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Pasteur, padre de la microbiología
 
 
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 EL CAMINO DE LA INVESTIGACIÓN
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Pasteur, en uno de los congresos internacionales a los que asistió en calidad de galardonado.

Louis Pasteur nació en Dole (Francia), en 1822. Su padre, ex sargento de las campañas napoleónicas, regentaba una modesta curtiembre en Arbois, al este de Francia. Allí cursó los primeros estudios y pensó dedicarse a la pintura. Pero en 1840, superó el bachillerato de Letras, en Besançon; a los dos años, el de Ciencias, en Dijon, y en 1843, ingresó en la Escuela Normal Superior de París. Su carrera científica a partir de ese momento fue imparable. Obtuvo la licenciatura en Ciencias en 1845, el doctorado en 1847 y pasó a ser profesor de Química en la Universidad de Estrasburgo en 1848. Al año siguiente, se casó con Marie Laurent, la hija del rector de la universidad. Tuvieron cinco hijos, pero solo dos sobrevivieron a las enfermedades infecciosas de la infancia: Jean-Baptiste, el único varón, y Marie-Louise.

En la Escuela Normal Superior de París, Louis Pasteur estudió los problemas relacionados con la estructura de los cristales. A los 26 años, hizo el primer trabajo sobre asimetría molecular, abriendo el camino a una nueva ciencia –la estereoquímica– al asociar en su investigación la cristalografía, la óptica y la química. Estableció que el ácido paratartárico era una mezcla de dos ácidos tartáricos distintos con una actividad óptica igual y, en 1853, obtuvo su síntesis, lo que le valió el premio de la Sociedad de Farmacia de París y la Legión de Honor.

En 1854, fue nombrado decano y profesor de Química en la Facultad de Ciencias de Lille. Próximo a las ideas socialistas, inició una pequeña revolución educativa, promoviendo cursos nocturnos para los jóvenes trabajadores, visitas de los estudiantes a las fábricas de los alrededores y clases prácticas que demostraban la estrecha relación existente entre la universidad y la industria. En Lille, Pasteur aceptó el encargo del dueño de una destilería para estudiar la producción alcohólica por la fermentación de la remolacha de azúcar. También tuvo tiempo para descubrir que las moléculas asimétricas diferencian el mundo orgánico del mundo mineral y están siempre relacionadas con los procesos vivos. Después abordó el problema de la fermentación láctea, tras estudiar el de la alcohólica en los procesos de elaboración de la cerveza y del vinagre.


LA FERMENTACIÓN
A finales de 1857, Pasteur volvió a la Escuela Normal Superior de París como director de Estudios Científicos sin dejar de lado sus investigaciones sobre el ácido láctico. No tardó en anunciar que la fermentación era el resultado de la actividad de distintos microbios que provocaban reacciones químicas específicas. En 1861, comprobó que los microbios responsables de la fermentación butírica vivían y se desarrollaban sin el oxígeno. El descubrimiento de estos seres anaerobios facilitó el camino para el estudio de los gérmenes causantes de la septicemia y la gangrena, entre otras enfermedades infecciosas. Los trabajos sobre la fermentación le llevaron directamente a participar en el gran debate de la época acerca de la generación espontánea de la vida. “La generación espontánea es una quimera y, cada vez que uno cree en ella, se convierte en juguete de un error”, afirmó. Su polémica con el científico Félix-Archimède Pouchet, defensor de que los gérmenes podían aparecer por sí mismos en un medio inerte, tuvo gran repercusión. Pasteur se aferró a sus experiencias para confirmar la teoría de que un germen tenía como origen otro germen. Por medio de matraces con cuello de cisne, Pasteur demostró que, tras la ebullición, las sustancias fermentables permanecían estériles debido a que la abertura tubular del cuello retenía los gérmenes. Así, evidenció el papel decisivo del aire en la aparición de los gérmenes: si se rompía el cuello del matraz, la contaminación era inmediata. Pasteur derribó las ideas de Pouchet con un hecho singular: subió a los Alpes con vasijas de vidrio y dejó claro que en los aires puros e incontaminados también aparecían los gérmenes.

En 1868 sufrió una hemorragia cerebral causante de su parálisis permanente del brazo y la pierna del costado izquierdo. Pese a las dificultades, ese mismo año Pasteur investigó la existencia de dos enfermedades asociadas al gusano de seda: una por infección de las huevas y la otra, intestinal. Identificadas las fuentes de transmisión –por vía contagiosa y hereditaria– no tardó en encontrar el remedio adecuado, estableciendo los principios básicos de la esterilización y la asepsia.

Sus métodos revolucionaron la cirugía y la obstetricia. Pasteur, que en 1873 fue elegido miembro de la Academia de Medicina, estableció la analogía existente entre fermentación, putrefacción y enfermedad. Su teoría microbiana de la enfermedad, ya expuesta en 1857 a raíz de sus investigaciones sobre el ácido láctico, se convirtió en el eje de sus trabajos. De 1881 a 1885, el concepto de 'inmunidad' adquirió carácter biológico gracias a Pasteur, quien la definió como “el estado de un organismo que le permite no contraer la enfermedad cuando se encuentra expuesto a la operación del agente que la produce”. Tres logros –la inmunización pasiva de las gallinas respecto del cólera, la vacunación de las ovejas contra el ántrax y la vacuna antirrábica en el campo de la patología humana– lo acreditaron como el gran precursor de la inmunoterapia preventiva mediante vacunas.

Pasteur había perfeccionado una técnica para reducir la virulencia de varios microbios productores de enfermedades mediante su cultivo a temperaturas elevadas. Su primer éxito acaeció en 1881, cuando vacunó contra el ántrax a un rebaño de ovejas. Más tarde desarrolló otras vacunas igualmente eficaces contra el cólera de las gallinas y la erisipela de los cerdos. En 1884, Louis Pasteur obtuvo tejido cerebral de un perro rabioso y lo inyectó en el cerebro de un perro sano, que contrajo la enfermedad y murió. Así demostró la transmisión de la rabia (hidrofobia). En 1885, descubrió que si extraía la médula espinal de un conejo con rabia y la sometía a desecación durante dos semanas, los agentes infecciosos que contenía perdían virulencia. Al inyectarlos a perros sanos, estos no desarrollaban la enfermedad. Ese mismo año aplicó su método de vacunación contra la rabia a los seres humanos. Su éxito rotundo le procuró fama universal. En julio de 1885, Louis Pasteur inyectó a Joseph Meister, un niño mordido por un perro rabioso, una emulsión de médula de conejo rabioso y, luego, emulsión de la médula de un hombre que había muerto en la víspera de rabia aguda. El 26 de octubre, Pasteur anunció en la Academia de las Ciencias de París el éxito de los dos tratamientos de vacunación contra la rabia. Años más tarde, Meister recordó: “Pasteur nos recibió emocionado. Había experimentado con animales; no con humanos. Antes de acabar el tratamiento, que duró 21 días, Pasteur abandonó París con la salud quebrantada por la emoción que le produjo mi caso”. Pasteur había vencido una enfermedad mortal. Pese a todo, en 1877, aún alcanzó a descubrir tres microbios que provocaban graves enfermedades entre los seres humanos: estafilococos, estreptococos y neumococos. En 1888, se creó en su homenaje el Instituto que lleva su nombre. Reconocido en todo el mundo, Pasteur murió en 1895, en la localidad francesa de Villeneuve-l’Étang.


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