productivo de esta región del mundo.

La cultura china es heredera de las enseñanzas de Confucio y muchos de sus ciudadanos, de forma más o menos consciente, actúan siguiendo las ordenanzas del antiguo sabio. Las relaciones interpersonales, por ejemplo, se encuentran mediatizadas por las enseñanzas de Confucio y la amistad y la obediencia ocupan unos lugares destacados en la escala de valores de la sociedad china. Se acepta que no todas las enseñanzas de Confucio son válidas en la actualidad y por este motivo es necesario hacer una criba entre aquello que sigue siendo razonable y lo que resulta inaceptable, como sus opiniones sobre la mujer sometida al marido. Para muchos, las enseñanzas de Confucio han sido manipuladas y tergiversadas y a menudo no se ha tenido en cuenta el contexto en el que aparecieron y por este motivo ha recibido duras críticas. El representante de la Unesco en China afirmó, en la apertura de un simposio sobre el pensador: “Al pensar acerca de lo que las ideas de Confucio pueden significar para el mundo actual, aparece meridianamente claro que las necesidades básicas de la sociedad humana, sorprendentemente, han cambiado poco en los últimos 2.540 años, porque con todo nuestro progreso, o la falta de él, una sociedad que funcione y pueda tener éxito depende todavía en gran medida de muchos de los valores que [Confucio] expuso".

Sin embargo, hay épocas en la historia de China en las que la figura de Confucio fue criticada con dureza. Así paso, por ejemplo, durante la revolución cultural (1966-1976), en la que se tachó al confucionismo de lacra y se le culpó de causar el retroceso del país. Se acusó a Confucio, por ejemplo, de defender una sociedad feudal en la que se exigía la obediencia de los súbditos al patrón. Sus ideas moderadas y de benevolencia chocaban frente a un movimiento revolucionario que despreciaba el pasado y que consideraba que toda la cultura tradicional era sospechosa de incitar al capitalismo. Por este motivo, Confucio fue considerado un reaccionario, por lo que sus enseñanzas fueron despreciadas por los dirigentes comunistas chinos. Gran parte de los templos y de las esculturas dedicadas al pensador fueron destruidas durante esta época.

Después de la revolución cultural, causante de grandes estragos, los dirigentes comunistas chinos recuperaron la figura de Confucio. Resultaba de nuevo interesante por su defensa de la sumisión del individuo al poder político, en un momento especialmente crítico, después de que los movimientos a favor de la democracia fueran reprimidos.

Los dirigentes de la China actual ya no buscan desembarazarse del pasado ni olvidarse de él, como se pretendía durante la revolución cultural, sino que intentan recuperarlo y transformarlo, de tal forma que volviendo a las raíces, China se reencuentre con la modernidad.

El gobierno chino se sirve del confucionismo para promover las reformas económicas, sin que el sistema político se vea afectado ni se resienta. Además de extender la idea de sometimiento entre la población, los dirigentes políticos también toman a Confucio como ejemplo para lograr un gobierno justo y sin corrupción. A la suma de ambas conductas se debe el progreso económico chino. Sus ideas sobre educación son también muy modernas: “para todos, y a cada cual según sus capacidades". Es decir, una educación pública que tenga en cuenta las diferencias existentes entre los alumnos.

Algunos filósofos consideran que el confucionismo puede tener éxito y ser útil más allá de las fronteras chinas. Tal y como apunta Eugenio Trías, uno de los filósofos españoles vivos más destacados en la actualidad, es necesario plantearse la siguiente pregunta: “¿qué marco religioso y cultural es el mejor dispuesto a adaptarse a las formas nuevas del capitalismo tecnológico victorioso?”. En su respuesta, Trías cita el sintoísmo, el confucionismo y el taoísmo.

Para Trías, muchos conflictos bélicos tienen su causa en las diferencias religiosas existentes entre diferentes comunidades, por lo que es necesario poner las bases para una nueva religión que sea compatible con el capitalismo y que además sea aceptada por todos. Y para ello cita al escritor Rafael Sánchez Ferlosio: “Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado”. Confucio, piensa el filósofo, puede desempeñar un papel importante en la formación de una religión global.


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