Nuevo usuario?
Regístrate
 
PlanetaSaber
 
ENTENDER EL MUNDO/BIOGRAFÍAS
Jane Goodall, la vida con los chimpancés
 
 
Entiende Comprende Enciclopedia Siglo XXI Test
    ENTIENDE      LAS CLAVES
 LA NIÑA QUE SOÑÓ CON SER SALVAJE
Imprimir Enviar Guardar
 
 
 
Jane Goodall ha creado una fundación para proteger la vida salvaje en el planeta.

La vida de Jane Goodall es la historia de una mujer destinada desde que era una niña a encontrarse con sus orígenes. Su pasión por los animales la llevó a África, donde convivió durante cuatro décadas con los chimpancés que habitan las selvas de Tanzania. Tras años de observación sus descubrimientos sobre el comportamiento de los primates sirvieron para romper viejas creencias y para constatar que los chimpancés y los hombres guardan un pasado común. En la actualidad Jane Goodall ha creado una fundación que lleva su nombre y viaja 300 días al año, acompañada por su inseparable mono de peluche, para concienciar a la gente de la necesidad de conservar la vida salvaje en el planeta.

EL ARTE DE OBSERVAR
Jane Goodall nació en Londres el 3 de abril de 1934, pero su familia pronto se trasladó a Bournemouth, una ciudad situada en la costa sur de Inglaterra. El día que cumplió dos años su padre le regaló un chimpancé de peluche al que llamaron Jubilee, como una cría de esta especie que había nacido en el zoológico de Londres. Los amigos de la familia advirtieron a los padres de que este tipo de peluches podían causarle pesadillas a la pequeña, pero Jane no se asustó y desarrolló tal pasión por el muñeco que incluso lo conserva en la actualidad. Su interés por la vida salvaje había comenzado y, a los tres años, Jane ya mostraba una inclinación especial por todos los animales que se cruzaban en su camino, como los caracoles y las palomas.

La famosa primatóloga inglesa presume de haber sido científica desde los cuatro años. Sus primeras observaciones se produjeron en una granja avícola. Jane quería saber cómo ponían los huevos las gallinas, por lo que se escondió en un pequeño cobertizo para descubrirlo. Oculta en el corral la pequeña espió durante cuatro horas a las gallinas. Fue su primer trabajo de campo sobre el comportamiento animal. Jane asegura que desde pequeña encontró el apoyo de su familia: “Cuando mi madre me vio correr hacia la casa notó mi entusiasmo y, en vez de regañarme por desaparecer durante tanto tiempo (¡incluso había llamado a la policía!), se sentó a mi lado y escuchó mi relato de cómo una gallina pone un huevo".


YO TARZÁN, TÚ JANE
Los libros preferidos de Jane cuando era una niña trataban sobre animales o estaban ambientados en lugares recónditos de África. A los diez años ya soñaba con visitar este continente y convivir con los animales salvajes, exóticos y peligrosos que habitan sus selvas y sabanas. Entre sus lecturas favoritas destacaban La historia del doctor Dolittle, de Hugh Lofting; El libro de la selva, de Rudyard Kipling; y Tarzán de los monos, de Edgar Rice Burroughs. La coincidencia de su nombre con el de la novia de Tarzán la hizo identificarse con las aventuras de este niño criado por los monos. En 1946 Jane fundó un pequeño club, La sociedad del caimán (The Alligator Society), que incluía a su hermana pequeña Judy y a sus amigas Sally y Sue. Todas estas ideas, que hoy podrían parecer normales para alguien de su edad, no eran muy comunes en las niñas de la década de los cuarenta. A pesar de que nadie en el colegio la tomaba en serio, Jane no estaba dispuesta a renunciar a sus sueños. Su madre, que había decidido divorciarse de su marido y hacerse cargo sola de la educación de su hija, se convirtió en su principal apoyo: “Jane, si realmente quieres algo y estás dispuesta a trabajar duro, aprovecha todas las oportunidades y no te rindas nunca; solo así algún día encontrarás la forma de conseguir lo que te propongas”. Desde ese momento Jane tomó la determinación de viajar a África y cumplir su sueño de entrar en contacto con la vida salvaje del continente. Sabía que algún día lo lograría y cuando llegara ese momento debía estar preparada.

La familia de Jane Goodall era muy humilde, por lo que la joven, a pesar de ser una gran estudiante que terminó sus estudios con matrícula de honor, no pudo acceder a la universidad. Así, Jane se inscribió en los cursos de secretariado del Queen’s Secretarial College y, después de obtener su certificado, encontró trabajo en Londres en una compañía audiovisual de documentales. A pesar de que el trabajo le gustaba, no estaba dispuesta a quedarse allí toda la vida. Necesitaba viajar y ver de cerca los animales que tantas veces había mirado en sus libros. En su tiempo libre se dedicaba a leer, a escribir poesía y a estudiar. Entonces, en 1956, una vieja amiga de la familia que vivía en Kenia la invitó a pasar una temporada en Nairobi. Jane no lo dudó y se puso a trabajar de camarera en su tiempo libre para conseguir el dinero suficiente para pagar el billete. Tenía 22 años y nada le iba a impedir alcanzar su gran sueño.


LIBRE EN ÁFRICA
Jane llegó el 2 de abril de 1956 a las costas de Mombasa (Kenia) en un duro viaje en el barco The Kenya Castle. Nada más desembarcar oyó hablar del doctor Louis Seymour Bazett Leakey, un renombrado paleontólogo y antropólogo que estaba trabajando en la zona. Leakey era conocido por defender la tesis de que el origen del hombre estaba en África y no en Asia, como se pensaba entonces. Jane quería oír esta teoría y decidió entrevistarse con él en mayo de 1957. Las ansiosas preguntas que le hizo la joven y el enorme interés que mostraba por todos los aspectos salvajes de África sorprendieron al investigador hasta tal punto que decidió tomarla como su asistente. Junto con el doctor Leakey y su mujer Mary, Jane se embarcó en una expedición a la garganta de Olduvai, un yacimiento arqueológico situado en las llanuras del parque nacional de Serengeti (Tanzania), en busca de fósiles.

Después de tres meses en Olduvai el grupo volvió con un cargamento de huesos a Nairobi, donde Jane comenzó a trabajar en un museo. A pesar de que disfrutaba en las expediciones en busca de fósiles, Jane no quería convertirse en paleontóloga, sino que quería tratar directamente con animales vivos. Sus deseos por estar en contacto con la naturaleza salvaje habían crecido con ella desde que era pequeña y, aunque le parecía muy interesante conocer la evolución de los primates a través de los huesos, se sentía encerrada entre las paredes del laboratorio del museo. Necesitaba estudiar a los animales libres en su estado natural, viviendo solos sin que agentes externos los perturbaran. Jane quería aprender sus costumbres, verlos de cerca, desentrañar sus secretos mediante una observación constante de su vida diaria, tal como había hecho cuando era niña con las gallinas. Entonces, el doctor Leakey se dio cuenta de que Jane, una chica sin estudios científicos pero con un gran entusiasmo, era la persona perfecta para estudiar la vida salvaje en el continente africano. Así, el paleontólogo le propuso viajar sola al lago Tanganyika para que estudiara de cerca el comportamiento de una comunidad de chimpancés.


LOS ÁNGELES DE LEAKEY
El doctor Louis Leakey era un paleontólogo destacable que no solo quería estudiar los fósiles de los homínidos sino también el comportamiento de los seres vivos para encontrar el origen del hombre. Sin embargo, no podía encargarse él mismo de todo, por lo que buscaba un equipo de ayudantes que estudiaran el comportamiento de los animales para conseguir desvelar así, mediante el contraste con los fósiles, los secretos de la evolución. Solo estudiando el presente se podía entender el pasado.

Leakey tenía una confianza ciega en las mujeres, a las que consideraba mejores observadoras que los hombres. El paleontólogo creía que no había ningún tipo de obstáculo para una mujer emprendedora, por lo que se rodeó de varias entusiastas a las que encargó estudios de campo sobre etología (ciencia que estudia el comportamiento animal desde un punto de vista biológico). Uno de los requisitos era que las mujeres no tuvieran estudios científicos, puesto que Leakey pensaba que así podrían ser más objetivas a la hora de juzgar sus descubrimientos y permanecerían ajenas a muchas teorías de la ciencia que ningún universitario se atrevería a desmentir. Sin influencias ni falsas creencias científicas su equipo femenino se encargaría de observar y desarrollar sus propias teorías. Así, mientras él seguía buscando fósiles de homínidos confió la investigación sobre primates a tres mujeres: Dian Fossey, quien se dedicó a estudiar los gorilas; Jane Goodall, que se encargó de los chimpancés, y Biruté Galdikas, que observó el comportamiento de los orangutanes en la isla de Borneo. Las conclusiones obtenidas por las tres cambiaron la concepción evolutiva que se tenía del hombre.


SOLA EN LA SELVA
Cuando Jane Goodall comunicó su intención de investigar a los chimpancés en su propio hábitat durante meses, las autoridades británicas se negaron a autorizar la expedición. Una mujer joven viviendo sola entre los animales salvajes de África era una locura. Finalmente, tras la mediación del doctor Leakey, que era una autoridad de renombre en el ámbito científico y académico, accedieron a que Jane viajara acompañada por su madre, al menos durante los tres primeros meses. Al fin y al cabo, nadie confiaba en que una mujer inglesa de aspecto frágil pudiera resistir mucho más tiempo sola en la selva con la única compañía de una comunidad de chimpancés. Así, en julio de 1960 Jane y su madre Vanne llegaron a la reserva de caza de Gombe en Tanganica (actual Tanzania).

Al principio, estudiar los chimpancés de Gombe no fue fácil para Jane. Los animales se escapaban despavoridos al verla. Su presencia entre los árboles les daba miedo y les hacía ponerse a la defensiva. Le costó meses poder acercarse a ellos. Cada día Jane se escondía entre la maleza e intentaba no acercarse demasiado a los chimpancés para no asustarlos. Jane estuvo observando durante semanas su comportamiento a través de unos prismáticos desde un saliente de roca situado sobre el bosque donde se agrupaba la comunidad de chimpancés más numerosa. Otras veces se encaramaba directamente a los árboles como si ella misma fuera un chimpancé. Para distinguir a todos los miembros de la comunidad les puso nombres que aludían a sus características físicas o a su personalidad, algo inusual en este tipo de investigaciones, donde los animales siempre eran identificados con un número. Poco a poco los primates se acostumbraron a su presencia, hasta que la consideraron como un animal más de la selva que no suponía ningún peligro.


LA SALVAJE JANE
Jane se levantaba mucho antes que los chimpancés y elegía un sitio estratégico donde poder observarlos sin que su presencia interrumpiera las actividades diarias de los primates. Si ella no era una amenaza, los chimpancés podrían comportarse con total naturalidad. Se agotaba subiendo a las montañas y abriéndose paso por unos caminos que la frondosa vegetación se empeñaba en cerrar cada día. En su cuaderno anotaba sus impresiones diarias. “Bajo el cielo, el bosque es un templo para mí, una catedral hecha de baldaquines de árbol entre los que baila la luz, especialmente cuando llueve y está tranquilo. Esto es el cielo sobre la tierra. No puedo imaginarme ver la vida sin haber contemplado este lado místico de la naturaleza”.

La científica disfrutaba siguiendo a una madre y sus crías desde el amanecer hasta la puesta de sol. Ni siquiera se molestaba en llevar comida, pues se empeñaba en comer los mismos frutos que cogían los chimpancés de los árboles. Jane se subía a una rama y allí permanecía durante horas, observando y tomando notas hasta que, tras la puesta de sol, los chimpancés se dormían. Aquí terminaba su jornada. Jane regresaba a su campamento, se preparaba la cena y se bañaba en el lago Tanganyika. El agua fría hacía que el dolor de las heridas y el cansancio desaparecieran.


MITOS CIENTÍFICOS
Jane observó y anotó muchos aspectos del comportamiento diario de los chimpancés en sus primeros años en la reserva de caza de Gombe. En octubre de 1960 realizó uno de sus grandes descubrimientos al observar a los chimpancés David Greybeard y Goliath intentando sacar termitas del tronco de un árbol mediante una rama flexible a la que previamente le habían arrancado las hojas. Después de conseguir sacar a los insectos los chimpancés se llevaban aquel tallo a la boca como si fuera una cuchara. Era un hallazgo asombroso, pues suponía la constatación de que el hombre no era el único animal que construía herramientas, como habían creído hasta entonces los científicos. Este descubrimiento sepultó de forma definitiva una creencia científica errónea en la que se habían basado muchas teorías sobre la evolución, que consideraban que la diferencia entre el Homo sapiens y los primates era precisamente la capacidad del primero para fabricar utensilios. Tras oír las conclusiones del estudio de Jane, su mentor Louis Leakey afirmó: “Jane, gracias a tu descubrimiento ahora tendremos que redefinir el significado de herramienta, reformular el concepto de hombre o aceptar que los chimpancés son humanos”.

No fue la única hipótesis errónea que desmontó el trabajo de Jane Goodall. En su primer año en Gombe observó también que los chimpancés no eran solo herbívoros, como creían los zoólogos, sino que también eran capaces de cazar pequeños babuinos y otros animales. Aunque eran principalmente vegetarianos y se alimentaban sobre todo de frutas, en algunas ocasiones complementaban su dieta con roedores e incluso con insectos como las termitas.

Durante su trabajo en África, Jane se enamoró del barón holandés Hugo van Lawick, que trabajaba como fotógrafo para National Geographic. Lo había conocido en 1960 y él le había ayudado a filmar a un chimpancé construyendo una herramienta, unas imágenes que dieron la vuelta al mundo y constataron el valor de sus estudios etológicos. Jane interrumpió su investigación para regresar a Londres y difundir estas imágenes. Necesitaba mostrar sus hallazgos a los científicos y estudiar más para comprender mejor a los primates, por lo que decidió matricularse en la universidad. En 1963 publicó el artículo “Mi vida junto a los chimpancés salvajes” en la revista National Geographic. En 1965, un año después de casarse con Hugo van Lawick en el barrio londinense de Chelsea, Jane se doctoró en Etología en la Universidad de Cambridge con una tesis sobre el comportamiento de los chimpancés africanos. Después volvió a Tanzania a continuar su investigación y a poner en marcha el centro de investigación de Gombe Stream. En 1967 llegó al mundo su hijo Hugo Erik Louis.


CASI HUMANOS
Los estudios de la primatóloga inglesa hacían un especial hincapié en que los chimpancés no son todos iguales, sino que poseen personalidades complejas y que pueden responder de diferentes maneras antes situaciones similares. Al igual que los humanos, poseen sentimientos que dependen de las circunstancias y su convivencia se rige por una serie de jerarquías sociales muy marcadas. En sus observaciones diarias llegó incluso a establecer relaciones familiares de peso entre los primates y costumbres que se consideraban solo humanas, como los meses de noviazgo en los que los machos cortejan a las hembras antes de decidirse a procrear. En 1987, ya con su equipo de científicos en el centro de Gombe Stream, constató que los chimpancés son capaces de adoptar a crías huérfanas, aunque esta cría no sea un pariente cercano. Así, Goodall documentó cómo la chimpancé adolescente Spindle se hacía cargo de Mel, una cría huérfana de tres años, a pesar de que entre ambas no existía una relación familiar concreta.

Además, descubrió que los chimpancés también son capaces de provocar guerras, más allá de las peleas esporádicas y puntuales. A principios de 1974 observó el comienzo de una guerra entre primates que duró cuatro años, en los que los chimpancés del grupo Kasakela aniquilaron sistemáticamente a los miembros del grupo Kahama. El motivo aparente era que los primates de Kahama habían desertado de su comunidad para fundar una tribu nueva. Este descubrimiento acercó más aún a los primates y al hombre, pues hasta entonces se pensaba que solo los humanos podían llevar a cabo genocidios y sangrientas guerras.

El trabajo de Jane tenía unas conclusiones claras, que afirmaban que los primates no eran tan diferentes del hombre como se pensaba en un principio. Sus investigaciones en Gombe se convirtieron en el estudio de campo más exhaustivo jamás realizado sobre los chimpancés en su entorno natural. Durante cuarenta años la reserva de caza de Gombe, convertida hoy en parque natural, ha servido a los etólogos para descubrir los secretos del comportamiento de los primates. En la actualidad el grupo de científicos que continúan la labor de Jane Goodall es uno de los motivos de orgullo del Gobierno de Tanzania.


PREDICAR POR EL MUNDO
Jane se divorció en 1974 y un año después se casó con el británico Derek Bryceson, un piloto de guerra retirado que ocupaba el cargo de director de los parques nacionales de Tanzania. Bryceson fue uno de sus grandes apoyos para la fundación, en 1977 en Gombe, del Instituto Jane Goodall para la investigación y conservación de la naturaleza, así como para la concienciación de la sociedad mediante programas educativos. Bryceson falleció de cáncer en 1980, hecho que concienció a Jane en la lucha contra esta terrible enfermedad.

Tras la muerte de su marido Jane decidió dejar de vivir en Gombe para dar a conocer sus descubrimientos por todo el mundo. En 1984, Jane Goodall recibió el premio J. Paul Getty Wildlife Conservation, que reconocía su labor educativa al "ayudar a millones de personas a entender la importancia de la conservación de la vida silvestre en la vida del planeta". En la actualidad viaja durante diez meses al año y es una gran defensora de los animales, tanto de los salvajes como de los domésticos. Además, promueve la protección del medio ambiente y la erradicación de la pobreza y de otros problemas sociales. Su mensaje ecologista se fundamenta en la idea de que los primates son el animal más parecido al ser humano, por lo que se puede aprender de sus comportamientos para conservar el planeta.

Los seguidores de Goodall se han especializado en diferentes áreas de actuación social que han trascendido el sentido ecológico con que fue creado el Instituto. Así, junto con el mensaje de conservación del medio ambiente, el Instituto Goodall promueve actuaciones para la erradicación de la pobreza, la defensa de los derechos humanos, el desarme, la persecución del tráfico de armas, la pacificación de las zonas en guerra, la prevención del sida, etc.

Los libros de Goodall tienen, además de un marcado carácter científico, una intención divulgativa que pretende fomentar la conservación y protección de la vida salvaje. Su lista de publicaciones es muy extensa e incluye dos libros sobre su experiencia en Gombe, En la senda del hombre (1971) y A través de la ventana (1990), dos colecciones de cartas y diarios y una autobiografía titulada Gracias a la vida (2000). Entre sus obras científicas destaca Los chimpancés de Gombe, escrita en 1986 y considerada una obra pionera en la etología de los primates.

También ha escrito libros para niños como Grub: the Bush Baby, con fotografías de su ex marido Hugo van Lawick, Los chimpancés de mi vida y Mis amigos los chimpancés. Además, ha realizado varios documentales de televisión, así como el largometraje Jane Goodall's Wild Chimpanzees (2002). En 2005 publicó Otra manera de vivir (Harvest for Hope: A Guide to Mindful Eating) en la que plantea problemas de la sociedad actual como la comida rápida y los alimentos transgénicos. Goodall propone una revolución civil en la que todos los ciudadanos luchen por sí mismos contra las imposiciones de las industrias, la comida basura, el maltrato a los animales y el deterioro medioambiental.

Desde que la doctora Goodall decidió dar a conocer sus descubrimientos, la lluvia de premios ha sido constante. Entre muchos otros galardones Jane ha sido nombrada Dama del Imperio Británico y atesora en su currículum la medalla de Tanzania, la Hubbard Medal de la National Geographic Society, el premio Kyoto, el premio Príncipe de Asturias de investigación científica y técnica, la medalla Benjamin Franklin en ciencias de la vida y el premio Gandhi-King a la no violencia. En abril de 2002 el secretario general de la ONU, Kofi Annan, la nombró Mensajera de la Paz de las Naciones Unidas por ayudar a movilizar a los ciudadanos para que se impliquen en la labor de construir entre todos un mundo mejor. Su mensaje ha ayudado a que el hombre se reencuentre con sus orígenes y aprenda que su futuro está comprometido con la conservación de todas las formas de vida del planeta.


Subir | MAPA WEB | ESPECIFICACIONES TÉCNICAS | NOTA LEGAL | ATENCIÓN AL CLIENTE |