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ENTENDER EL MUNDO/BIOGRAFÍAS
Confucio, el sabio supremo
 
 
Entiende Comprende Enciclopedia Siglo XXI Test
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 UNA ÉPOCA DE RESPUESTAS
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El símbolo del yin-yang representado en el frontal del altar de un templo oriental.
Confucio vivió una época de caos y florecimiento intelectual enclavada en el período histórico de las Primaveras y los Veranos (722-481a.C.). Políticamente aquel fue un tiempo difícil. La dinastía Zhou, que reinaba desde el 1122 a.C. comenzaba a declinar y su debilidad fomentaba las guerras intestinas entre nobles que buscaban mayor poder o territorios. Entre los más de 60 principados bajo dominio Zhou, al menos 10 buscaban la hegemonía en el Imperio. Por otro lado, los reyes debían hacer frente también al enemigo exterior: los bárbaros amenazaban con conquistar sus dominios y saquear sus territorios.

El clima bélico incidía notablemente en la sociedad feudal de la época. Muchos nobles habían perdido la razón y el respeto por las tradiciones, generando la desconfianza del pueblo, que elegía como camino la revolución. No era de extrañar. Los altos impuestos derivados de las correrías bélicas de sus señores y los efectos de la guerra desangraban sus graneros hasta hacerlos morir de hambre.

La situación de caos se tornaba cada año más insostenible y la gente necesitaba una respuesta o una dirección que seguir. En este contexto nacerían las tres grandes doctrinas o religiones orientales: confucianismo, taoísmo y budismo.

El taoísmo fue fundado en el siglo IV a.C. por Laozi (o Lao Tse), sabio que trabajó durante muchos años como archivero de la corte de los Zhou y que llegó a conocer a Confucio, causándole una honda impresión. Al igual que el sabio de Lu, sentó los principios filosóficos del taoísmo a partir de la enseñanza y los plasmó en el Tao Te-king, obra central de su filosofía.

Más metafísico que el confucianismo, el taoísmo busca la experiencia mística como respuesta al caos. Cree en un todo, el tao, del que todo mana y en el que todo se une. Para hallar la felicidad, el ser humano debe estar en armonía con esta fuente de la que procede. Y en última instancia, puede lograr la unión con él y alcanzar la santidad. Para conseguirlo, el taoísta debe perseguir el olvido del yo y el vacío de corazón, liberándose así de todos los lazos que le unen con el mundo. Al dejar de ser, se es todo.

De carácter igualmente místico es el budismo, religión fundada por Siddharta Gautama, conocido como Buda. Surgida en la India como reacción al hinduismo, la doctrina budista pronto se extendió por Asia y arraigó con fuerza en la sociedad china. Frente al caos, Buda proponía una actitud vital que negara la existencia: frente al sufrimiento había que pensar que nada es realmente, ni siquiera el ser humano. Erradicando los deseos y la confianza del ser humano en el mundo se eliminaría el dolor y se alcanzaría el nirvana.

Hasta alcanzarlo, la vida humana se rige por la ley del karma o de la causa y el efecto. Esta ley determina la posterior reencarnación de un ser en función de sus buena o malas acciones y presupone una justicia universal. Para ir procurándose mejores reencarnaciones, se debe llevar una vida virtuosa y respetuosa con la sociedad. Así, poco a poco, el ser humano puede desprenderse de su karma, evitar las reencarnaciones y alcanzar finalmente el nirvana, nuevo estadio de la realidad en el que no existe el sufrimiento.


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