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Mandela, símbolo de la Sudáfrica libre
 
 
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 EL CAMINO HACIA LA IGUALDAD
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Nelson Mandela durante unas negociaciones con Mobutu Sese Seko y Laurent-Désiré Kabila.

El racismo “es una enfermedad de la mente y del alma (...), mata mucho más que cualquier mal contagioso. Deshumaniza a todo aquel que toca. La tragedia es que la cura está a nuestro alcance, aunque todavía no la hayamos aplicado”. Estas palabras fueron pronunciadas por Nelson Mandela en septiembre de 2001 durante la cumbre de Durban (Sudáfrica), con motivo de la Conferencia contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y la Intolerancia celebrada por la ONU.

El líder sudafricano había sufrido los efectos del odio racial durante años. En Sudáfrica, desde 1948 hasta finales de los años noventa, el racismo no fue un secreto a voces, sino una realidad hecha política, un ideal respaldado por la legislación promulgada por el Gobierno. El apartheid, una de las leyes más discriminatorias de la historia, tuvo vigencia durante más de cuarenta años en un Estado de población mayoritariamente negra. La discriminación llegó a tal extremo que las personas eran clasificadas según el color de su piel en blancos, asiáticos, negros y mestizos, y esta característica tan trivial marcaba su destino de por vida. Cada grupo tenía sus barrios, sus escuelas, sus trabajos, sus medios de transporte..., y optar a algún privilegio que no correspondiera al propio grupo era imposible. El color de la piel era un estigma que sentenciaba un futuro inamovible.

La población negra padeció los efectos más discriminatorios del apartheid. Se destinaron a esta mayoría los peores oficios, las tierras menos fértiles y los barrios menos urbanizados. Por ello, no es de extrañar que se respirasen aires de liberación y que surgiesen movimientos en contra de esta política segregacionista. Pero lo difícil de creer es que la igualdad se llevase a cabo en tan poco tiempo y que un solo personaje lograse conciliar a todos los grupos, privilegiados y marginados, blancos y negros, y encaminarlos hacia un objetivo común: una Sudáfrica multiétnica, democrática y libre. Nelson Mandela fue el gran protagonista de esta historia.


DE LA TRIBU TEMBU
Nació el 18 de julio de 1918 en Mvezo, un pequeño pueblo cerca de Umtata, Sudáfrica. Su padre, Henry Mgadla Mandela, pertenecía a la tribu polígama tembu y tenía cuatro mujeres con las que engendró quince hijos. La infancia de Rolihlahla, su verdadero nombre, transcurrió en un bonito paraje rural de la provincia de Cabo Oriental y, como él mismo confiesa orgulloso, fue un privilegiado al poder recibir educación formal. Esto fue posible gracias a que pertenecía a una familia aristocrática. Cursó primaria en una escuela de misioneros, donde el profesor lo bautizó como Nelson. Al finalizar secundaria en la escuela Wesleyan de Headtown, ingresó en el University College of Fort Hare con el objetivo de obtener el título de bachiller en Artes, pero sus ansias de reivindicación no le permitieron permanecer en el centro más de tres años. Como miembro del Consejo de Representantes Estudiantiles, participó en una manifestación que comportó su expulsión del college. Entonces, Mandela se vio envuelto en un dilema: regresar a su pueblo natal, lo que significaba contraer matrimonio con una mujer; o desplazarse a la ciudad para continuar sus estudios. Como en su mente todavía no había lugar para un enlace conyugal, alegó que quería ir a la universidad y se trasladó a Johannesburgo.

Allí terminó sus estudios de bachiller por correspondencia e inició la carrera de Derecho en la Universidad de Witwatersrand. Compaginaba estas actividades con el trabajo en un despacho de abogados en dicha ciudad. De esta manera, empezó a contactar con movimientos de liberación y, en 1944, ingresó en el Congreso Nacional Africano (ANC), donde conoció a Walter Sisulu, quien años más tarde sería secretario general de ANC. En uno de los primeros encuentros entre ambos, Sisulu enseguida vio claro que Mandela tenía el carisma, la personalidad y la ambición necesaria para combatir el racismo del apartheid. Era el líder que necesitaba Sudáfrica, y Sisulu el encargado de hacer realidad ese sueño. Como miembros del ANC trabajaron juntos desempeñando papeles complementarios: Mandela como personaje público y Sisulu como su mentor.


CONGRESO NACIONAL AFRICANO (ANC)
El ANC se fundó en 1912 como una organización en defensa de la población negra y de resistencia contra el Gobierno racista. Hacia mediados de la década de los años cuarenta, Mandela, Sisulu y otros jóvenes militantes vieron la necesidad de modificar el partido, convertirlo en un movimiento de masas y abandonar la acción parlamentaria. Para ello idearon un programa de exigencias radicales sustentado por la Liga de la Juventud del ANC (ANCYL), creada en septiembre de 1944 y presidida por el propio Mandela. Las acciones reivindicativas del ANC fueron en aumento a raíz de la victoria del Partido Nacional (PN) en las elecciones de 1948 y la instauración de la ley del apartheid.

Al año siguiente, el comité ejecutivo del ANC tomó las primeras decisiones y aceptó el Programa de Acción propuesto por la Liga de la Juventud. En este programa se hacía un llamamiento a la desobediencia civil, a la huelga y a la no-cooperación con el gobierno. También se reivindicaba la igualdad jurídica de los ciudadanos negros, la redistribución equitativa de las tierras y el acceso a la educación por parte de los jóvenes negros. La figura de Nelson Mandela fue decisiva en estas acciones. En junio de 1951 le fue encomendada una ardua tarea que consistía en divulgar por todo el país la Campaña del Desafío a las Leyes injustas. Transcurrido un mes, este movimiento de masas no violento fue procesado y Mandela acusado de violar la Ley de Supresión del Comunismo. Según esta ley, cualquier persona podía ser considerada comunista y desterrada sin juicio. Afortunadamente para Mandela, la ley no se cumplió y solo le condenaron a nueve meses de prisión, que ni siquiera llegó a sufrir al posponerse la sentencia. No obstante, se le prohibió abandonar la ciudad de Johannesburgo en varios meses y se le negó la posibilidad de participar en actos públicos y de ejercer cargos políticos.

Puesto que la actividad política implicaba problemas para Mandela, decidió continuar su lucha en los despachos. Formó junto a otro político del ANC, Oliver Tambo, un bufete de abogados, el primero regido por personas negras en Sudáfrica. Una de sus principales tareas fue dar asistencia legal a activistas acusados de oponerse al régimen. A pesar de abandonar las manifestaciones políticas, su labor como abogado también le acarreó detenciones y encarcelamientos en varias ocasiones, sobre todo cuando en 1960 el ANC fue prohibido. Al año siguiente, las fuerzas reivindicativas de Mandela, que promulgaban la no-violencia y la lucha política, empezaron a desvanecerse. El líder pacifista se dio cuenta de que seguir por el camino de la paz no conducía a nada , ya que a pesar de sus titánicos esfuerzos no obtenía los frutos deseados. Decidió adentrarse entonces en el mundo de la lucha armada.

En 1961, Mandela viajó a Etiopía y Argelia para recibir entrenamiento militar. Poco después formó el brazo armado del ANC. Sin embargo, ese mismo año todos los planes de revolución se vieron truncados. Durante una manifestación pacífica de ciudadanos negros en Sharpeville, la policía disparó contra los congregados y mató a 69 personas. El Gobierno declaró al ANC ilegal y ordenó el estado de emergencia. Mandela tuvo que moverse por la clandestinidad hasta que en 1962 fue arrestado, acusado de promover huelgas y de abandonar ilegalmente el país. Una vez encarcelado, los cargos en su contra fueron aumentando estrepitosamente hasta que el 12 de junio de 1963 fue condenado a cadena perpetua acusado de conspiración para derrocar al Gobierno. Los siguientes 27 años de su vida transcurrieron entre las cuatro paredes de las prisiones de Robben Island y de Pollsmoor.

Nelson Mandela ya contaba con una popularidad sorprendente antes de entrar en prisión, pero el encarcelamiento lo convirtió en el símbolo de la lucha anti-apartheid. Era el líder de la resistencia negra por excelencia y su fama traspasó las fronteras. A pesar de los intentos del Gobierno por presentarlo como un terrorista, la opinión pública no creyó las mentiras institucionales, de modo que Mandela se ganó la solidaridad internacional.


DE KLERK Y LA LIBERTAD
Frederik de Klerk llegó a la presidencia en agosto de 1989. Sus actuaciones fueron rápidas y contundentes: abolió la ley del apartheid y puso en libertad a Mandela en febrero de 1990. A los pocos días de estar en libertad, el líder pacifista congregó en el barrio de Soweto, en Johannesburgo, a miles de personas en una conferencia que suponía la primera aparición pública después de casi 28 años. Se dirigió a la multitud en tono alegre y, con aire festivo, abogó por la calma y la tranquilidad. Comunicó a los congregados la necesidad de apoyar a De Klerk, de cooperar con su Gobierno y alentó a los movimientos negros más radicales a moderar sus actuaciones. Sudáfrica estaba cambiando y Mandela lo sabía.

El Congreso Nacional Africano volvió a la legalidad y Mandela fue su presidente en 1991, una vez hubo renunciado a la lucha armada. Un acontecimiento referente a su vida privada transcendió a la pública y marcó los años previos a las primeras elecciones multirraciales del país. Mandela se separó de su segunda esposa, Winnie, que como presidenta de la Liga de Mujeres del ANC hizo caso omiso de los consejos de su marido. Persistió en la reivindicación violenta, encabezando el brazo armado del ANC y protagonizando actos ilegales.


DE PREMIO NOBEL A PRESIDENTE
En 1993, Nelson Mandela y Frederik Willem de Klerk fueron galardonados con el premio Nobel de la Paz. Se reconocía así la indudable labor de ambos, piezas esenciales en la abolición del régimen del apartheid y artífices de las bases para crear una nueva Sudáfrica. Al año siguiente, se celebraron las primeras elecciones democráticas de sufragio universal en las que participaron partidos formados por políticos negros. El ANC ganó por mayoría y Mandela se proclamó primer presidente negro de Sudáfrica, mandato que ejerció durante cinco años.

El nuevo presidente se encontró con una Sudáfrica destrozada y dividida. Tantos años de apartheid habían generado un odio que parecía difícil de reprimir. Sin embargo, Mandela consiguió conciliar a blancos y negros y llevó a cabo importantes medidas para solventar los problemas económicos y sociales del país. Tan solo pequeños avances, ya que en la práctica, la población blanca seguía controlando la actividad económica. La tarea no era fácil: solucionar todas las injusticias forjadas durante más de cuarenta años de discriminación no era una labor abarcable en cinco años. Como dijo el propio Mandela: “el objetivo final de una vida mejor para todos está por realizar”.

Antes de finalizar su mandato, el líder sudafricano ya había anunciado que se retiraría de la vida política. Tenía 78 años y quería dedicar a su familia la atención que no había podido prestarle durante años. El 18 de diciembre de 1997, durante una conferencia nacional de su partido, anunció de forma oficial su retirada y propuso a Thabo Mbeki como sucesor. Abandonó el gobierno, pero no las apariciones públicas. Bajo la imagen de padre de Sudáfrica y como estadista prestigioso participó en debates y foros internacionales, y su presencia fue requerida en cualquier evento mundial sobre paz, igualdad y solidaridad. Hasta que el mes de junio del 2004 decidió renunciar a la vida pública. A través de un comunicado, anunció su retirada definitiva: “me jubilo de mi jubilación (...) no me llaméis, ya os llamaré yo” . Mandela ponía de este modo fin a su actividad internacional.


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