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ENTENDER EL MUNDO/BIOGRAFÍAS
Napoleón, un emperador republicano
 
 
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 EL ANTIGUO RÉGIMEN
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La toma de la Bastilla, acontecida el 14 de julio de 1789, fue clave en la revolución francesa.

La revolución de 1789 no vino solo a derribar una monarquía sino también a acabar con el Antiguo Régimen, el orden social basado en la estrecha alianza que, a lo largo de los siglos, se había forjado entre los estamentos de la nobleza feudal y la Iglesia y que, en definitiva, había constituido el eje económico e ideológico de la Edad Media.

Desde el Renacimiento, en los burgos había ido adquiriendo perfil propio una nueva clase social, la burguesía, que, capitalizada a través del comercio de los productos que ella misma fabricaba en los talleres, aspiraba a cambiar el orden imperante. Diversos factores ayudaron a que, en los siglos XVII y XVIII, a la luz de las ideas de los enciclopedistas, algunos monarcas, como Luis XIV de Francia, ensayasen una vía intermedia entre los nobles terratenientes y los sectores burgueses. Sin embargo, la centralización del poder en la figura del "monarca ilustrado" no fue suficiente como para saldar las históricas diferencias. En definitiva, la nobleza seguía siendo un peso demasiado grave, incluso para el mismo Rey Sol y sus sucesores. Cuando rodaron las cabezas de Luis XVI y María Antonieta, las otras casas reales de Europa, en especial las de Austria, Prusia y Rusia, entendieron que sus propias testas coronadas corrían serio peligro. El espíritu de la toma de la Bastilla -Libertad, Igualdad, Fraternidad- amenazaba con propagarse no solo por Europa sino también por América, donde la independencia de Estados Unidos y los movimientos emancipatorios hablaban de un mundo nuevo, regido por la democracia política y la justicia social. La alianza de las monarquías absolutistas contra la revolución francesa fue total. Con su prestigio militar y político, Napoleón se perfiló como un salvador, y su aureola "libertaria" fue saludada por los sectores democráticos de toda Europa. Tras su derrota, la Europa diseñada en el Congreso de Viena por las potencias vencedoras inició casi medio siglo de restauración reaccionaria. La primera medida fue que los Borbones volviesen a sentarse en el trono de Francia. De este modo, la Santa Alianza, constituida por los ejércitos de las monarquías, veló por perpetuar a sangre y fuego el Antiguo Régimen.


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