Nuevo usuario?
Regístrate
 
PlanetaSaber
 
ENTENDER EL MUNDO/BIOGRAFÍAS
Napoleón, un emperador republicano
 
 
Entiende Comprende Enciclopedia Siglo XXI Test
    ENTIENDE      LAS CLAVES
 EL VUELO DEL ÁGUILA
Imprimir Enviar Guardar
 
 
 
Napoleón Bonaparte, Emperador de Francia, retratado por el pintor Jacques-Louis David.

Napoleón Bonaparte nació en Ajaccio (Córcega), en 1769. De ideas jacobinas durante la revolución de 1789 que puso fin a la monarquía francesa, en 1793 se distinguió en la reconquista de Toulon, ocupado por los británicos. Tres años más tarde se casó con Josefina Tascher de la Pagerie, viuda de Beauharnais. Nombrado general de brigada, se hizo cargo de la artillería del ejército francés que operaba en Italia. Venció a los austriacos y piamonteses, contrarios a la revolución francesa, y creó, en 1797, la República Cisalpina. Debido al apoyo que había recibido de Robespierre, fue encarcelado a la caída de este. Pero, temeroso de la simpatía de que gozaba Napoleón entre los soldados, el Directorio que gobernaba Francia lo puso en libertad.

De todos modos, el gobierno francés quiso alejarlo y, en 1798, lo envió a realizar la campaña de Egipto. La visión estratégica de Napoleón se puso de relieve: consciente de que su empresa inauguraba un nuevo capítulo en la historia -el de la expansión sistemática de Francia hacia Oriente-, se hizo acompañar por un equipo de científicos, historiadores y arqueólogos. El objetivo no solo era cortar el paso de Gran Bretaña hacia la India, sino sentar las bases de un imperio colonial galo. Una vez más, Napoleón se cubrió de gloria. Ocupó Malta y Alejandría y dispersó a los mamelucos, armados por los británicos, en la batalla de las Pirámides.

A su regreso a Francia, donde el Directorio estaba agonizando, logró el apoyo de los sectores moderados y promovió un golpe de estado, que pasó a la historia como "el golpe del 18 de brumario", acontecimiento que definió claramente el contenido burgués de la revolución de 1789. Convertido en cónsul, impuso una constitución que le confería grandes poderes y centralizó la administración. Durante 1800, reorganizó la economía y la justicia e instauró un moderno sistema de recaudación fiscal, que le permitió normalizar las arcas del Estado, al borde de la quiebra por los gastos de guerra. En 1801, en una medida política muy astuta, convenció a la Iglesia de que los "excesos revolucionarios" pertenecían al pasado y firmó un concordato con el papa Pío VII, con lo que privó a los realistas franceses y del resto de Europa de su bastión de apoyo tradicional. En 1802, en un paso más hacia el poder absoluto, se hizo nombrar cónsul vitalicio y firmó la paz con Austria y Gran Bretaña.


EMPERADOR DE FRANCIA
En 1804 se proclamó emperador de los franceses y fue el propio papa Pío VII quien lo coronó en la catedral de París. Al año siguiente, asumió el título de rey de Italia. No dejó de impulsar profundas reformas modernizadoras: instituyó el llamado "código napoleónico", creó establecimientos de enseñanza humanística y técnica, fundó universidades, fomentó el desarrollo de la industria y respaldó la actividad artística. Al mismo tiempo, aunque Napoleón no dejaba de proclamar las ideas democráticas de la revolución, el régimen se convirtió en una verdadera monarquía, con una corte y una nobleza imperial. Gran Bretaña, Prusia, Austria y Rusia volvieron a atacar a Francia. Derrotado en 1805 por los británicos en Trafalgar, ese mismo año Napoleón diezmó a los ejércitos austriacos y rusos en Austerlitz y, en 1806, a las fuerzas prusianas en Jena. Para contrarrestar la constante amenaza de las antiguas monarquías, intentó controlar Europa, lo que le obligó a permanecer en un estado de permanente guerra. Colocó a miembros de su familia al frente de los diferentes estados que ocupaba o creaba y declaró el bloqueo continental a Gran Bretaña. Tras invadir la península Ibérica en 1808, logró que Carlos IV y Fernando VII abdicasen en su favor y sentó en el trono de España a su hermano José Bonaparte. La inesperada resistencia del pueblo español se tradujo en duras derrotas para las tropas napoleónicas. La insurrección de Madrid fue aprovechada por Gran Bretaña -dueña de los mares desde Trafalgar- para desembarcar en Portugal, con cuya Corona mantenía una sólida alianza. El avance del general británico Wellington fue arrollador. En 1810, para fortalecerse, Napoleón se separó de Josefina de Beauharnais y contrajo matrimonio con María Luisa, archiduquesa de Austria, con quien tuvo un heredero, Napoleón II, que fue proclamado rey de Roma. Al aliarse con la dinastía de los Habsburgo, el peso de la nobleza se acentuó en la corte de Napoleón, en detrimento de los sectores burgueses democráticos. El aumento del control policial y la represión contra los antiguos sectores revolucionarios minó el respaldo popular del que gozaba el emperador. En 1812, aliado con Austria y Prusia, Napoleón invadió Rusia. Los generales zaristas optaron por una estrategia inteligente. En vez de oponer una resistencia militar inmediata, los rusos retrocedieron hacia el este, confiados en lo que de hecho sucedió: el duro invierno se encargó de debilitar la ofensiva francesa. Ante el cariz de los acontecimientos, Austria y Prusia cambiaron de estrategia y se aliaron con Rusia. Napoleón emprendió la retirada, pero, en octubre de 1813, fue derrotado en Leipzig.

Tras el estrepitoso fracaso de la guerra en Rusia, los aliados fomentaron la insurrección en los Países Bajos y los estados germánicos. El mariscal Joachim Murat, que Napoleón había sentado en el trono de Nápoles y a quien había confiado la caballería en la campaña contra Rusia, rompió con el emperador y se alió con sus enemigos. Igual camino siguieron los miembros de la antigua nobleza que integraban la corte napoleónica. Con los mariscales fieles, Napoleón se replegó al interior de Francia y se mantuvo dos meses más. En Fontainebleau, por presión de su propio estado mayor, Napoleón se vio obligado a abdicar. En abril de 1814, los aliados entraron en París y, por el tratado de Fontainebleau, le permitieron conservar el título de emperador y le otorgaron el gobierno de la isla de Elba, donde fue confinado.


EL CONGRESO DE VIENA
Bajo el mandato de Metternich, canciller de Austria, se reunió el Congreso de Viena para reorganizar Europa según los antiguos cánones del absolutismo. Una de sus prioridades fue restablecer la monarquía en Francia. En 1815, aprovechando el descontento popular por la restauración de los Borbones en el trono de Francia, Napoleón huyó de la isla de Elba y, el 1 de marzo de 1815, desembarcó en Golfe-Juan y, afianzado en su propio prestigio, a las dos semanas entró en las Tullerías, en París. Tras esta fulminante campaña, que pasó a la historia como "el vuelo del Águila", intentó consolidarse en el poder. En la llamada "campaña de los cien días", intentó reconstruir el imperio: avanzó sobre Bélgica y aplastó a los prusianos en Ligny, pero fue derrotado en Waterloo por los ingleses. Obligado nuevamente a abdicar, fue deportado a la isla de Santa Elena. Allí, con estilo romántico, volcó sus recuerdos en Memorial de Santa Elena, libro que fue publicado en 1823. Sus más fieles seguidores, que profesaban una verdadera idolatría por su persona, intentaron diversas conspiraciones para traerlo de nuevo a Francia, pero no prosperaron. Con la salud quebrantada, murió en 1821.



Subir | MAPA WEB | ESPECIFICACIONES TÉCNICAS | NOTA LEGAL | ATENCIÓN AL CLIENTE |